Netanyahu marca el paso a Trump en una guerra contra Irán sin garantías de que acabe con la caída del régimen

Juan Antonio Sanz
Juan Antonio Sanz

Por Juan Antonio Sanz

Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.

La muerte de Jameneí no implica el fin del régimen islámico, pero obliga a Irán a llenar rápido ese vacío y refuerza el peso de Israel en Oriente Medio y su influjo sobre EEUU

Estados Unidos e Israel han jurado cambiar el régimen islámico que gobierna Irán desde 1979, pero, aunque han asesinado a su líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, aún están muy lejos de sacar a los clérigos chiíes del poderLa muerte de Jameneí ha sido la guinda de un pastel que israelíes y estadounidenses venían cocinando desde fines de 2025.

Una mujer con una foto de Jameneí en Teherán este domingo.
Una mujer con una foto de Jameneí en Teherán este domingo.

Ahora quien se frota las manos por lo ocurrido es el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que, con la iniciativa en el ataque a Irán, ha arrastrado al presidente Donald Trump a una guerra que puede empantanar la política exterior de Estados Unidos y convertir Oriente Medio en un avispero para los próximos años.

Estrecho de Ormuz.
Estrecho de Ormuz.

En la agenda de Trump siempre ha sido prioritario conseguir la supremacía económica de EEUU en el mundo. Al igual que hizo con el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro y la toma del control de la producción de petróleo de Venezuela, la posibilidad de hacer lo mismo con Irán, uno de los grandes exportadores del Golfo Pérsico, impulsa esa estrategia en Oriente Medio.

Donald Trump en discurso del anuncio del ataque sobre Irán el pasado sábado.
Donald Trump en discurso del anuncio del ataque sobre Irán el pasado sábado.

Pero los casos venezolano e iraní son muy diferentes y ni siquiera el seísmo interno provocado con la muerte de Jameneí asegura la salida de Teherán del tablero de juego energético mundial y menos aún el control del flujo petrolero iraní por EEUU. Salvo que la actual guerra aérea lanzada a iniciativa israelí derive en una conquista total de Irán, que ni Washington ni Tel Aviv pueden acometer en estos momentos, menos aún si no ponen tropas sobre el terreno y se arriesgan a tener miles de muertos en sus filas.

Quizá por eso, Trump parece ahora dispuesto a hablar con los iraníes, una vez que su ego quedó satisfecho tras abatir a la pieza mayor de este gran juego, el ayatolá Jameneí.

Siguen los ataques, pero ahora liderados por Israel      

De momento, la estrategia de los dos países agresores sigue basada en los ataques aéreos, especialmente dirigidos contra militares, clérigos prominentes y miembros de las fuerzas de seguridad iraníes, aunque de paso arrasen escuelas y maten a decenas de niñas, como ocurrió en el sur de Irán el sábado. Este domingo continuaron los bombardeos, liderados esta vez por aviones de combate israelíes que sobrevolaron Teherán y atacaron sus objetivos en la propia capital iraní y las principales ciudades del país. 

Netanyahu avisó este domingo de que los ataques de las fuerzas armadas israelíes se intensificarán. Según el ejército israelí, sus bombardeos han destruido ya la mitad de las lanzaderas de misiles balísticos iraníes, cerca de dos centenares, y las fábricas donde se manufacturan 1.500 de esos misiles o partes y componentes de los mismos.

Irán responde y los saudíes arremeten contra su «agresión»

Y, sin embargo, por primera vez, las acciones israelíes están siendo respondidas con contundencia por el ejército iraní, a pesar de que su arsenal y capacidad bélica sean inferiores. Las lanzaderas aún en funcionamiento siguieron disparando sus proyectiles contra Israel, cuyos supuestamente infranqueables sistemas antiaéreos fueron sobrepasados, con el trágico resultado de una decena de muertos en las cercanías de Jerusalén. También contra las bases estadounidenses en Oriente Medio, que algunos de los países árabes que las albergan interpretaron como una agresión iraní contra su territorio.

Explosión en Tel Aviv por un presunto ataque iraní en la madrugada del domingo.
Explosión en Tel Aviv por un presunto ataque iraní en la madrugada del domingo.

Estos ataques podrían aislar si cabe más al régimen islámico de sus vecinos del Golfo Pérsico, para regocijo de Israel y de Arabia Saudí, rival de Irán en Oriente Medio y cuyo pacto de amistad logrado con Teherán en marzo de 2023 por mediación china se ha venido también abajo. En esta guerra, Riad condenó “la brutal agresión” iraní contra las bases estadounidenses en los países vecinos, pero no tuvo una sola palabra de crítica para EEUU o Israel.

La apuesta belicista de Trump, quien a su llegada al poder dijo que acabaría con todas las guerras, revoca en concreto las promesas que hizo en el viaje que hizo en mayo a Oriente Medio, de que no trataría de cambiar los gobiernos de la región y abriría una nueva era de concordia en la zona. En realidad se refería al fortalecimiento del papel de Israel, al que ha bendecido en su ocupación de Gaza y sus ataques al Líbano y Siria, y de Arabia Saudí, el otro gran aliado de EEUU en Oriente Medio, beneficiado por el desgaste iraní.

Ya en aquella visita de Trump de mayo, estadounidenses y saudíes firmaron una alianza en materia de defensa valorada en 142.000 millones de dólares que ahora, con los ataques a Irán, adquieren un especial significado. Si en algún momento hubiera una ofensiva terrestre contra Irán, los aliados saudíes de Washington tendrían un rol fundamental.

Supeditación de EEUU a Israel      

Nueve meses después de esa gira, la aportación que ha hecho Trump en esta sensible zona del planeta se puede resumir en pocas palabras: guerra y apoyo sin fisuras a Israel, la potencia regional empeñada en desestabilizar a quienes considera sus enemigos o rivales, es decir, a todo el mundo. Por eso no es extraño que el artífice de esta última ofensiva contra Irán sea Netanyahu. El “carnicero de Gaza” aparece detrás del golpe de timón propinado por Trump a su política exterior, que cada día se asemeja más a la uno de sus antecesores en la Casa Blanca, George W. Bush, el desencadenante de la invasión de Irak.

Manifestantes en contra de la guerra de Irak, a 18 de enero de 2003, en Washington.
Manifestantes en contra de la guerra de Irak, a 18 de enero de 2003, en Washington.

E igual que entonces se mintió desde la Casa Blanca sobre las supuestas armas de destrucción masiva acumuladas por el régimen de Sadam Huseín, ahora se ha utilizado el pretexto del programa nuclear iraní, a pesar de que ni Washington ni Tel Aviv tienen prueba alguna de que Teherán esté cerca de desarrollar armas atómicas.

Y como en las últimas conversaciones mantenidas en Ginebra esta semana entre iraníes y estadounidenses aquellos se mostraron predispuestos a dar más seguridades sobre el carácter pacífico de ese programa nuclear, inmediatamente Netanyahu convenció a Trump de otro supuesto peligro, el de los misiles balísticos de Irán, a fin de justificar un ataque a gran escala.

Tal y como señaló en declaraciones a la cadena Al Jazeera el investigador Negar Mortazavi, del Centro de Política Internacional de Washington, “esta es otra guerra israelí que Estados Unidos está lanzando. Israel ha presionado durante dos décadas a EEUU para que ataque a Irán y finalmente lo ha logrado”.

Un mural contra EEUU en un edificio en Teherán, Irán.
Un mural contra EEUU en un edificio en Teherán, Irán.

La guerra de los “doce días” de junio de 2025 también fue comenzada por Israel sin provocación alguna por parte de Irán y justo en medio de conversaciones entre Teherán y Washington. El día 22 de ese mes, Trump cumplió con Israel y bombardeó también Irán.

El boicot a las negociaciones es una reiterada habilidad de Netanyahu, como hizo una y otra vez con Hamás para impedir una tregua en Gaza. “La agenda de Netanyahu siempre ha sido evitar una solución diplomática, temiendo que Trump realmente se tomara en serio la idea de llegar a un acuerdo”, explicó también a Al Jazeera el presidente del Consejo Nacional Iraní-Americano, Jamal Abdi.

Según este experto, “el inicio de la actual guerra en medio de las negociaciones [dos días antes se habían reunido estadounidenses e iraníes en Ginebra sobre el programa nuclear y parecían a punto de lograr un acuerdo] es un éxito para él [para Netanyahu], al igual que lo fue en junio pasado”.

El Super Hornet de la Fuerza Aérea de EE. UU. despega de un portaaviones como parte de la misión contra Irán.
El Super Hornet de la Fuerza Aérea de EE. UU. despega de un portaaviones como parte de la misión contra Irán.

Lo que quiere Israel es la obliteración del régimen teocrático que gobierna Irán desde la revolución islámica de 1979, una apuesta que finalmente ha hecho suya también Trump, de ahí que el objetivo prioritario de la operación lanzada el sábado por ambos países fuera la decapitación de la cúpula de poder iraní, con el asesinato de su líder supremo y de las principales figuras de su círculo de poder, parientes incluidos.

El ejército israelí se ha atribuido el magnicidio de Jameneí y la muerte de otros cuarenta altos dirigentes iraníes, entre ellos el ministro de Defensa, el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria (el núcleo duro del ejército de Irán) y el secretario del Consejo de Defensa. Según dijo Trump este domingo en declaraciones a Fox News, hasta ahora han muerto 48 altos cargos iraníes.

Fallos de la inteligencia iraní  

Los datos suministrados por la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (la CIA) al Pentágono y a la cúpula de mando israelí fueron fundamentales para localizar a Jameneí y sus pretorianos, y asestar así el golpe mortal a plena luz del día.  La infiltración de los servicios de seguridad iraníes por agentes de inteligencia israelíes y estadounidenses no es nueva y posiblemente en los próximos días se produzca otro terremoto en el ejército y esos servicios secretos.

Los graves fallos en la seguridad iraní han sido aprovechados una y otra vez por el espionaje israelí y eso le ha permitido asesinar a algunos de los principales líderes de las milicias proiraníes, como las de Hezbolá, en el Líbano, o de Hamás, en Gaza, perpetrados en Damasco, Beirut o cualquier otra capital de la región. La caída del régimen islámico en Teherán o cuanto menos su pérdida de credibilidad e influencia en Oriente Medio son claves para Israel, que de esta forma puede acometer sin riesgo alguno su objetivo prioritario, esto es, eliminar la presencia palestina del territorio que quiere anexionarse, más tarde o más temprano, en Gaza y Cisjordania.

La caída del régimen iraní, no tan cerca      

EEUU e Israel han tenido éxito en este plan para acabar con el líder supremo de Irán, pero de ahí a constatar que tal magnicidio es el principio del fin del régimen iraní hay mucho trecho, a pesar de la inestabilidad creciente en la población. Una situación insostenible, agravada la persecución de la disidencia, con represiones cada vez más sangrientas, como la ocurrida en enero que dejó miles de muertos, y con una economía colapsada y amplios sectores de la sociedad iraní empujados a la pobreza.

Comerciantes iraníes protestan contra la situación económica en Teherán, Irán.
Comerciantes iraníes protestan contra la situación económica en Teherán, Irán.

La oposición interna en Irán está desorganizada y no tiene apenas apoyo del exterior, como se demostró en las manifestaciones de enero. Y eso lo saben bien los responsables del régimen islámico. Pero también saben que, bajo un ataque que puede prolongarse durante semanas o incluso devenir en algo peor, no puede haber un vacío de poder y juega a su favor cierta cohesión de la población ante el enemigo exterior.

Por eso, inmediatamente, tras la muerte de Alí Jameneí, se conformó un Consejo de dirección del país integrado por el presidente iraní, Masud Pezeshkian, junto con el jefe del poder judicial, Golam Hosein Mohseni Ejei, así como un jurista representante del poder religioso más duro, el ayatolá Alireza Arafi.

Entretanto, y mientras está en vigor este periodo de transición, la llamada Asamblea de Expertos, formada por 88 clérigos chiíes, designará al nuevo líder supremo, elegido entre los ayatolás más leales al régimen. Entre los posibles candidatos figura el hijo del fenecido líder supremo, Mojtaba Jameneí, un clérigo de 56 años que cuenta con el respaldo de la Guardia Revolucionaria de Irán, ese cuerpo todopoderoso paralelo al ejército que ganó tanta fuerza con el líder supremo asesinado.

Precisamente, son los guardianes de la Revolución, los famosos pasdarán, y su influencia militar, política y económica por todo el país los que hacen muy complicada la aparición de una resistencia civil capaz de dar una esperanza de cambio real en estos momentos tan complicados para Irán.

Además, y como señaló el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, todos los escenarios estaban previstos. También la muerte de Jameneí. Se producirá su relevo y se hará frente a la agresión de EEUU e Israel. No hay, pues, mucho sitio para la disidencia. De momento, el nuevo Irán deberá esperar salvo una imprevista hecatombe.

Fuente: Público

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