Violencia y sexismo frutícola: cuando el patriarcado y la IA difunden «ideología rancia con colorines»

María Martínez Collado
María Martínez Collado

Por María Martínez Collado

Redactora en ‘Público especializada en feminismos, violencias machistas, disidencias sexuales e infancias. Graduada en Ciencias Políticas con especialización en Estudios de Género.

Una serie de vídeos, los ‘Frutistorys’, se han viralizado en TikTok e Instagram. Se trata de historias que, disfrazadas de culebrones, esconden las viejas dinámicas de las relaciones tóxicas y violentas de siempre. Para Silvia Cosio estos pequeños vídeos hechos con IA «no son capaces de salirse de la narrativa incel, donde todos son tipos misóginos y las mujeres unas manipuladoras»

Montaje a partir de diferentes capturas de pantalla de las 'Frutistorys'.
Montaje a partir de diferentes capturas de pantalla de las ‘Frutistorys’.

Esta es la historia de una pareja de melocotones. Ella acaba de dar a luz una banana y él sospecha que no es el padre de la frutilla recién nacida: «Deja de decir que es mi hijo, no tiene nada mío el bastardo». Otra vez «desconfiando de mí», dice ella. Entonces el melocotón macho llega a la conclusión de que solo le queda matarse a flexiones y dominadas en el gimnasio para paliar su infelicidad. «Tengo que mejorar», se dice el proto-gymbro. 

Entre mancuerna y mancuerna, melocotón conoce a una fresita con un cuerpo perfectamente tonificado que le invita con un beso a verse en los aseos del centro deportivo. Su pareja melocotona sospecha entre lágrimas, ira y frustración el engaño, y se lo echa en cara un día al regresar a casa, donde ella por supuesto le aguarda mientras cuida de bananita. «Siento que tienes a otra», «¿dónde estabas Mateo, otra vez mintiendo?». A lo que él responde tachándola de dramática.

La discusión se zanja con lo que se supone que es una confesión de infidelidad por ambas partes. Él, airado, tira un marco con una foto por la ventana de la habitación del bebé banana y, cuando consigue calmarse después de «haber perdido los papeles», les comunica a melocotona y a su hijo que ha decidido «no botar esos diez años de su vida». Es decir, que se queda junto a ellos. A cambio, melocotona, llorando, le da las gracias y promete ser «la mejor mujer»: «Voy a cocinarte, plancharte y atenderte en todo, familia feliz».

Captura de pantalla del vídeo de chica limón y banana negra.
Captura de pantalla del vídeo de chica limón y banana negra

Y esta no es la única Frutistory. Hay una serie de vídeos, llamadas Frutistorys, que se han viralizado en las últimas semanas en TikTok e Instagram. Se trata de historias que, disfrazadas de culebrones, esconden las viejas dinámicas de las relaciones tóxicas y violentas de siempre. Está el triángulo amoroso entre chica naranja, banana negra y chica limón. Es todo un culebrón: ambas se quedan embarazadas de banana negra, siendo ellas amigas del alma, porque él engaña a naranja. Luego resulta que chica limón pertenece a una familia históricamente enfrentada con las bananas negras. Y se inicia una espiral de desquicie importante, con insinuaciones racistas incluidas. 

Pero hay frutinovelas todavía más explícitas, como la que trata sobre la relación de violencia entre fresa y pimentón. «¿Quién te crees que eres para subir esa foto en bikini a tu Instagram? Respétame», le grita él a ella. Fresa llora mientras se mira en el espejo el ojo morado e hinchado que se le ha quedado después de que pimentón le pegara un bofetón, colerizado tras ver la imagen de su pareja con unas amigas en la playa: «No puedo salir así, la gente va a notar lo que me hiciste en el ojo». Él continúa amenazando: «Cómprate el maquillaje más caro y tápate eso. Si no estás lista a las 20.00 horas te va a ir peor». Salen a cenar juntos a un restaurante, donde da la casualidad que fresa reconoce a un camarero, un viejo amigo a quien lleva mucho tiempo sin ver. Se saludan y las represalias no tardan en llegar. 

Pimentón agarra del brazo a fresa y le grita que le da «asco». Ella cada vez está más asustada. «Cállate. Al llegar a casa vamos a arreglar esto de una vez por todas», grita él levantándole el puño. «Vas a aprender a respetarme», continúa, visiblemente agresivo. Es la primera historia de lo que en TikTok venden como una «triste historia de amor». Y así, de presunto drama en presunto drama, la violencia asoma.

A Silvia Cosio, licenciada en Filosofía y creadora del podcast Punto Ciego, le resulta «desesperante y bastante enervante» que estos pequeños vídeos hechos con IA que se están viralizando «no sean capaces de salirse de la narrativa incel, donde todos son tipos misóginos y las mujeres unas manipuladoras. Es vender ideología rancia con colorines». «Los cuerpos, que con esas cabezas son siniestros, copian la estética Kardashian, en el caso de ellas, y el perfil gymbro, para ellos», describe. La cuestión es que enganchan, aunque representen «las creencias más rancias sobre el sexo, afectividad y la pareja, los roles tradicionales o chistes que solo harían sentirse orgulloso a Torrente», como apunta Cosio.

Silvia Cosio.
Silvia Cosio.

¿Es que ya no rechina todo esto? ¿No parece un poco como del siglo pasado? Norma Ageitos, sexóloga especializada en igualdad y profesora en la Escuela Sexológica, considera que aunque en los últimos años ha aparecido una suerte de «boom supuestamente novedoso sobre la sexualidad y las relaciones», este movimiento parece haber llegado para «vendernos valores bastante tradicionales y cuestiones como el control o el enfado, cuando alguien no hace lo que queremos, como algo normal o incluso como amor».

La Inteligencia Artificial no es feminista.
La Inteligencia Artificial no es feminista.

Pensando sobre las escenas de las frutas infieles, a Ageitos se le vienen a la cabeza otros fenómenos como las 50 sombras de Grey. «Parece que cada x tiempo hay un fenómenos así», aparentemente disruptor. Sin embargo, «no hay ningún artefacto cultural o elemento cultural que haya cuestionado estos valores, sino todo lo contrario. Son el pistoletazo de salida para la proliferación de historias del amor romántico que intentamos desde hace mucho tiempo desmontar, criticar y revisar», insiste la sexóloga.

No deja de ser curioso cómo todos estos best sellers o tendencias de gran consumo «nos cuelan una infinidad de valores arcaicos que no funcionan para nada con la sociedad actual. Valores bastante dañinos para la construcción de relaciones que se nos venden como un entretenimiento o como humor».

Captura de pantalla del vídeo de pimentón y fresa.
Captura de pantalla del vídeo de pimentón y fresa.

Además, cuando ya llevas vistos como dos o tres, te atrapan. Encandilan. Y lo hacen, a juicio de Paco Tomás -escritor y director de Wisteria Lane en RTVE- «porque hay una estrategia elaborada para que sea así». Tomás analiza este fenómeno en el marco de la «ola neoconservadora» que «hay en el mundo», donde lo que se lleva es recuperar modelos de relaciones, masculinidad y feminidad que «es el mismo que ya existía antes de los años 70 y antes de todos los movimientos de liberación, no solo feministas, sino también LGTBIQ+». 

Todas entendemos de qué hablan estas historias de frutas en los tres primeros segundos, afirma el escritor. Se trata de cosas más bien poco originales como poner a competir a unas mujeres con otras por la atención de un señor del frutero, representarles a ellas hipersexualizadas y a ellos hipermusculados. Eso sí, son ellas las que se ponen tetas, culo, de todo. Como dice Tomás, ellas tienen que estar guapas, buenas, deseables. Son estereotipos andantes y un caldo de cultivo muy suculento para normalizar las violencias del heteropatriarcado.

«No es inocuo. A veces cometemos el error de pensar que solamente son entretenimiento, que lo son, son entretenimiento, pero tienen un mensaje. Hay un subtexto. Y a veces incluso hay una especie de superioridad, de clasismo intelectual que nos hace creer a algunas personas que nosotros estamos entendiendo, viendo el subtexto que hay, pero también nos enganchamos y nos reímos. Sucede con formatos como La isla de las tentaciones. Consumimos estas cosas creyendo que nosotras entendemos el código», reflexiona Paco Tomás. ¿Pero es tal esa impermeabilidad?

Norma Ageitos llama la atención sobre la capacidad que tienen este tipo de programas y ficciones para hacer que las espectadoras y espectadores se distancien, e «incluso lleguen a deshumanizar las situaciones que observan» y «desvincularlas de lo que supondrían emocionalmente». Todo ello con ese riesgo «de creernos que no nos está afectando a nuestra cosmovisión» o que esa banalización y humoristificación «de situaciones que en la vida real no nos harían tanta gracia» no «interfiere en nuestra escala de valores».

Cabe preguntarse, siguiendo a la sexóloga, «si en algún momento veremos la moda de la normalización del buen trato o de la humoristificación del buen trato en lugar de estas historias que se conocen por lo intenso, el menosprecio, por actitudes que alcanzan la violencia incluso».

Si de las Frutistorys depende, no parece que la abolición de la familia esté cerca. Tampoco se puede diagnosticar el fin de la monogamia o el sexismo. «No es nada que no llevemos viendo desde los tiempos de Mujeres y hombres y viceversa«, como recuerda Silvia Cosio. La novedad «es el uso de la IA» retomando añejas costumbres de Fernando Esteso y Andrés Pajares. Es, en definitiva, «la misma turra».


Fuente: Público

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