La sublime idiotez del supremacismo moribundo

Franco“Bifo” Berardi
Franco“Bifo” Berardi

Por Franco“Bifo” Berardi

Escritor y filósofo italiano. Activista de la izquierda.

El declive de una utopía fría: demencia senil y terminación asistida por autómatas inteligentes

Istubalz, 2020.
Istubalz, 2020.

En 1996, John Perry Barlow proclamó la Declaración de Independencia del Ciberespacio .

Fue una muestra de audacia libertaria contra los estados-nación en nombre de una universalidad superior del conocimiento. Pero también fue una muestra de arrogancia neoliberal.

La globalización del mercado y del conocimiento trajo consigo promesas emocionantes, pero también engendró un huevo envenenado que está eclosionando hoy: la guerra de todos contra todos.

En aquella época de ciberoptimismo le gritamos al gobierno: nosotros creamos el espacio de la red global y no los queremos en nuestro territorio.

En esa década, la clase virtual, heredera de la ciencia del siglo XX y en cierto modo heredera de la energía libertaria del movimiento global de 1968, se proyectó en escena como un ente joven capaz de producir innovaciones útiles para la sociedad en su conjunto.

«Gobiernos del mundo industrial, vosotros, cansados ​​gigantes de carne y acero, vengo del ciberespacio, el nuevo hogar de la mente. En nombre del futuro, os pido, a vosotros, los del pasado, que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No tenéis soberanía donde nos reunimos.»

https://www.eff.org/cyberspace-independence

Treinta años después, nos vemos obligados a leer el manifiesto de veintidós puntos de la Tecnorrepública, una idiotez sublime escrita por los deprimentes Alex Karp y Nicholas Zamiska: nacionalismo blanco, supremacismo agresivo, culto al poder destructivo de la tecnología. Promesas de guerra.

Alex Karp, CEO de Palantir, en la imagen.
Alex Karp, CEO de Palantir, en la imagen.

La pretensión de superioridad racial blanca es patética, pero también terriblemente peligrosa, porque se atribuye el derecho a exterminar a los subhumanos y reconoce la necesidad de someter el Conocimiento a la Nación y de entregar la decisión sobre la guerra nuclear a nuestro único hijo que no sufre de psicosis depresiva: el Autómata Inteligente.

Istubalz, 2020.
Istubalz, 2020.

Detrás de la arrogancia supremacista vislumbramos la decrepitud del cuerpo blanco congelado en el hielo de las matemáticas, y la desesperación senil de una civilización que ya no es capaz de gobernar el caos producido por la aceleración del hiperliberalismo y la proliferación incontrolada de armas de destrucción masiva.

Fuente: IL DISERTORI

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