
Por Theia Chatelle
Periodista.
La presencia de colonos más allá de la frontera es cada vez más frecuente. Las FDI respaldan estas incursiones ilegales al menos desde 1974
El periodista sirio Oudai Efnikher conoce muy bien la vida bajo la ocupación israelí. Nació en Kafer Hareb, un pueblo de los Altos del Golán, en Siria, del que él y su familia fueron expulsados después de que Israel se apoderara del territorio durante la Guerra de los Seis Días de 1967.
Ahora se enfrenta de nuevo a las fuerzas israelíes, que “nos quitan la tierra, destruyen nuestros cultivos y secuestran a nuestros padres”. “Esta es una ocupación lenta, pero pronto perderemos lo que aún no nos han quitado”.
Cuando Bashar al-Assad fue derrocado por los rebeldes sirios en diciembre de 2024, las fuerzas israelíes no perdieron tiempo en lanzar una campaña de bombardeos aéreos masivos sobre el país, destruyendo casi el 80 % de la capacidad militar que había dejado atrás el régimen de al-Assad.

Las fuerzas israelíes también entraron en la zona de amortiguación desmilitarizada establecida por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU en 1974, entre los Altos del Golán ocupados por Israel y el resto de Siria. Se apoderaron del territorio y luego establecieron una “zona de seguridad” más allá de la última línea de demarcación administrada por la ONU.

La zona, que ahora se encuentra bajo control militar israelí, está prohibida para los civiles sirios y las fuerzas gubernamentales. Los agricultores no han podido cuidar sus tierras y los propietarios tienen pocas esperanzas de poder volver a acceder a ellas.

En total, Israel ocupa ahora 458 kilómetros cuadrados más de territorio sirio que antes de la caída de al-Assad. “Quizá Israel se lo quede todo. Ya tienen una zona de seguridad en el sur de Siria, así que esa podría ser, en última instancia, la mejor opción para Israel”, explica el analista político sirio Issam Khoury a Truthout.
Pero lo que más preocupa a Efnikher no es la presencia del ejército israelí en Siria, sino lo que se han convertido en incursiones habituales de los colonos. El 22 de abril, un grupo de unos 40 colonos afiliados al movimiento de extrema derecha Halutzei HaBashan, los Pioneros de Bashan en castellano –una referencia al nombre que aparece en la Torá para el fértil territorio situado al noreste del mar de Galilea, que según este libro sagrado fue gobernado en su día por el tirano rey Og antes de que Moisés lo derrotara–, entró en territorio sirio y pidió al Gobierno israelí que legalizara la presencia de los asentamientos allí.
Según Efnikher, que lleva trabajando en la vigilancia de la actividad de los colonos en territorio sirio desde la caída de al-Assad en diciembre de 2024, esta fue la quinta incursión de este tipo en Siria.
Los colonos se ven a sí mismos cumpliendo un mandato bíblico. Consideran que este territorio sirio forma parte de la antigua tierra de Israel. Aun así, el ejército israelí condenó la incursión, calificándola de “delito que pone en peligro a civiles y a las tropas de las FDI”. Dror Etkes, un veterano observador de los asentamientos israelíes que dirigió el proyecto Settlement Watch del grupo de defensa Peace Now y más tarde fundó Kerem Navot, una organización que rastrea las confiscaciones de tierras israelíes en Cisjordania, afirma que nada de esto es una sorpresa. “Ya nada me sorprende, no después de Gaza”, dice; “han pasado muchas cosas que no pensé que pasarían, así que creo que debo ser bastante cauteloso a la hora de predecir lo que sucederá en este país”.
Etkes vio cómo los colonos construían sus primeros asentamientos en Cisjordania en la década de 1960 y, más tarde, tras la Segunda Intifada, fue testigo del levantamiento de la barrera de separación. “Si me hubieras preguntado hace diez años, hace cinco, hace dos, por no hablar de hace 50, si medio millón de judíos vivirían en Cisjordania, si tendríamos 350, 360, 370 asentamientos en Cisjordania, por supuesto que nadie habría dicho que sí”, añade.
Según Etkes, así es como funciona el movimiento de colonización israelí: “Cambiando los hechos sobre el terreno” hasta que lo que antes era impensable se convierte en realidad. Y este, afirma, es el objetivo del movimiento de colonización, ya sea en Siria, Líbano, Gaza o Cisjordania.
Los Pioneros de Bashán no son la única organización de colonos que entra en zonas militares cerradas para presionar al Gobierno israelí a legalizar los asentamientos en territorio extranjero. En el sur del Líbano, un grupo llamado Uri Tzafon ha trabajado para crear un movimiento destinado a establecer puestos avanzados en territorio actualmente ocupado por el ejército israelí. El grupo ha enviado drones al territorio libanés, instando a los residentes a marcharse, y ha plantado árboles para consolidar su reivindicación sobre la tierra.
Lo mismo ocurrió en Gaza con el movimiento de extrema derecha Tzav 9, que en más de una ocasión desde el 7 de octubre de 2023 intentó entrar en el enclave y establecer puestos avanzados. Poco a poco, las fronteras de la imaginación israelí –al igual que las propias fronteras físicas del Estado– se están ampliando gracias al movimiento de colonización. En muchos casos, estas incursiones han tenido lugar con el respaldo implícito del ejército israelí.
Según Etkes y Efnikher, habría sido imposible que los colonos entraran en territorio sirio sin al menos la aprobación tácita de las fuerzas israelíes. Hay cientos de kilómetros de vallas que separan el Golán, controlado por Israel, del territorio sirio, reforzadas por cientos de miles de minas. Efnikher comenta que hay varias puertas en la valla que permiten al ejército israelí cruzar y adentrarse más allá de la zona de amortiguación desmilitarizada, que es como los Pioneros de Bashán pudieron entrar en territorio sirio.
Tras detener y escoltar a los colonos de vuelta al territorio controlado por Israel, el ejército israelí declaró que “el asentamiento en Bashán es esencial para preservar los logros de la guerra”.
El impulso a estos asentamientos forma parte del proyecto del Gran Israel, que busca expandir las fronteras del Estado sionista hasta lo que algunos colonos y nacionalistas religiosos afirman que eran los límites del antiguo reino israelita –una visión bíblica cuestionada por la arqueología convencional, que imagina un reino que se extiende desde el Éufrates hasta el Nilo, abarcando partes de la actual Arabia Saudí, Jordania, Irak y Egipto–.
Pero el ansia expansionista no se limita a la tierra. También tiene que ver con el agua. Efnikher pone el foco en la presa de Mantara, la mayor presa de la provincia siria de Quneitra. La presa controla el caudal de agua hacia el río Yarmouk, otra fuente de abastecimiento de agua fundamental para el sur de Siria. Antes de ser periodista, Efnikher era propietario de un restaurante con vistas a la presa. Lleva cerrado desde que las fuerzas israelíes ampliaron su ocupación del territorio, lo que supuso un duro golpe económico para él y su familia, aunque subrayó que su situación es mejor que la de la mayoría.
Las fuerzas israelíes han destruido miles de dunams [un dunam equivale a mil metros cuadrados] de tierras de cultivo con pesticidas durante la construcción de sus puestos avanzados y han establecido puestos de control –incluidos los aéreos– para regular el movimiento de los sirios cerca de la zona de amortiguación.
“El impacto psicológico es enorme, y recae con mayor dureza sobre los niños y los ancianos”, sostiene Efnikher. “Estamos hablando de pueblos desplazados desde 1967 y de familias que siguen afectadas a lo largo de generaciones, y que ahora viven otra ocupación más”.
Señala a Cisjordania como un territorio cuya situación sirve como ejemplo de aquello en lo que pronto podría convertirse la provincia de Quneitra. Israel lleva tanto tiempo controlando Cisjordania que muchos palestinos e israelíes del territorio, más de un tercio de los cuales son niños, no recuerdan una época en la que no hubiera puestos avanzados ni asentamientos israelíes. Ahora, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, hay más de 279 asentamientos ilegales y 700.000 colonos viviendo en Cisjordania.
Los objetivos del movimiento de los asentamientos varían, pero a la vanguardia se encuentran aquellos que consideran su misión personal restaurar la soberanía judía sobre la tierra que reclaman como Gran Israel, aunque haya que pagarlo con sangre.
“Han pasado casi 58 años desde que se inició este proyecto. Y todo comenzó, en realidad, de forma ilegal o semilegal, sin autorización oficial. Este es un modelo que [ellos] están tratando de copiar y pegar en Siria y en el Líbano.

Son las mismas personas, procedentes de los mismos lugares, de los mismos invernaderos ideológicos”, dice Etkes.
Efnikher advierte de que las fuerzas israelíes están intensificando sus incursiones en la región de Quneitra: entran en las aldeas, realizan detenciones –según sus cálculos, más de 70 sirios de la provincia de Quneitra se encuentran actualmente recluidos en prisiones israelíes–, establecen puestos de control y luego se retiran. Pero teme que sea solo cuestión de tiempo que se queden. La presencia de los Pioneros de Bashan es una señal preocupante. “Están ganando”, afirma refiriéndose a las fuerzas israelíes. Incluso para Etkes, hay pocas esperanzas. “Fíjate en lo que han conseguido en los últimos 58 años en Cisjordania”, lamenta. “Tienen muy buenas razones para ser muy optimistas”.
Fuente: Ctxt

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