Un mundial de fútbol a la medida del trumpismo

Ricardo Uribarr
Ricardo Uribarr

Por Ricardo Uribarri

Periodista en CTXT.

Las severas políticas de acceso a EEUU, que han impedido la entrada de aficionados e integrantes de algunas selecciones, junto al alto precio de las entradas y el transporte, provocan rechazo hacia el campeonato

Jugadores de la selección de Senegal retenidos en la pista de aterrizaje en un control de seguridad a su llegada a Carolina del Norte (EEUU), el 9 de junio.
Jugadores de la selección de Senegal retenidos en la pista de aterrizaje en un control de seguridad a su llegada a Carolina del Norte (EEUU), el 9 de junio.

El Mundial de fútbol 2026 pasará a la historia por ser el primero en reunir a 48 selecciones; por tener un calendario que se alargará 39 días; y por celebrarse en tres países distintos: Estados Unidos, México y Canadá. Pero también lo hará por cuestiones más polémicas, como que uno de los anfitriones, Estados Unidos, esté en guerra con uno de los participantes, Irán. Y también será recordado como el más hostil para muchos aficionados, tanto los que estén en territorio estadounidense como los que quieran acceder a él para presenciar los partidos. No son pocos los motivos que justifican esa afirmación.

Imagínese por un momento que es usted un haitiano o un iraní al que le gustaría ir a Estados Unidos a animar a su equipo nacional. Olvídese. Le será imposible. ¿Por qué? Porque su país está dentro de un grupo de 19 naciones a las que la Administración Trump tiene vedada la entrada a sus ciudadanos. La consecuencia es algo sin precedentes en una Copa del Mundo: que seguidores de selecciones clasificadas tengan prohibido entrar al país organizador para asistir a los encuentros. La misma selección iraní tuvo que cambiar el lugar de concentración durante el campeonato, previsto inicialmente en Arizona, para irse a Tijuana, en México. Y solo podrá pisar suelo estadounidense el tiempo imprescindible para jugar sus partidos de la primera fase en Los Ángeles y Seattle.

Pero ahora suponga que procede de Costa de Marfil o Senegal. Su situación entonces mejora, pero muy ligeramente. Porque tendrá muy difícil conseguir un visado para entrar a Estados Unidos, ya que son dos de los 20 países a los que las autoridades norteamericanas han impuesto severas restricciones en la concesión de esos documentos. De hecho, la ministra de Deportes de Senegal ya anunció que su gobierno no va a organizar ningún viaje de aficionados ante el rechazo a las peticiones realizadas.

“Bien, pero yo no soy de ninguno de esos países”, podría rebatir. “No me encontraré entonces con dificultades para entrar a Estados Unidos”. Efectivamente tendrá más opciones, lo cual no es óbice para que no pueda tener algún problema más o menos importante a la hora de pasar los severos controles fronterizos. Tendrá que lograr el visto bueno de los agentes del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), que poseen la autoridad para interrogar a los pasajeros, realizar inspecciones adicionales y revisar su teléfono móvil y sus redes sociales antes de permitir o no su acceso al país. Un trámite ante el que se exponen no solo los aficionados, sino también los miembros de las delegaciones oficiales, algunas de las cuales, especialmente de aquellos países vistos con recelo por las autoridades estadounidenses, están siendo sometidos en los aeropuertos a controles excesivamente rigurosos. Una de las afectadas fue Uzbekistán, cuyo seleccionador, el exfutbolista Fabio Cannavaro, declaró que le dijeron que “así son las normas, pero al final el control de seguridad solo nos afectó a nosotros. Es muy extraño, pero sobre las razones de ese comportamiento hay que preguntarles a ellos”. 

Aymen Hussein, uno de los jugadores estrella del equipo nacional de Irak, fue retenido durante siete horas en el aeropuerto de Chicago antes de ser admitido. No tuvo tanta suerte el fotógrafo oficial de la expedición iraquí, al que se le denegó la entrada.

Lo mismo que le sucedió al árbitro senegalés Omar Abdulkadir Artan, nombrado el mejor de la Confederación Africana en 2025, cuyo caso ha levantado mucha polémica en los últimos días.

Omar Abdulkadir Artan.  El mejor árbitro africano es deportado de los Estados Unidos después de 11 horas detenido.
Omar Abdulkadir Artan. El mejor árbitro africano es deportado de los Estados Unidos después de 11 horas detenido.

Él debía ser el primer colegiado de su país en una Copa del Mundo, pero tras aterrizar en Miami fue sometido en el mismo aeropuerto a un interrogatorio de 11 horas y tras pasar por una celda de detención, se rechazó su entrada a Estados Unidos por “problemas en el proceso de verificación de antecedentes”.

Penalti y expulsión. Por El Koko.
Penalti y expulsión. Por El Koko.

Tuvo que coger un avión a Estambul.

Pensemos que ha conseguido superar esa criba y que ha podido entrar en Estados Unidos. Otra posibilidad es que usted ya viva en el país y esté interesado en acudir a algún partido. A no ser que tenga una economía saneada, le será imposible comprar alguna entrada debido a su alto precio, una de las cuestiones que más protestas ha generado en los últimos meses.  Esta edición va a superar cualquier baremo de precios conocido hasta ahora en este evento. 

Si comparamos con las últimas ediciones de los Mundiales, nos encontramos con que la entrada más cara en el de Rusia de 2018 costó 1.100 dólares y 1.600 dólares en el de Catar 2022. Para este campeonato de 2026, la FIFA estableció un precio inicial en la misma categoría de 8.680 dólares, una cantidad que, debido al sistema de precios dinámicos establecido por el organismo futbolístico, parecido al que utilizan las compañías aéreas y que fluctúa según la demanda, se ha ido encareciendo. Se calcula que, con este método, la FIFA ha incrementado un promedio de un 34% el precio de las entradas en 90 de los 104 partidos del torneo. La previsión que tiene el organismo es la de conseguir en este Mundial unos ingresos de 3.000 millones de dólares solo por la venta de entradas y paquetes VIP, que sería cuatro veces más que lo recaudado en Catar.

La entrada más barata en el primer momento fue de 140 dólares, pero tras las protestas recibidas, la FIFA decidió sacar un número muy reducido a 60 dólares y limitadas para ciertos partidos de la primera fase. Hay partidos de fase de grupos cuyas entradas cuestan más de mil dólares, pero si uno de los protagonistas es uno de los países anfitriones entonces la cifra asciende a los 2.735 dólares. En octavos de final el rango inicial iba entre los 105 y los 980; en cuartos, entre los 275 y los 1.775; en semifinales, entre los 420 y los 3.295; y en la final, la más barata empezaba en los 2.030 dólares. Todos estos precios son orientativos, ya que pueden cambiar según la venta que haya. Además, la FIFA tiene establecido un sistema propio de reventa, una posibilidad que la legislación estadounidense permite, en el que cobra un 15% adicional tanto al vendedor como al comprador. A esto hay que añadir que ha habido quejas de aficionados que han visto cómo después de comprar localidades de un sector determinado, han sido reubicados en zonas de inferior categoría a la que habían pagado.

Esta política de venta de entradas ha generado numerosas protestas de consumidores, provocando la intervención de los fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey, que han anunciado la apertura de una investigación a la FIFA bajo la acusación de inflar artificialmente los precios, engañar a los aficionados sobre la ubicación de sus localidades y modificar las categorías de las entradas dentro de los estadios. La fiscal general de Nueva Jersey, Jennifer Davenport, definió el proceso como un “calvario”, caracterizado por “la confusión, la escasez artificial y los precios desorbitados”. Por su parte, la fiscal de Nueva York, Letitia James, señaló que “nadie debería ser manipulado para pagar precios exorbitantes por las entradas, y los aficionados deberían poder confiar en que las entradas que compren serán las que reciban”. Los responsables judiciales han enviado una citación a la FIFA para que entregue documentos internos e información específica sobre la venta de entradas. En Europa, la asociación de aficionados Football Supporters Europe (FSE) se unió al grupo de consumidores Euroconsumers en la queja formal presentada ante la Comisión Europea “por abusar de su posición para imponer precios excesivos”.

Ante este panorama, hay que destacar acciones puntuales de autoridades públicas para facilitar el acceso a los aficionados menos pudientes. Es el caso del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que ha decidido destinar a los vecinos de la ciudad mil entradas de las asignadas al comité anfitrión conjunto de Nueva York y Nueva Jersey a un precio de 50 dólares. Se repartirán 150 por partido para siete de los ocho encuentros que acogerá el MetLife Stadium, quedando fuera únicamente la final, que se jugará en el recinto. Por otro lado, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, promovió un concurso para mujeres de 16 a 25 años en el que cuatro de las participantes han logrado entradas para partidos del Mundial. Una de esas localidades era la que le correspondía a la propia Sheinbaum para el partido inaugural del torneo, a la que ha renunciado, para que ocupe su lugar una joven indígena de 21 años, Yolett Cervantes, procedente de Tlaquilpa, en el estado de Veracruz.

Si usted ha sido capaz de entrar al país y dejarse una gran cantidad de dinero por una entrada, sepa que aún deberá afrontar el desplazamiento a los estadios, lo que tampoco será barato en algunas sedes. Si por ejemplo está en Nueva York y quiere acudir al recinto en tren o autobús, el recorrido de ida y vuelta le saldrá por 98 dólares. Y gracias, porque la idea original de la empresa que se encarga del transporte era la de establecer un precio de 150 dólares. Las protestas surgidas hicieron que la cifra se rebajara, aunque sigue siendo mucho más elevada que, por ejemplo, los 12,90 dólares que cuesta cuando se quiere ir a ver un partido de la NFL en cualquier otro momento del año. Tal vez prefiera ir en su vehículo. En ese caso, sepa que deberá preparar 200 dólares para pagar el aparcamiento. Boston es otra de las ciudades que ha multiplicado por cuatro el precio habitual del transporte. En cambio, en ciudades como Miami sí habrá transporte gratuito, mientras que en otras como Atlanta, Seattle o Houston se mantendrá el precio habitual.

Hasta hace poco tiempo se temía también que los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE) pudieran aprovechar la celebración de los partidos para llevar a cabo redadas en las inmediaciones de los estadios para localizar a personas migrantes sin documentos y proceder a su expulsión del país. Aunque funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional han asegurado que los agentes estarán presentes en las cercanías de los recintos “para apoyar la protección del evento”, no está previsto hacer verificaciones del estatus migratorio de los asistentes a los partidos. Sin embargo, asociaciones de defensores de inmigrantes se muestran escépticos al respecto.

Refiriéndose a estos inconvenientes relacionados con el Mundial, una leyenda del fútbol como Thierry Henry ha dicho que “la FIFA debería asegurarse de que el fútbol siga siendo la historia principal. La política ya tiene suficientes escenarios; el campo de fútbol no debería ser uno de ellos”. Pero el organismo y su máximo dirigente ya han dado sobradas muestras en los últimos tiempos de que de lo único que se aseguran es de lograr el máximo beneficio sin importarles otras consideraciones. “La edición más inclusiva en la que todos serían bienvenidos”, que proclamó Infantino hace unos meses, ha pasado a ser una de las más hostiles y excluyente para los aficionados.

Fuente: Ctxt

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