
Músico y periodista napolitano del diario Il Manifesto residente en Beirut y especializado en Oriente Medio.
Todos necesitamos símbolos. Mona Khalil lo ha sido siempre. Un símbolo para quienes sienten un vínculo con la tierra y el mar de donde todos procedemos. Un símbolo aún más poderoso en una tierra que ha sido maltratada y agraviada por quienes la han asolado desde dentro y desde fuera
En el año 2000, tras un encuentro que el año anterior le había cambiado la vida, con una tortuga marina que había desovado en la hermosa playa de al-Mansouri —un pueblo al sur de Tiro—, Mona Khalil decidió transformar la casa de su familia en el Proyecto Casa Naranja. Esta iniciativa de ecoturismo se centraba en la protección y conservación de las tortugas marinas y de un tramo de 1,5 kilómetros del litoral libanés.
«Empecé con una amiga. Éramos dos mujeres, solas. No sabía nada de tortugas. Escribí a la Asociación Mediterránea para la Salvaguardia de las Tortugas Marinas para pedir ayuda. Nos enviaron a un biólogo marino que nos enseñó todo. Estoy viviendo hoy mi sueño», declaró hace algún tiempo en una entrevista con la prensa local.
Mona Khalil murió el 19 de junio a los 77 años a causa de las heridas sufridas en los bombardeos israelíes del 4 de junio. Mona fue una de las personas que decidió quedarse, tal y como había hecho en 2006 durante la Guerra de Tammuz, cuando Israel invadió el sur del Líbano. También durante esta guerra optó por quedarse, en medio de una demoledora ocupación israelí que se está desarrollando con un grado de violencia nunca antes visto en el Líbano.

Mansouri se ubica dentro de la Línea Amarilla, una franja de diez kilómetros de ancho a lo largo de la frontera sur y sureste que Israel ha declarado «zona de amortiguación». Es esta un área que Israel ha ocupado y que está destruyendo sistemáticamente, siguiendo el modelo de Jan Yunis en Gaza, según ha declarado el propio gobierno israelí. Es una zona a la que quienes han huido jamás podrán regresar.
En el Líbano, Israel está cometiendo una serie de crímenes ambientales, tal y como documentan numerosos informes de organizaciones internacionales como Amnistía Internacional. Esto constituye un auténtico «ecocidio» y «urbicidio», tal y como destaca un informe reciente del Ministerio de Medio Ambiente libanés. Israel utiliza sistemáticamente fósforo blanco y glifosato en Líbano, arrasando zonas pobladas, campos, bosques y matorrales.
Han sido arrasadas por el fuego aproximadamente 5.000 hectáreas de bosque y campos de olivos centenarios, y cientos de especies animales se encuentran hoy en peligro. Más allá de las enormes pérdidas para la agricultura y los sectores anejos, el daño al ecosistema es extremadamente grave y a menudo irreparable, como ocurre con la contaminación de las aguas subterráneas. Este escenario otorga aún mayor relevancia a las decisiones y la vida de Mona Khalil, así como a su activa labor de defensa del medio ambiente.
«Se la recordará por su increíble legado. A pesar de todo, Mona decidió quedarse y cuidar de las tortugas de Live Love Tyre [una ONG medioambiental]. Su vida fue desinteresada y dejó una profunda huella. Que descanse en paz y que la labor que tanto le importaba continúe para las generaciones venideras», se puede leer en la página de Instagram de Live Love Tyre.
Mona Khalil fue un símbolo en vida y lo seguirá siendo. La oleada de dolor en Líbano es inmensa. Mona es el símbolo de quienes no abandonan —ni abandonarán— la tierra y el mar donde han vivido durante generaciones, durante milenios. Es el símbolo de quienes saben que la dedicación, la perseverancia y el cuidado son todo lo son todo lo que se necesita para que eclosionen los huevos que albergan el futuro.
Fuente: Sin Permiso

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