
Por Queralt Castillo Cerezuela
Periodista freelance. Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
Ya hay más de 4.000 personas contagiadas en la RDC. Los organismos nacionales e internacionales intentan contener la expansión del virus a contrarreloj

La epidemia de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) continúa avanzando a pesar de no ocupar portadas en los medios de comunicación. Se trata del peor brote de ébola registrado en el país y el de propagación más rápida del que se tiene constancia en el mundo.

A fecha de 8 de agosto, y según el Instituto Nacional de Salud Pública de la RDC agosto se habían registrado más de 4.000 casos y 1.960 fallecimientos a causa de este brote cuya cepa —Bundibugyo — aún no tiene vacuna.
La letalidad, según los organismos oficiales del país es del 45,6%. De las casi 2.000 muertes confirmadas por la enfermedad unas 300 son de menores En niños y niñas, la tasa de letalidad de la enfermedad es más del doble que la de los adultos.

Ya cuando se declaró de manera oficial, el 15 de mayo, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, aseguró que la situación empeoraría “antes de mejorar”. El contagio fue declarado, desde el primer momento, Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (PHEIC, por sus siglas en inglés). En aquel momento el director de la OMS se refirió al brote como “extremadamente grave y difícil”.
Una situación sin precedentes
Ante esta situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha vuelto a advertir sobre la peligrosidad de que la enfermedad —que empezó a circular en febrero pero se confirmó a mediados de mayo— se continúe expandiendo.

Preocupa en la OMS la velocidad de propagación y el alcance de la enfermedad, ya que también se han dado casos en la vecina Uganda, donde sí se ha conseguido controlar el brote.Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (CDC de África) y la OMS han pedido que se intensifique urgentemente la respuesta al brote. A mediados de mayo, la Unión Africana (UA) prometió destinar casi 429 millones de euros para reforzar las medidas de respuesta en la región afectada por este brote; pero lo cierto es que el recorte masivo de ayuda al desarrollo de los últimos años —una medida liderada por el presidente estadounidense Donald Trump— ha empobrecido aún más a una población ya muy golpeada por la pobreza y la guerra.

El país tiene que hacer frente a esta nueva epidemia en un contexto de ataques armados, violencia cruzada entre el ejército congoleño y los grupos rebeldes e importantes recortes en materia de ayuda humanitaria. Los desplazamientos forzados —desde principios de año 400.000 personas han sido desplazadas forzosamente en la región de Kivu (y en 2025, casi 7 millones de personas vivían como desplazadas internas en las provincias de Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur y Tanganyika)—, la violencia sexual contra mujeres y niñas como arma de guerra o la limitación de la movilidad forman parte del día a día de una población ya empobrecida, vulnerada y vulnerable. Una población, además, que vive en zonas donde también conviven otras enfermedades como la malaria o las afectaciones gastrointestinales.

Los organismos internacionales y facultativos locales también tienen puesto el ojo en otra vertiente igual de alarmante: la posible mutación del virus; una situación que podría empeorar drásticamente la situación, según la OMS, quien ha detectado que la mayoría de personas que fallecen del virus lo hacen en sus hogares, no en los hospitales. Eso indica que podría haber decenas de miles de casos no detectados y la cifra de contagios podría ser muy superior a la que se maneja. De ahí que los organismos competentes estén pensando en llevar a cabo modificaciones en los sistemas de rastreo y control de la transmisión y estén probando vacunas de otras cepas para con esta.
Otros servicios de salud afectados
La actual epidemia está teniendo también efectos catastróficos en otros ámbitos de la salud, como el acceso a la vacunación infantil o los partos en los centros médicos, que se han reducido un 13% en toda la provincia y hasta un 70% en algunos departamentos, como en Nizi. En la región de Ituri, epicentro del contagio y donde se concentran el 90% de los casos, “el uso de los servicios esenciales de salud cayó un 42%”, reportan desde UNICEF. El descenso en el uso de los centros sanitarios por parte de la población tiene que ver con el miedo al contagio y la interrupción de los servicios. En esta zona, según la organización, preocupa que “la vacunación infantil sistemática se haya reducido en más de la mitad”, ya que puede tener consecuencias fatales a medio y largo plazo.
Para intentar paliar la situación, los organismos médicos que intentan gestionar este brote están trabajando con agentes comunitarios y líderes locales en un intento de contener la epidemia dentro de las comunidades y minimizar el efecto dominó que se está produciendo en todo el sistema sanitario.
Fuente:El Salto

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