Racismo, colonización y exotización: mujeres blancas que eligen Gambia para vivir aventuras sexuales

Alicia Justo
Alicia Justo

Por Alicia Justo

Periodista española especializada en migraciones, derechos humanos y temáticas sociales.

Las difíciles condiciones de vida, las dinámicas de poder establecidas durante la esclavitud y la colonización y el desarrollo del turismo en el país han convertido a Gambia en un destino para europeos que buscan sexo durante sus vacaciones

Osman, nombre ficticio para mantener su privacidad, es un chico gambiano de 26 años que pasea varias veces cada semana por las playas de Gambia para intentar conocer mujeres europeas que viajan al país y que mantienen relaciones con jóvenes del país.

Playa en una de las zonas turísticas de Gambia.
Playa en una de las zonas turísticas de Gambia.

Este sistema del que forman parte algunos de ellos, conocidos como bumsters, está ampliamente normalizado en la zona turística de un país con tres millones de habitantes, con una tasa de pobreza del 53%, según el Banco Mundial y al que llegan al año miles de turistas, sobre todo de Europa. “La gente local solo puede ganar dinero representando el estereotipo”, matiza Jacqueline Sánchez Taylor, profesora asociada de Sociología de la Universidad Royal Holloway de Londres.

Jacqueline Sánchez Taylor
Jacqueline Sánchez Taylor

“Me han dicho que quieren estar conmigo por mi piel”, confiesa Osman. Comenzó a realizar esta práctica en 2019, cuando tenía 20 años. Cuenta que a veces mientras pasea se acerca a alguna turista, mientras que en otras ocasiones son ellas las que se fijan en él. También se contactan por las redes sociales, como Instagram, Facebook o Twitter, antes de que ellas pisen Gambia. Una vez que han mantenido un primer contacto, suelen salir a lugares que de normal él no podría pagar y en los cuales la mujer sufraga todos los gastos.

Algunas veces también le entregan una cantidad de dinero cuando regresa a su casa. Apunta que a lo largo del año pasado una mujer de Italia, una de Polonia y dos de Alemania mantuvieron una relación con él durante sus vacaciones en el país. “Este tipo de interacciones también se asocian con percepciones racistas que califican a los participantes locales como exóticos, eróticos e hipersexuales. Estas son ideas asociadas con el colonialismo”, revela Amalia L. Cabezas, profesora emérita de medios y cultura de la Universidad de California.

Amalia L. Cabezas
Amalia L. Cabezas

“Destinos como Gambia prometen un clima agradable, alojamiento relativamente económico y lo que el marketing ha presentado como habitantes amables y sumisos. Los turistas buscan una escapada de la monotonía, de la soledad, el estrés y las presiones de su vida cotidiana. Algunos también, persiguen placeres más sensuales: comen y beben más, duermen más o menos de lo habitual y modifican sus expectativas y hábitos sexuales para incluir aventuras eróticas”, resume la profesora.

La zona donde se encuentra una gran parte de la infraestructura hotelera del país, Senegambia, es reflejo de esa dinámica: grandes hoteles y playas kilométricas en las que es habitual ver a mujeres europeas recostadas en hamacas, de paseo o abrazadas a chicos jóvenes del país, mientras disfrutan de zumos naturales por dos euros y de pescado fresco a la brasa a precios bajos comparados con Europa. También participan de esta dinámica hombres europeos que viajan para mantener relaciones con chicas jóvenes gambianas.

“Las condiciones de vida aquí son difíciles”, comenta Osman. De hecho, durante el mes de junio de este año, la población estuvo semanas sin electricidad y comenzaron a tener problemas de abastecimiento de agua. Por eso, aclara que si tuviera mejores condiciones económicas, no participaría de este sistemay que solo iría a la playa a disfrutar con sus amigos. Trabaja como electricista de manera informal y su madre falleció hace pocos años. Según relata, su padres y hermanos saben de su situación y no se oponen.

En muchas ocasiones, señala que la relación no acaba cuando la turista regresa a su país de residencia y si él necesita ayuda con ciertos gastos, ella le envía dinero por Western Union. “Conozco a una mujer en Alemania que me ayuda mucho. Por ejemplo, ayer tuve que ir al hospital y ella me ayudó a comprar medicina”, cuenta. Para Amalia L. Cabezas este tipo de turismo hunde sus raíces en las relaciones de poder creadas durante el colonialismo: “Para las poblaciones locales, las oportunidades de movilidad social y económica son prácticamente inexistentes”, añade.

Gambia, que fue colonia británica hasta 1965, recibió en 2022 más de 180.000 turistas, según la web oficial de turismo del país, Visit the Gambia. Aunque vienen de diversas partes de Europa, la mayoría procede de la antigua metrópoli, desde donde se puede viajar al país durante una semana por poco más de 1.700€ con todo incluido, tal y como se puede observar en la web del turoperador TUI. Amalia Cabezas revela que el turismo sexual que involucra a mujeres y hombres más jóvenes, se empezó a documentar desde 1930 en Hawai, Italia y Grecia, mientras que en África, este fenómeno comenzó en la década de 1980. “Los especialistas vinculan estas relaciones con el desempleo estructural, las aspiraciones migratorias y las desigualdades globales”, enumera.

Para Osman las difíciles condiciones económicas vienen aparejadas a la imposibilidad de viajar fuera del continente para mejorar sus condiciones de vida. De hecho, ya lo intentó en 2024. Cogió un cayuco con destino a Canarias pero fue interceptado por las autoridades mauritanas y devuelto a su país. “Perdí todo mi dinero. Yo lo único que quiero es poder llegar a Europa, es mi sueño, pero para eso necesito una visa y no me la dan”, se lamenta. En este sentido Sánchez, puntualiza que mientras los turistas occidentales pueden viajar con libertad, incluso aquellos que no se consideran ricos, para las personas del país anfitrión es imposible salir. “Interactuar con los turistas puede ofrecer a una persona local la oportunidad de salir del país si la relación se consolida, o al menos experimentar algunos de los mismos beneficios de los que disfrutan los turistas, como una ducha en una habitación de hotel o una cerveza en una discoteca turística”, apunta.

Osman confiesa que entre los planes que vive con las turistas europeas se encuentran ir a comer a restaurantes, bailar en a discoteca o ir a un hotel. Cosas inalcanzables con el dinero que gana con su trabajo de electricista. “Los legados históricos del colonialismo han creado desigualdades económicas globales que empujan a los países pobres del Sur Global a desarrollar destinos turísticos”, comenta Sánchez. La académica puntualiza que la industria turística se ha presentado en determinados lugares como la solución a los problemas económicos, pero al mismo tiempo genera problemas sociales. Matiza que se ha creado un sector informal, donde trabajan las personas que han quedado excluidas del formal, y que suelen ser taxistas, mujeres haciendo trenzas, vendedores de souvenirs y también aquellos que ofrecen experiencias sexuales que los turistas buscan. “Cada vez más vemos a más hombres involucrarse en la industria del sexo a medida que se pierden las industrias locales tradicionales y se vuelve más difícil migrar”, destaca Sánchez.

Esta dinámica resuena a la que se estableció durante la colonización: “Es el poder blanco y de clase media en los países desarrollados. Mientras, los jóvenes intentan abrirse camino hacia una vida mejor dentro de una estructura que los relega a la subordinación”, incide Amalia L. Cabezas. En este sentido, Sánchez subraya que el turismo implica procesos de racialización, ya que suelen ser occidentales blancos los que viajan y representan un estatus económico. Agrega que en muchos destinos los turistas blancos son atendidos por personas negras que viajan durante horas para llegar al trabajo y que trabajan jornadas largas por muy poco dinero. “Sandals en Jamaica, por ejemplo, es el acrónimo de Slave All Night and Day at Low Salaries (esclavizarse todo el día y la noche por salarios bajos). La gente local sabe que su situación es una continuación del colonialismo y de lo que algunas personas llaman ‘las secuelas de la esclavitud’”, subraya.

Otro de los legados del colonialismo y la esclavitud es la construcción de un estereotipo sobre los hombres negros: “Estas mujeres se implican en la industria del sexo a través de construcciones históricas de la sexualidad donde la masculinidad negra se construye como hipersexual. Así, consideran que no están explotando sexualmente a los hombres locales porque a ‘los hombres simplemente les encanta el sexo’”, detalla Sánchez. Al mismo tiempo, se concibe un cierto poder de la mujer turista. Mientras que las trabajadoras sexuales están expuestas a situaciones de abuso, en este sentido los hombres no correrían los mismos riesgos, pero cuando entran en juego las turistas blancas, se establece otra relación de poder: “La amenaza de acusaciones de violación o abuso por parte de una mujer turista se toma en serio. Así, las mujeres turistas poseen poder económico, estatus social y poder político sobre los hombres locales”, recalca Sánchez.

Para la académica, los turistas “eligen” ignorar las relaciones de poder que les permiten viajar de forma barata a destinos cálidos. “¿Eso los excusa? No. Viajar no siempre abre la mente; también puede reafirmar creencias racistas”, reafirma la profesora. Para el director de la asociación Child Protection Alliance (CPA, por sus siglas en inglés), Solomon Atibuni, el turista sí sabe lo que hace, sobre todo si hay menores de por medio.

La explotación sexual contra la infancia y adolescencia es una problemática que el país lleva años intentando erradicar. El presidente del colectivo, que matiza que ellos solo trabajan por el bienestar de los menores ya que las relaciones adultas son a priori consentidas, revela que una parte importante del trabajo del colectivo es la concienciación: “Dejamos folletos informativos en los hoteles, incluso en las habitaciones, sobre cuestiones de protección infantil en Gambia, explotación sexual en las áreas turísticas y todas las leyes disponibles para proteger a los niños”. Añade que también hay grades vallas publicitarias en el aeropuerto de Banjul, la capital, donde se informa de las diferentes leyes de protección infantil que amparan a los menores. “Debe quedar claro que cualquiera que explote a un niño está cometiendo una violación de derechos de ese niño, sin importar de dónde venga”, remata Atibuni.

Fuente: El Salto

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