
Por Adriana T.
Escritora, activista exmigrante y colaboradora habitual en Ctxt.es.
Dediquemos menos tiempo a la polémica estéril del día para poner sobre la mesa nuestras preocupaciones de verdad: trabajo, vivienda, pobreza infantil, permisos por maternidad o incluso la renta básica universal

Circula una especie de chiste en las redes sociales cuya autoría original me es ignota. Es una recomendación, no del todo en broma, tampoco del todo en serio, sobre cómo responder a las preguntas impertinentes. Tal vez alguna lectora la encuentre útil, así que voy a ilustrarlo con un ejemplo. Imaginemos que la tía Paquita le pregunta, con muy mala uva y en mitad del bautizo de un sobrino, si no está pensado en tener hijos pronto, que con la edad que gastamos la cosa ya no está para seguir pensándolo mucho. Bien, pues en lugar de balbucear excusas o enfadarse mucho con la tía Paquita, una va y responde elegantemente con una impertinencia mucho mayor: “No, querida tía, no he pensado en tener hijos, pero la verdad es que sí estoy pensando en divorciarme porque ya no soporto a mi marido / quitarme la vida porque atravieso una grave crisis existencial debido a la precariedad laboral / unirme a un comando armado y empezar a atentar contra la clase rentista”. “El objetivo es tener una conversación incómoda”, dice el chiste-recomendación, “pero no la que tu interlocutor quería, sino la que te apetece a ti”. Como ven, no es necesario rehuir los temas difíciles, sino que basta con darle la vuelta a la tortilla, convertirse en un sujeto de conversaciones impredecibles, hacer que el miedo cambie de bando.
Es frecuente hacerse nuevos propósitos vitales con el inicio del curso porque septiembre siempre ha sido más enero que el propio enero, que es un tostón de mes. Yo soy más de ir improvisando sobre la marcha, pero hay una cosa que sí me gustaría hacer: dominar la agenda de temas políticos. Y les animo de corazón a unirse a mí en este propósito porque, cuantos más seamos, mejor. Con docenas de tertulias diarias en todos los medios de comunicación, dejarse arrastrar por la corriente opinadora y centrarse en la polémica absurda del día es fácil, pero, como en el chiste, creo que es mucho más eficaz que podamos elegir nuestras propias conversaciones incómodas en lugar de aceptar las que nos llegan impuestas.
Tras sus últimos grandes hits antes del merecido parón veraniego, como acusar a los asalariados de cogerse demasiadas bajas o tenernos pendientes de los concebidos no nacidos –que no es sino la manera de tantear el ambiente a ver si colaría lo de restringir un poquito los derechos reproductivos de las mujeres–, la derecha ha pasado todo el verano calentando motores a costa de la crisis humanitaria en Ceuta.

Y parece que van a encarar este otoño intentando criminalizar y perseguir a la población migrante y, muy especialmente, a los niños que se encuentran solos –es decir, a las personas en la situación más vulnerable que existe porque, sin adultos que los defiendan, los menores, extranjeros o nacionales, nunca cuentan para nadie ni para nada en ningún lugar–.

Por eso creo que este curso, más que nunca, deberíamos tener nuestra propia agenda de temas de los que hablar, y sacarla sin dar oportunidad a que se nos adelanten. Vivir a la defensiva es agotador. Desmentir bulos y medias verdades es un trabajo que no termina jamás. Les propongo que, en lugar de dejarnos agobiar con las ideas de la derecha, recuperemos urgentemente el debate sobre la semana laboral de 37,5 horas, o mejor aún: de 35.

No voy a discutir si un trabajador enfermo o lesionado merece descansar y recuperarse tranquilamente en su casa, prefiero que hablemos de cuántas horas extras no remuneradas –ni notificadas a la Seguridad Social– se hacen en este bendito país cada día, o del acoso laboral, una experiencia extraordinariamente común que sigue considerándose inevitable.


¿Los okupas? Tampoco pienso hablar de los okupas, pero podemos comentar a cada ocasión que tengamos que el encarecimiento de la vivienda está arrastrando a grandes masas de población a llevar una existencia miserable en los márgenes mientras personas y entidades con nombre y apellidos se hacen con el control del mercado inmobiliario y lo explotan en su beneficio.


Pongamos nombre y cara a esas personas, busquemos dónde viven, veamos a qué se dedican. ¿El drama de las deportistas de élite que se ven abocadas a congelar óvulos para preservar su fertilidad? Me interesa mucho más discutir el estado actual de los permisos de maternidad y paternidad, la facilidad –la legal y la real– para la conciliación laboral o cómo está el acceso a las escuelas 0-3 entre las trabajadoras mileuristas y precarizadas, de las que tenemos millones en este país: según datos del INE, en 2024 el 39,9 % de las mujeres tuvo un salario bruto inferior a 1.582 euros. ¿Es posible traer hijos al mundo en esas condiciones? Hablemos de ello: el 28,3 % de los menores vive por debajo del umbral de la pobreza en España.
Más melones que se pueden abrir: hablemos de la cuantía de las pensiones, y de cómo regularizar a trabajadores migrantes permite que coticen a la Seguridad Social y no tengan que soportar tantos abusos en su día a día.

¿Ayuso ha dicho la enésima tontería del mes? Ya, pero es mucho más fructífero explicarle a tu cuñado, como quien no quiere la cosa, el tipo de atención que se recibe en un hospital de gestión privatizada en la Comunidad de Madrid. ¿Se comenta en alguna tertulia de medio pelo que Pedro Sánchez es un dictador? Me gustaría que sigamos teniendo presente en nuestras conversaciones al exministro Cristóbal Montoro, que se enriqueció legislando para los poderosos a cambio de dinero –lo dice un juez– mientras una generación entera tenía que huir de España para no morir de hambre. Hablemos de eso, hablemos de cómo no hace ni quince años muchos españoles se plantaban en Noruega con lo puesto y sin hablar una palabra siquiera de inglés, resignados a que los servicios sociales noruegos se hicieran cargo de ellos. Más temas: ¿se escucha que los jóvenes le temen al trabajo duro y gastan demasiado dinero en fruslerías, como tostadas de aguacate, café de especialidad o suscripciones a plataformas? No voy a perder ni un minuto en responder a eso: me interesa mucho más comparar la evolución del sueldo mínimo en España y Europa en los últimos años, así como hablar de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo de todos los salarios. O mejor aún: ¿hay alguna posibilidad de pasar a la ofensiva y poner sobre la mesa la renta básica universal? Seguramente les dirán que es imposible, una quimera, un delirio de los progres, pero, fíjense: la riqueza que oculta en paraísos fiscales el 0,1·% más rico del planeta (5,5 millones de individuos) supera con creces el patrimonio total de la mitad más pobre de la humanidad (4.000 millones de personas).

Quizá hay que plantear y exigir sistemas de redistribución de la riqueza un poco menos sangrantes.
Podemos incluso hablar de quiénes, cómo y por qué nos dictan los temas de conversación: charlemos sobre la propiedad de los principales medios de comunicación o de cómo funciona la propaganda de ultraderecha, una maquinaria de la que parece imposible escapar.
Como ven son temas de conversación muy básicos, estoy segura de que se les ocurrirán muchísimos más. Intuyo que cada uno de ustedes tiene en la cabeza un asunto que les obsesiona: hablen de ello, no se callen. No se dejen atrapar por la tontería volátil del día, en lugar de eso den la turra con sus preocupaciones en sus redes sociales, en el ascensor de su bloque, en los columpios cuando se junten con otras madres, en el rato del café en el curro, en el club de lectura de su barrio. Ni siquiera tienen que esperar a que les importunen con comentarios fascistillas, pueden sacar los temas cuando les dé la gana. Seamos proactivos por una vez en lo de provocar incomodidad. Ese es mi propósito para el nuevo curso. Acompáñenme.
Fuente: Ctxt

Deja una respuesta