
Por Oren Ziv
Fotoperiodista, reportero de Local Call y miembro fundador del colectivo fotográfico Activestills.
Y

Ariel Caine
Artista e investigador nacido en Jerusalén y afincado en Londres.
Tras décadas consolidando su control sobre la Zona C, los colonos israelíes se están expandiendo hacia las Zonas B y A –que, en teoría, están bajo la jurisdicción de la Autoridad Palestina– y están desplazando a las comunidades
En mayo de 2023, la comunidad beduina palestina de Ein Samia, situada al este de Ramala, huyó de su pueblo. Ante la creciente presión y el acoso de los colonos israelíes cercanos, que contaban con un importante apoyo militar, decenas de familias desmantelaron sus hogares y se marcharon. Fue uno de los primeros casos en los que una comunidad palestina entera de Cisjordania había sido completamente desarraigada desde 1967 –y fue un presagio de lo que vendría después.

Once de esas familias se trasladaron a poca distancia, a Al-Khalail, una zona rural en las afueras de la aldea de Al-Mughayyir. El lugar se encuentra en la Zona B del territorio ocupado –la zona en la que, según los Acuerdos de Oslo, la Autoridad Palestina (AP) tiene jurisdicción sobre los asuntos civiles, pero debe coordinar la seguridad con Israel–. Ofrece a los palestinos más autonomía que la Zona C, que está bajo control total de Israel y ha sido el escenario de casi toda la expansión de los asentamientos, pero menos que la Zona A, que está bajo control total de la AP. Al trasladarse de la Zona C a la Zona B, los residentes desplazados de Ein Samia pensaron que encontrarían una relativa seguridad.
En Al-Khalail, las familias reconstruyeron sus vidas. Levantaron casas de chapa y corrales para animales, instalaron paneles solares y depósitos de agua, y reanudaron el pastoreo de sus animales.
“Somos refugiados del Naqab”, explicó Muhammad Ka’abneh, de 85 años, refiriéndose al desierto del sur de Israel. “Nos trasladamos varias veces hasta que, en la década de 1980, el ejército nos ordenó trasladarnos a Ein Samia. Vivimos allí hasta que los colonos y el ejército nos expulsaron hace tres años. Vinimos aquí [a Al-Khalail] porque sabíamos que era la Zona B y que era segura”.
Según los residentes, durante un tiempo la zona estuvo tranquila. Pero en 2024, en la colina frente a su campamento, un grupo de colonos estableció un nuevo puesto de pastoreo llamado Granja Shlisha. (Los puestos avanzados son minicolonias establecidas sin autorización previa del Estado que sirven como puntas de lanza estratégicas para que los colonos se expandan hacia Cisjordania).
Los colonos comenzaron a llevar a pastar sus rebaños en las tierras que rodeaban la comunidad, dañando olivos y cultivos, entrando en el campamento y amenazando a las familias. Lo hacían con el respaldo del ejército. “Solo tienen que hacer una llamada y el ejército viene”, dijo Ka’abneh refiriéndose a los colonos. “Los soldados los protegen”.

Durante meses, las familias de Al-Khalail soportaron acosos casi a diario. A principios de este año, el 1 de febrero, llegaron soldados y ordenaron a los residentes que se marcharan durante 48 horas sin sus pertenencias, alegando una orden que declaraba el área como una “zona militar cerrada” –una medida utilizada con frecuencia para mantener a los palestinos y a los activistas israelíes e internacionales alejados de los puntos conflictivos de la violencia de los colonos–. Las familias se negaron. “Si nos hubiéramos ido, no habríamos vuelto”, dijo Ka’abneh.
Aunque los soldados no impusieron la evacuación ese día, detuvieron a dos activistas internacionales que se encontraban en el lugar. Los documentos de su posterior vista judicial indicaban que habían sido detenidos por estar “presentes en una zona militar cerrada donde se estaba llevando a cabo una evacuación de residentes beduinos que se habían asentado ilegalmente por orden del jefe del Mando Central”. El hecho de que las familias palestinas se hubieran trasladado al interior de la Zona B –donde la Autoridad Palestina, y no Israel, mantiene la autoridad sobre la construcción y la planificación– no pareció suponer ninguna diferencia.
En las semanas siguientes, la presión se volvió insoportable; los colonos entraron en las casas de los palestinos, trayendo consigo sus ovejas y perros, y el ejército detuvo a los residentes. El 21 de febrero, la comunidad huyó. Menos de un mes después, los colonos erigieron un nuevo puesto avanzado en el lugar.
El desplazamiento de las familias de Ein Samia fue un golpe estratégico para el movimiento de los asentamientos. Al ampliar el bloque de asentamientos de Shiloh –un conjunto de asentamientos y puestos avanzados contiguos que dividen en dos el norte de Cisjordania–, ha contribuido a crear un corredor de control israelí sin obstáculos desde la Línea Verde hasta el valle del Jordán, al tiempo que aísla aún más entre sí a las principales ciudades palestinas de Ramala y Nablus.

La expulsión de las familias también resume una tendencia más amplia que se ha acelerado desde octubre de 2023: la proliferación de puestos avanzados de colonos y el desplazamiento masivo de comunidades palestinas en toda Cisjordania, también en zonas que hasta hace poco incluso los colonos consideraban prohibidas.
Desde el 7 de octubre, los colonos han colaborado con el ejército israelí para expulsar al menos a 76 comunidades palestinas enteras, al tiempo que han establecido 152 nuevos puestos avanzados. Entre estos asentamientos, al menos 22 se han establecido en la Zona B, incluidos 12 en la “Reserva Acordada” (una parcela de 167.000 dunams [16.700 hectáreas] en el sur de Cisjordania designada como Zona B). También ha aparecido un asentamiento dentro de la Zona A.
Según los mapas de +972 Magazine, Local Call y The Nation, basados en datos recopilados por las organizaciones israelíes Kerem Navot y Peace Now, los colonos que viven en estos asentamientos han tomado el control de alrededor de 98.000 dunams [casi 10.000 hectáreas] en la Zona B y la Zona A. En total, los colonos que viven en los asentamientos ejercen ahora un control efectivo sobre aproximadamente 1 millón de dunams [100.000 hectáreas] en toda Cisjordania.
Esta dinámica se ha ido gestando durante mucho tiempo. Durante décadas, los colonos expandieron los asentamientos ganaderos por toda la Zona C –que constituye el 60 % de Cisjordania– utilizando el pastoreo para apoderarse de vastas extensiones de tierras agrícolas palestinas. En este esfuerzo han contado con la ayuda de la Administración Civil israelí en Cisjordania, que asigna zonas de pastoreo en tierras que designa como “tierras del Estado”, otorgando así a los colonos el control de áreas que no se encuentran en las inmediaciones de sus granjas.
Ahora, los colonos han desplazado su atención hacia la Zona B y las periferias de las principales ciudades palestinas. El objetivo es rodearlas, restringir el acceso de los palestinos a las tierras agrícolas y los espacios abiertos circundantes, y consolidar la contigüidad territorial entre los bloques de asentamientos, al tiempo que se empuja a los palestinos hacia cantones fragmentados dentro de las principales ciudades.
Esta estrategia se alinea con el “Plan de Soberanía” presentado en septiembre de 2025 por el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, que prevé la anexión de toda Cisjordania, salvo seis enclaves palestinos desconectados. En febrero, el Gobierno dio un impulso a este plan cuando el gabinete de seguridad autorizó a los cuerpos de seguridad israelíes a operar en las Áreas A y B en asuntos civiles (incluidos el agua, las cuestiones medioambientales y los yacimientos arqueológicos), afianzando aún más la autoridad israelí más allá del Área C.
La retórica en los círculos de colonos refleja abiertamente estos cambios. Elisha Yered, considerado por muchos como uno de los líderes del grupo extremista y violento de colonos Juventud de las Colinas y sospechoso de haber matado a un adolescente palestino en 2023, describió recientemente la incursión de los colonos en las zonas A y B en un popular podcast conservador en hebreo.
“Al menos el 55 % del territorio [en las zonas A y B], allí no pasa nada: no hay medidas contra la construcción árabe, ni asentamientos”, dijo Yered. Sin embargo, explicó que, durante el último año, activistas vinculados al grupo “Centro de Mando de Vanguardia de las Colinas” han intensificado sus esfuerzos para establecer nuevos puestos avanzados en estas zonas. “Hemos estado actuando con mayor intensidad… para establecer puestos avanzados, puntos de asentamiento con rebaños y todo lo demás, y con la ayuda de Dios estamos logrando capturar bastiones estratégicos”.
A medida que avanzan hacia regiones palestinas más pobladas, estos colonos no han dudado en recurrir a una violencia brutal. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), los colonos han matado a más de 30 palestinos en Cisjordania y han herido a más de 1.500 desde el 7 de octubre de 2023.
Batieron nuevos récords de violencia en 2025, y este año se perfila como aún peor: los colonos han herido a más de 260 palestinos en toda Cisjordania hasta la fecha, triplicando la media mensual desde 2023. Junto con los cierres militares, estos ataques han desplazado a más de 1.500 residentes en tres meses, casi tantos como los que fueron desarraigados a lo largo de todo el año pasado. Y desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, los colonos han matado a seis palestinos en Cisjordania, según el Ministerio de Salud de la Autoridad Palestina, todos ellos dentro o en las inmediaciones del territorio de la Zona B.

En respuesta a una solicitud de comentarios para este reportaje, un portavoz militar israelí declaró que “la misión de las FDI es mantener la seguridad de todos los residentes de [Cisjordania]. El Mando Central de las FDI, incluida la Administración Civil, está trabajando para evacuar los asentamientos ilegales en la Zona B, por una clara necesidad de seguridad”.
“Las FDI han concentrado fuerzas en las zonas de fricción con el fin de reducir al máximo los incidentes violentos”, continuaba el comunicado. “Las FDI condenan enérgicamente los incidentes de este tipo, que causan daño a personas inocentes y socavan la estabilidad de la seguridad en la zona”.
Sin embargo, soldados que prestaron servicio en Cisjordania han testificado sobre la política de facto dentro del ejército israelí que facilita la violencia de los colonos. “Se ven montones de incidentes –colonos lanzando piedras, disturbios, casas incendiadas– y simplemente lo permiten”, declaró a +972, Local Call y The Nation un reservista que desempeñó funciones de coordinación en un puesto de mando de Cisjordania durante la guerra de Gaza. Según él, las investigaciones suelen iniciarse solo cuando un homicidio corre el riesgo de provocar una escalada más amplia –e incluso entonces, “la preocupación es únicamente desde una perspectiva de seguridad, no para prevenir [casos similares] en el futuro o para disuadir”.
Otro soldado que sirvió en una brigada de infantería en Cisjordania durante la guerra, y que más tarde testificó sobre su experiencia ante la ONG israelí Breaking the Silence, describió lo que él percibió como una relación “muy estrecha” entre los colonos y el ejército. “Había una granja [puesto de colonos] en nuestro sector; allí realizábamos maniobras y misiones conjuntas”, dijo. “Cuando se produce un episodio de violencia por parte de los colonos, algo que ocurre con frecuencia, se supone que debe acudir la policía. En el mejor de los casos, el ejército se mantiene al margen durante la violencia de los colonos; en el peor, participa en ella. Eso también nos pasó a nosotros”.

Esta investigación de +972, Local Call y The Nation se centra en una docena de comunidades palestinas del centro de Cisjordania –entre Ramala y Nablus– que se han visto en primera línea de la expansión de los colonos hacia la Zona B.
Basándose en imágenes de satélite y análisis cartográficos, así como en testimonios de propietarios de tierras y funcionarios palestinos, relatos de víctimas de la violencia de los colonos y un documento interno de los colonos, la investigación demuestra que los nuevos asentamientos avanzados se adentran cada vez más en Cisjordania, impulsando la política del Gobierno israelí de desplazar a los palestinos y consolidar el control israelí sobre franjas cada vez más amplias del territorio ocupado.
Como prometió Smotrich en el funeral de un destacado activista colono que murió el sábado 21 de marzo cuando su todoterreno fue embestido por un coche aparentemente conducido por un palestino: “Borraremos las líneas, las demarcaciones y las letras. Colonizaremos nuestra tierra en todas sus partes”.
“Es como si estuviéramos en prisión”: Al-Mughayyir
La aldea palestina de Al-Mughayyir se encuentra a unos 30 kilómetros al noreste de Ramala. Aunque la mayoría de sus residentes viven en una parte de la aldea que se encuentra dentro de la Zona B, la mayor parte de sus tierras están en la Zona C, incluidos 42.000 dunams [4.200 hectáreas] de pastos y tierras de cultivo que han sido ocupados por colonos. La aldea está ahora rodeada por casi todos los lados por ocho asentamientos, incluido uno dentro de la Zona B.
El ejército israelí lleva más de dos años cerrado la entrada principal a Al-Mughayyir desde el este, desde el inicio de la guerra de Israel contra Gaza. El pasado agosto, tras un incidente en el que un hombre armado palestino presuntamente abrió fuego contra colonos israelíes que pastoreaban ovejas en las tierras de la aldea, el ejército colaboró con los colonos para aislar la localidad por completo. Durante los tres días que duró el asedio, arrancaron miles de olivos, irrumpieron en las casas y cavaron trincheras alrededor de la aldea para dificultar aún más la entrada y salida de la población. Desde entonces, los colonos han pastoreado sus rebaños en las tierras del pueblo casi a diario.

El activista local Rabee Abu Na’im describió estos acontecimientos como parte de lo que él consideraba una estrategia deliberada. Según él, durante dos años las autoridades habían estado “aislando el pueblo y reforzando el control sobre él tanto como fuera posible”, porque es “el último pueblo que queda en la zona de Ramala que limita con el Valle del Jordán” –el flanco oriental de Cisjordania sobre el que Israel está consolidando rápidamente su control.
“La política de expulsión de la población es una estrategia premeditada”, afirmó. “Ahora están avanzando hacia las aldeas situadas entre el valle y otras zonas, como Al-Mughayyir y Duma”. Refiriéndose a las trincheras excavadas alrededor de la aldea, añadió: “Es un asedio total; es como si estuviéramos aquí en una prisión”.
Desde octubre de 2023, el ejército ha matado a cuatro residentes de Al-Mughayyir, entre ellos, más recientemente, a Mohammed Naasan, de 14 años. Su padre, Sa’ad, contó que Mohammed estaba junto a él al terminar la oración del viernes 16 de enero, cuando un soldado disparó desde un todoterreno situado a unos 100 metros de distancia. “La bala le atravesó la espalda. Murió en el acto”, dijo. Después de que la familia montara una tienda de luto, añadió, “el ejército vino y se apoderó de una casa frente a la nuestra. No querían que recibiéramos visitas, así que dispararon gas lacrimógeno y munición real”.
Marzouq Aby Ne’im, presidente del consejo del pueblo, dijo que los colonos –con el respaldo del ejército– controlan ahora casi la totalidad de los 43.000 dunams [4.300 hectáreas] de tierra de Al-Mughayyir, de los cuales 1.000 se encuentran en la Zona B. “El ejército no estaba ausente; los colonos no actuaron solos. Les respaldó”, afirmó. “Hoy no se nos permite acceder a nuestras tierras para cultivarlas”.
El impacto, continuó, es tanto económico como psicológico: “La gente ya no tiene ninguna sensación de seguridad aquí, ni siquiera para sus hijos. Aquí ya no existe la infancia”. Las conversaciones giran en torno a las redadas y las detenciones, dijo. “La gente solo habla de que los colonos vinieron, los colonos se fueron, el ejército llegó, el ejército hizo una redada, a este lo detuvieron, a aquel lo mataron, este resultó herido”. Al final, añadió, “la presión es una política de expulsión, nada menos”.
Uno de los asentamientos que genera esa presión es Or Nachman, erigido en la Zona B en 2024 y situado para bloquear la carretera principal entre Al-Mughayyir y la cercana localidad de Turmus Ayya (que los colonos cerraron de facto en octubre de 2023). El ejército ha evacuado y demolido el asentamiento en varias ocasiones —la más reciente el 11 de marzo—, pero no cierra la zona, lo que permite a los colonos reconstruirlo cada vez, a menudo en cuestión de horas. Los residentes palestinos de la zona se ven ahora obligados a utilizar la carretera que pasa por Khirbet Abu Falah, una aldea cercana donde los colonos han atacado coches, viviendas y olivares.
Antes de la cosecha de aceitunas del otoño pasado, los colonos talaron docenas de árboles en terrenos pertenecientes a Samir Shuman, de 49 años, de Khirbet Abu Falah. “Vinieron por la noche, cuando todo el mundo dormía. Aunque el ejército hubiera estado allí, los habría protegido”, dijo. “Como pueden ver”, añadió, señalando un campo de árboles desnudos, “no hay aceitunas y este año no habrá aceite”.
Hidaya Abu Na’im, de 33 años, vive ahora en Al-Mughayyir tras huir de Al-Khalail a finales de febrero. Mientras otras familias beduinas palestinas desmontaban sus casas y cargaban sus pertenencias en camiones, Abu Na’im, su padre y su hija de 13 años se encontraban entre las personas agredidas por los colonos la tarde del 21 de febrero, mientras su familia se preparaba para el Iftar.
Unos 10 colonos irrumpieron en la comunidad, rajando los depósitos de agua y lanzando piedras. Abu Na’im y su padre resultaron heridos mientras la familia huía a una cueva cercana.
“Empezaron a lanzar piedras dentro de la cueva y a destrozar las casas”, dijo. “Lo destruyeron todo: los depósitos de agua, las casas, los paneles solares, las ventanas de las casas”.
Dentro de la cueva no había conexión a Internet, pero Abu Na’im siguió grabando con su teléfono, intentando enviar los vídeos una y otra vez con la esperanza de que alguien los recibiera. El ataque duró horas. Cuando todo se calmó, salió un momento y regresó a su casa, enviando un mensaje para tranquilizar a sus familiares y decirles que su familia estaba viva.
Momentos después, aparecieron tres colonos en un quad, uno de ellos armado. Entraron en la casa de Abu Na’im y comenzaron a robar equipos eléctricos.
Abu Na’im y otras personas se escondieron bajo mantas en la cocina. “Entonces [uno de los colonos] vio mi mano”, dijo. “Me dio un puñetazo en la cara y me tiró al suelo”.

Según su testimonio, los colonos la golpearon con un palo, arrastraron a su padre por el pelo, lo tiraron al suelo y le dieron patadas en el estómago. También golpearon a la hija de Abu Na’im en el estómago y la espalda con palos.
“Nos hicieron sentarnos en el suelo de cara a la pared, como a unos detenidos”, dijo Abu Na’im. “No paraban de golpearnos y de gritar”. Finalmente, los colonos les ordenaron que se marcharan. “Les pregunté: ‘¿Qué queréis de nosotros?’”. Me respondieron: “Apartaos de nuestro camino y marchaos de aquí”. Según contó, mientras la familia se alejaba, los colonos siguieron golpeándolos con palos.
“Sinceramente, incluso ahora sigo sintiendo que quiero volver a ese lugar”, dijo Abu Na’im. “Estoy enfadada y quiero volver”.
“Disparan a cualquiera que intente moverse”: Turmus Ayya
Turmus Ayya es una localidad palestina en la Zona B situada al este de Ramala, donde viven muchos residentes con ciudadanía estadounidense. También ha sido víctima de la violencia de los colonos de Or Nachman.
El pasado octubre, un grupo de 100 colonos del asentamiento atacó a los recolectores de aceitunas, hiriendo gravemente a Afaf Abu Alia, de 53 años. Uno de los participantes en la agresión, Ariel Dahari, fue detenido y procesado; decenas de otros no lo fueron.
Más recientemente, el 8 de marzo, colonos bajaron desde Or Nachman a Khirbet Abu Falah y mataron a tiros a dos hombres palestinos. Un tercero sufrió un paro cardíaco cuando las fuerzas militares israelíes llegaron poco después y lanzaron gases lacrimógenos.

Los colonos de otro nuevo asentamiento, conocido como HaNekuda BaEmek (“El Punto en el Valle”), también acosan habitualmente a los residentes de Turmus Ayya. Fundado en 2024, el asentamiento está situado en las tierras agrícolas de la localidad que se encuentran dentro de la Zona B. Su fundador, Amishav Melat –que anteriormente vivía en el cercano asentamiento de Geulat Zion (“La Redención de Sión”)–declaró a Ynet en 2020 que los colonos estudian las Zonas A, B y C “para difuminar esa división y avanzar tanto como sea posible”. Añadió: “Establecemos asentamientos [y] ampliamos los límites de los asentamientos”.
Al descender desde HaNekuda BaEmek, los colonos llevan a pastar a su ganado en los campos y huertos de Turmus Ayya. Según el presidente del consejo municipal, Lafi Adeeb, los residentes han perdido de hecho el acceso a unos 8.000 dunams [800 hectáreas], aproximadamente la mitad de los cuales se encuentran en la Zona C y la otra mitad en la Zona B. “Cuando llegas a tierras de la Zona B, te dicen: ‘Esta es una zona militar cerrada’”, afirmó.
Adeeb describió los ataques diarios en el valle. Aunque el propio puesto de avanzada se encuentra en la Zona B, el ejército israelí ha declarado la zona circundante como zona militar cerrada. “Cualquier residente que entre es atacado. Nadie detiene a las bandas de colonos”, dijo, argumentando que operan con el respaldo oficial del ejército y “están tratando de apoderarse de tanta tierra como sea posible”.
Awad Abu Samra, un terrateniente y activista de 59 años de Turmus Ayya, puede ver cómo se desarrolla la estrategia de los colonos sobre el terreno. Tras expulsar a las comunidades de pastores, dijo, “los colonos avanzaron hacia las zonas rurales palestinas”. Allí quemaron y saquearon estructuras agrícolas; ahora, dijo, los colonos tienen como objetivo las viviendas situadas en las afueras de la localidad. El asentamiento situado en los terrenos de Turmus Ayya se encuentra a solo 300 metros de la última casa de la localidad.
“Cualquiera que intente moverse por la zona recibe disparos [de los colonos]”, afirmó. “Se impide por completo a los propietarios acceder a sus tierras. El colono es quien controla lo que ocurre. Da órdenes al soldado [y] al agente de policía”.
La zona militar cerrada, explicó Abu Samra, no se aplica de manera equitativa. “Una zona militar, tal y como la entendemos, se supone que es un área a la que nadie entra: ni colonos, ni palestinos, nadie. Pero se convierte en una zona militar solo para los palestinos”. En una ocasión, durante la cosecha de aceitunas, un colono llegó con un aviso impreso y se lo entregó a los soldados, quienes a continuación dispersaron a los residentes de Turmus Ayya.
En una reciente visita a las tierras del pueblo, Adeeb sugirió que la distinción entre las Zonas B y C ya no parece importar. “Arrancaron cientos de olivos aquí. Durante la cosecha nos atacaron en la Zona B, no permitieron que nadie se quedara y se llevaron las aceitunas que habíamos cosechado”.
Señaló su propia parcela de cuatro dunams, plantada en la década de 1990 con 80 olivos. “Cuando llegué, descubrí que habían sido arrancados por una excavadora”, dijo. “Este es el comienzo de una expulsión a gran escala en Cisjordania. Los [colonos] se están apoderando de las zonas C y B sin autorización previa, y cuentan con el respaldo del ejército, la policía y los ministros [israelíes] Ben Gvir y Smotrich”.
“Vayas donde vayas, te siguen”: Duma
El 18 de octubre de 2023, los colonos expulsaron a la comunidad de pastores de Ein Al-Rashash, situada en la Zona C al este de Ramala. Esto formaba parte de una campaña que había comenzado antes de la guerra, cuando los colonos, ansiosos por consolidar el control sobre unos 150.000 dunams [15.000 hectáreas] entre la carretera de Allon y el valle del Jordán, habían empezado a trabajar para expulsar a las comunidades beduinas de la zona.
Originarias de la región de Ein Gedi, cerca del mar Muerto, muchas familias de Ein Al-Rashash fueron desplazadas por primera vez en 1948, y luego varias veces más antes de su expulsión en 2023. Tras abandonar Ein Al-Rashash, algunas se trasladaron unos kilómetros al norte, a las afueras de la localidad de Duma, en la Zona C. En aquel momento, no había ningún asentamiento ilegal allí.
“Pensábamos que nos quedaríamos aquí entre 10 y 15 años”, dijo Raed Zawahreh, de 22 años. “Tampoco pensábamos que los colonos vendrían aquí. Pero vayas donde vayas, te siguen”.

A mediados de 2025, los colonos establecieron un asentamiento llamado Havat Giborei David (“La Granja de los Héroes de David”) a varios cientos de metros de la casa de su familia. Forma parte de una cadena de nuevos asentamientos que rodean Duma en la Zona C y que se establecieron después de que el colono David Libby, de 19 años, fuera asesinado en Gaza en mayo de 2025 mientras manejaba maquinaria de ingeniería para un contratista del ejército.
Un documento interno de los colonos obtenido por +972, Local Call y The Nation revela el propósito de estos puestos avanzados: “Vigilar el territorio que domina el cruce de Councils, mantener la contigüidad con el valle del Jordán al norte del eje de Allon y al este de la Ruta 5 (Carretera 505), y vigilar la zona abierta entre la carretera y la aldea de Majdal (Bani Fadil)”. La “zona abierta” son las tierras agrícolas y de pastoreo utilizadas por las comunidades palestinas.
El documento afirma además que, en caso de cualquier “movimiento palestino hacia el norte desde la carretera de acceso a Duma, se debe alertar a una persona armada”. Esta directiva convierte efectivamente cualquier movimiento más allá de la zona urbanizada de la aldea en una amenaza para la seguridad.
Según el mapa adjunto al documento, una carretera prevista que unirá Havat Giborei David con el asentamiento de Malachei HaShalom (“Ángeles de la Paz”) y sus asentamientos satélites al norte, aislará a Duma por el este.
Desde la creación de Havat Giborei David, las familias palestinas que viven en las afueras de Duma han sufrido acoso casi a diario. El pasado agosto, un soldado fuera de servicio mató a tiros a Tamim Dawabsheh, de 35 años, después de que los residentes se enfrentaran a los colonos que entraban en sus tierras. Muchas familias han enviado a sus mujeres y niños a vivir a la localidad de Duma, que se encuentra dentro de la Zona B.
“Venían a pie o en quads, entraban con sus ovejas en las casas, lanzaban piedras y asustaban a los niños”, recordó Basem Ka’abneh, de 35 años, quien en un momento dado cubrió su casa con alambre de púas en un intento de frenar las incursiones de los colonos. “Nos dijeron que nos fuéramos. Si nos íbamos, se quedarían con todas las tierras hasta la ciudad”.
Activistas internacionales de izquierda e israelíes mantuvieron una “presencia protectora” las 24 horas del día en el lugar a petición de los residentes, lo que, según Ka’abneh, “frenó un poco los ataques”. Afirmó que inicialmente se pusieron en contacto con la policía y el ejército en los meses posteriores a la aparición del asentamiento, “pero el ejército se enfadó porque llamamos, así que dejamos de hacerlo”.
Las llamadas grabadas por un activista a principios de diciembre ilustran el patrón de indiferencia. Durante una incursión de colonos, un agente de policía le dijo a un activista: “Como policía, no podemos entrar sin el ejército, y el ejército no llegó, así que no pudimos entrar”.
En otra llamada relacionada con un incidente distinto, cuando un activista informó de que “los colonos aquí, dentro de una zona residencial”, estaban “aterrorizando a los palestinos”, un soldado respondió que “nadie vive en Beduiya” –el término que utiliza el ejército para referirse a estas comunidades en las afueras de Duma– insistiendo en que el terreno estaba vacío.
Según un soldado que sirvió en el valle del Jordán, “el ambiente es de indiferencia ante cualquier denuncia palestina”. Cuando llaman los colonos, por el contrario, “todo el mundo se pone en marcha en un segundo”. Relató un incidente en el que un colono abrió fuego durante una disputa con un residente palestino. Los mandos tardaron en responder y su principal preocupación, dijo, “era que pudiera llegar a los medios de comunicación”. Añadió: “Por supuesto, si fuera al revés, se habrían apresurado a acudir al lugar”.
Durante los primeros días de la actual guerra con Irán, los colonos desplazaron a los residentes que quedaban de la comunidad de pastores palestinos de Shkara, al este de Duma. Según los activistas, los colonos intensificaron primero los ataques contra los campamentos, tras lo cual el ejército declaró la zona como zona militar cerrada. Los activistas contaron a +972, Local Call y The Nation que, en los días previos a que el ejército emitiera la orden, los soldados habían cartografiado los lugares donde se alojaban los activistas en el campamento. Al prohibirse la entrada a los observadores, las comunidades ya no contaban con protección externa y pronto abandonaron la zona.

Ka’abneh y su familia se encontraban entre los que se vieron obligados a marcharse. “Nos fuimos, y al día siguiente [el ejército] nos dio un plazo de tres horas para volver y recoger nuestras pertenencias. Todo estaba destrozado y nos habían robado el equipo”, declaró.
“Hemos perdido nuestra casa y nuestras tierras. No podemos volver allí porque los colonos siguen en la zona. Nos dispersaron; cada familia se trasladó a un lugar diferente del pueblo. Conseguimos aguantar allí durante ocho meses desde que se estableció el asentamiento solo gracias a los activistas que nos apoyaron”.
Se mudaron a una casa alquilada en la localidad de Duma. Pero en los días posteriores a su llegada, la mezquita adyacente a su nueva residencia fue incendiada, y en sus paredes se pintó con spray un grafiti que decía “Desde la sinagoga de Nahman” junto a una estrella de David –aparentemente en represalia por la decisión de Israel de demoler el asentamiento de Or Nahman a principios de marzo. (Desde entonces, los colonos lo han reconstruido sin que interviniera el ejército.)
Hoy en día, la localidad de Duma solo tiene una entrada a la carretera de Allon, y está controlada por una puerta amarilla erigida por el ejército. Ahora la rodean cinco asentamientos. Los activistas temen que la localidad pueda quedar pronto aislada de facto, lo que llevaría a los residentes a marcharse de forma permanente o a permanecer allí solo de forma intermitente.
Según el alcalde de Duma, Hussein Dawabsheh, los colonos han tomado el control o bloqueado el acceso a aproximadamente 17.000 de los 18.500 dunams [1.850 hectáreas] de la aldea, incluidas tierras de la Zona B. La zona urbana de la aldea es de solo 940 dunams.

“Ninguna zona está a salvo de ellos: ni la C, ni la B, ni siquiera la A”, afirmó Dawabsheh. “La tierra palestina se ha convertido en algo que se esfuma con el viento, bajo el control total del Gobierno israelí”.
“El objetivo es la expulsión total de los palestinos”, añadió. “Incluso el personal de seguridad del asentamiento dice que hay que tratarnos como a Gaza”.
“Nada los detiene”: Aqraba
Al norte de Duma se encuentran la ciudad palestina de Aqraba y la aldea de Majdal Bani Fadil, ambas en la Zona B. (Majdal Bani Fadil era una de las aldeas mencionadas en el documento interno de planificación de los colonos que obtuvieron +972, Local Call y The Nation) . Hasta hace poco, estaban conectadas por la Ruta 5077, pero tras el establecimiento del puesto de avanzada de la Granja Rappaport el año pasado, los colonos excavaron la carretera y dañaron su infraestructura. Viajar entre las dos comunidades requiere ahora un desvío de entre 15 y 30 minutos.
Pronto se produjeron actos de violencia más directos. A principios de agosto, los colonos mataron a tiros a Mu’in Asfar, de 24 años, cerca de Aqraba. Otros siete palestinos resultaron heridos. En unas imágenes de vídeo previas al tiroteo, se oye a un joven colono decir a los residentes: “Todo Aqraba va a estar en nuestras manos. Haced las maletas y marchaos. Ya habéis visto lo que ha pasado en Gaza”.
Ghadad Nasser, de 42 años, que trabaja para el Ayuntamiento de Aqraba, dijo que Asfar estaba cosechando okra cerca de la carretera cuando llegaron los colonos. “Bajaron, lo mataron e hirieron a otros”, afirmó. “El ejército y los colonos dicen: ‘La [zona] C es nuestra’, pero ahora también persiguen a cualquiera que llegue a la Zona B. Intentan asustar a la gente para que no baje a sus tierras”.
Al suroeste de Aqraba, al otro lado de la carretera 505, han aparecido varios nuevos asentamientos en territorio palestino. Poco después de establecer uno el pasado octubre, los colonos intentaron apoderarse de una casa en construcción en la Zona B perteneciente a Ahed Khatib, de 57 años.
“Empecé a construir la casa en 2020”, recordó Khatib. Al acercarse la temporada de la cosecha de aceitunas el otoño pasado, los colonos comenzaron a acosar a su familia y finalmente los expulsaron a punta de pistola. “Llamamos al ejército y a la policía”, dijo, “pero no vinieron. Solo dijeron que estaban de camino”.
Este año, a principios de febrero, los colonos colgaron repetidamente una bandera israelí en su tejado. Cada vez que la familia la quitaba, los colonos la volvían a colocar. “Arreglamos la puerta e instalamos una nueva cerradura, pero volvieron, quitaron la puerta por completo y colgaron la bandera”, explicó.
Durante una visita de +972 y Local Call, activistas solidarios volvieron a quitar la bandera; los colonos regresaron en cuestión de minutos y la volvieron a colocar. Los soldados que llegaron dijeron que solo estaban allí para dispersar una “concentración” o “manifestación” –refiriéndose a los activistas y residentes– e impidieron que Khatib se acercara a su propia casa.
“[Los colonos] llevan ovejas a los olivares. No respetan ninguna ley y nada los detiene”, dijo Khatib. “La casa está en la Zona B y tengo todos los permisos. Están intentando apoderarse de la Zona B, especialmente de las casas de las afueras”.

Frente a uno de los asentamientos hay una pequeña cabaña que en su día sirvió como centro agrícola dirigido por el narrador e investigador palestino Hamza Al-Aqrabawi, quien se ahogó en el Nilo durante una visita a Egipto en diciembre. Sus amigos han seguido trabajando la tierra, pero a principios de febrero los colonos los atacaron con gas lacrimógeno. “Bajamos a nuestra tierra y un colono entró en la zona y nos roció con gas lacrimógeno”, dijo Abdullah Diriyeh, de 39 años. “Llegó el ejército, pero no hizo nada”.
A las afueras de Aqraba se encuentran los restos de la aldea de Yanoun, un sombrío presagio de lo que los colonos esperan hacerle a la localidad. Yanoun, que consistía en estructuras de piedra centenarias con olivares a los que se accedía a través de Aqraba, se encuentra dentro de la Zona C. Durante dos décadas, sus residentes soportaron la violencia de los colonos que vivían en el asentamiento de Itamar –establecido en 1984– y sus puestos avanzados. A principios de la década de los 2000, activistas internacionales mantuvieron allí una presencia protectora las 24 horas del día.
El pasado diciembre, tras meses de acoso intensificado y restricciones de circulación, las familias que quedaban se marcharon. Para entonces, los asentamientos secundarios habían rodeado completamente la aldea; los colonos se habían apoderado de los edificios agrícolas, habían izado banderas y bloqueado el acceso a los olivares.
Los soldados dijeron a los activistas que la carretera de acceso –situada en la Zona B– era una “zona militar cerrada o área de seguridad, y que la entrada a la propia comunidad estaba prohibida”.

“Están actuando según un mapa”: Sinjil
En la localidad de Sinjil y en las cercanas Al-Mazra’a Ash-Sharqiya y Al-Sharqiya, los residentes describen una secuencia de acontecimientos que les resulta familiar: en abril de 2025, los colonos establecieron un puesto avanzado en una colina estratégica junto a la Ruta 60 –terreno privado que se encuentra dentro de la Zona B– y comenzaron a atacar.
Los colonos bajan a Sinjil casi a diario, atacando a palestinos e incendiando casas y vehículos. El mes en que se estableció el puesto avanzado, Wael Ghafari, de 48 años, murió de un ataque al corazón tras inhalar humo y gas lacrimógeno cuando llegaron los soldados y hicieron retroceder a los residentes que habían acudido a defender sus tierras.
A principios del verano, los colonos habían trasladado el puesto avanzado a la cercana zona de Jabal Al-Batin, situada en la Zona A. En julio, cuando los residentes de Sinjil salieron a enfrentarse a un grupo de 30 colonos que se acercaban al pueblo desde el asentamiento, estos comenzaron a atacarlos. Sayfollah Musallet, un ciudadano estadounidense de 20 años, fue golpeado hasta la muerte; testigos presenciales afirmaron que permaneció herido durante horas, ya que el ejército impidió que los paramédicos llegaran hasta él. La segunda víctima, Mohammad Razek Hussein Al-Shalabi, de 23 años, fue abatido a tiros, y su cuerpo fue hallado esa misma noche en unos olivares cercanos. Su familia afirmó que el cuerpo presentaba heridas de bala, signos de estrangulamiento y hematomas.
Las fuerzas israelíes han desmantelado en varias ocasiones el puesto de avanzada sin nombre situado cerca de Sinjil, pero los colonos lo reconstruyeron rápidamente. Al mismo tiempo, el ejército israelí erigió una valla de alambre de púas a lo largo de la Ruta 60 a principios del año pasado, convirtiendo Sinjil en una prisión al aire libre. Para los residentes del interior de la aldea, la valla ha aislado 8.000 dunams [800 hectáreas] de sus tierras, mientras que decenas de hogares palestinos al otro lado de la valla han quedado más expuestos a los ataques de los colonos.
El activista Ayed Ghafari declaró a +972, Local Call y The Nation que los colonos parecen estar “actuando según un mapa, con el fin de aislar las aldeas palestinas y convertirlas en islas aisladas”. La estrategia, dijo, no distingue entre las zonas A, B y C. “Vacían la tierra y se la apropian. Entre cada distrito hay un bloque de asentamientos. En Cisjordania, cada aldea se ha convertido en una prisión para sus residentes”.
“En el 80 % o el 90 % de los casos”, explicó, “el ejército hace el trabajo por los colonos”, normalmente llegando al lugar de un ataque de colonos y emitiendo inmediatamente una orden de zona militar cerrada. “Al mismo tiempo”, continuó, “permiten a los colonos entrar por caminos secundarios, traer material y construir viviendas. Pero si los palestinos intentan llegar a la zona, el ejército les bloquea el paso”.

La valla que divide en dos la aldea cisjordana de Sinjil, al norte de Ramala, 25 de junio de 2025. (Mohammad Ghafri)
“Me quemaron y me destrozaron”: Afueras de Ramala y Nablus
A solo unos kilómetros del centro de Ramala, los colonos han estado estableciendo activamente nuevos asentamientos. En terrenos palestinos de propiedad privada entre la localidad de Silwad y la aldea de Yabrud, los colonos establecieron un asentamiento a principios de 2025 que detuvo la construcción de un barrio palestino previsto, obligando a varias familias que habían vivido allí durante años a marcharse. El terreno también se encuentra en la Zona B.
Para los agricultores palestinos de estas dos comunidades, el asentamiento ha cortado de hecho el acceso a gran parte de sus tierras. Durante la cosecha de aceitunas del año pasado, se vio a jóvenes colonos conduciendo libremente por el centro de Yabrud. A lo largo del camino de tierra que conduce hacia la obra abandonada, un coche calcinado marca el lugar de un ataque anterior.
Después de que los colonos bloquearan la entrada a las tierras de un agricultor —una parcela heredada de su abuelo—, este no pudo visitarla durante casi un año. “Cuando llegué, los colonos se llevaron mi coche”, contó a +972, Local Call y The Nation. “A otros les quemaron seis vehículos aquí. Ahora la gente tiene miedo de venir”.
En octubre, cerca de Nablus, los colonos establecieron otro puesto de avanzada en terrenos de la Zona B pertenecientes a la aldea de Kafr Qaddum y a la localidad de Beit Lid. Ya se han producido varios incidentes violentos.
Al comienzo de la cosecha de aceitunas en octubre, los colonos agredieron a Hikmat Al-Shteiwi, un agricultor de 51 años de Kafr Qaddum, y prendieron fuego a su vehículo. Fue hospitalizado con una fractura de cráneo compleja y una hemorragia cerebral, y pasó unas dos semanas sedado y conectado a un respirador.

“Me quemaron y me destrozaron”, contó Al-Shteiwi a +972, Local Call y The Nation, describiendo el ataque desde su casa, donde ahora se encuentra en una silla de ruedas, mientras su hijo le ayuda a beber agua.
Había ido a cosechar aceitunas a su terreno cuando un grupo de unos diez colonos se abalanzó sobre él con palos y piedras. Primero le golpearon, luego le arrastraron hasta el coche, al que procedieron a prender fuego. “Intenté salir, pero no pude”, recordó. “Estuve a punto de morir. Estuve en cuidados intensivos durante 16 días. Mi familia esperaba la noticia de que había fallecido, pero sobreviví”.
Ahora, su familia debe ayudarle con los movimientos más básicos. “No puedo hacer nada por mí mismo; tienen que levantarme, moverme, bañarme, cambiarme de ropa”, explicó.
Su pariente, Abd Al-Rahman Al-Shteiwi, de 56 años, también fue atacado. “Los colonos me rociaron con spray de pimienta y me golpearon con porras, pero logré escapar”, contó a +972, Local Call y The Nation. “Encontramos a [Hikmat] media hora después en el coche, inconsciente y sangrando por todas partes. Los colonos pensaron que estaba muerto, así que lo dejaron allí. El asiento del coche estaba quemado; habían arrancado la espuma para que ardiera más rápido”.
Semanas más tarde, el 11 de noviembre, colonos de la zona incendiaron camiones, campos de cultivo y varios edificios, incluida una fábrica de productos lácteos perteneciente a la empresa Al-Juneidi en Beit Lid, que da empleo a miles de personas en toda Cisjordania. Los soldados también fueron atacados durante el incidente, lo que provocó brevemente una indignación pública en Israel por la violencia de los colonos antes de que la atención se desvaneciera.
Aunque el asentamiento fue evacuado oficialmente el mes pasado, los colonos siguen visitando el lugar casi a diario. Como señaló Al-Shteiwi, los residentes han sufrido mucho por intentar aferrarse a su tierra. “Pagamos un alto precio. A los jóvenes les rompieron huesos; muchos de nosotros acabamos en el hospital. Pero estamos preparados para eso con tal de proteger la tierra y eliminar el asentamiento de aquí”.
En respuesta a nuestra investigación, la Administración Civil israelí nos remitió a la declaración del ejército y añadió que no tiene ninguna responsabilidad sobre la Zona B, afirmando: “La autoridad para las decisiones de aplicación de la ley allí recae en el Mando Central”.
En una declaración a +972, Local Call y The Nation, la Policía de Israel dijo: “Nos gustaría destacar que las fuerzas policiales operan en virtud de su autoridad en la región de Judea y Samaria [Cisjordania], y su entrada en las Zonas A y B solo está permitida con escolta militar. Por regla general, al recibir una denuncia en la comisaría, las fuerzas, junto con las fuerzas de las FDI, se desplazan al lugar de los hechos, recogen testimonios y recogen pruebas y hallazgos, y se abre una investigación para aclarar las circunstancias del incidente”.
“Actualmente se está llevando a cabo un comando de misión conjunta entre los organismos pertinentes, cuyo objetivo es frustrar y prevenir incidentes de violencia extremista en la región de Judea y Samaria”, continuaba el comunicado. “Esto va en paralelo a la actividad decidida e intensificada para detener, interrogar y llevar ante la justicia a quienes atentan contra la seguridad en la región. La Policía de Israel continuará esta actividad con todos los medios a su alcance con el fin de mantener la seguridad y la protección de la población”.

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