
– La entrada de Ansar Alá se limita, por ahora, al frente de Israel – Los países del golfo Pérsico temen un ataque desde Yemen – Los hutíes podrían bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, poniendo más presión sobre la economía mundial |
La entrada de Yemen en el conflicto indica que éste se está moviendo hacia una fase más extensa y de mayor riesgo, caracterizada por crecientes expectativas de una invasión terrestre de Estados Unidos y una mayor presión tanto sobre la economía global como sobre el régimen de no proliferación nuclear.

La decisión de Ansar Alá se ajusta a esta nueva realidad. Busca calibrar los riesgos de escalada señalizando que existe voluntad de continuar ampliando la guerra, pero por el momento deja fuera las dos palancas de escalada más peligrosas: un ataque a las monarquías del golfo Pérsico y un cierre del estrecho de Bab el-Mandeb.

Indica que la defensa aérea israelí se encuentra exhausta, y tendrá graves dificultades para frenar ataques en tres frente coordinados. Esto permite que los misiles yemeníes, de peor calidad, tengan mayor éxito.
También impone mayores costes operacionales sobre una fuerza aérea israelí y estadounidense sobreextendida y que tendrá dificultades para gestionar el bombardeo simultáneo de tantos frentes diferentes con grandes distancias entre sí.
Ansar Alá se guarda su mejor carta de disuasión. La geografía otorga a Yemen un poder real al darles la capacidad para atacar objetivos y perturbar las rutas marítimas alrededor de la península Arábiga y el mar Rojo, algo que ya hicieron en apoyo de Palestina tras el 7 de octubre de 2023.

Al igual que Irán en Ormuz, Ansar Alá controla el estrecho de Bab al-Mandeb, un punto estratégico con repercusiones globales. Las rutas de exportación saudíes desde Yanbu, tanto hacia el norte, en dirección a Suez, como hacia el sur, a través del mar Rojo, sufrirían inmediatamente interrupciones.
Fuente: Descifrando la Guerra

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