
De El Salto
Pasado el 8 de marzo, os recomendamos dos obras que dialogan desde tiempos distintos pero con una misma urgencia: desmontar los relatos que han relegado y relegan a las mujeres a los márgenes
El primero revisita la prehistoria para cuestionar la idea de que la violencia y la jerarquía masculina fueron el motor inevitable de la humanidad; el segundo analiza cómo el odio se convierte hoy en estrategia política para frenar avances en igualdad.
Juntos, trazan una línea que va del borrado histórico a la reacción violenta y organizada contra el feminismo contemporáneo, recordándonos que la lucha feminista no solo exige derechos en el presente, sino también recuperar la memoria y disputar el sentido mismo de lo humano.
Empezamos con un cómic sobre la imagen de la mujer en la Edad de Piedra que no pretende dibujar la verdad definitiva sobre la sociedad primitiva, pero sí una perspectiva que comparten los investigadores actuales y que hasta ahora ha estado infrarrepresentada en la percepción general.
La mujer como lo humano. Al principio de la historia

Un ensayo gráfico poderoso, documentado y visualmente deslumbrante que invita a repensar nuestra historia desde sus cimientos, al combinar los resultados científicos, desde la arqueología hasta la paleontología, con la narrativa artística y la claridad visual que caracterizan al cómic para mostrar que el papel de la mujer en la historia de la humanidad ha permanecido, en gran medida, intencionadamente invisible.
Y seguimos con una obra que analiza la actualidad: la periodista y activista feminista argentina Luciana Peker acaba de publicar su último libro, en el que aborda la deriva misógina de su país como marco que la ultraderecha aspira a extender también en España a través de los estrechos lazos entre el presidente argentino, Santiago Abascal e Isabel Díaz Ayuso. Lazos que, a su vez, viven espoleados e inspirados por Donald Trump. Un engranaje del odio que gana una elección tras otra.
La odiocracia. Al fondo a la derecha

Luciana Peker analiza la obsesión de la nueva extrema derecha por destruir los avances de la cuarta ola feminista y con erradicar las políticas sociales. Frente a esta internacional del odio, los feminismos populares, potenciados desde el sur global, ofrecen reparación, se organizan para protestar y ayudan a imaginar un mundo que no sea un charco de violencia, sino un lugar de encuentro.
Fuente: El Salto

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