Alemania no nos sirve de referencia política positiva: no hay más que ver su historia desde la unificación de 1870. Desde entonces todo ha sido enhebrar una agresión con otra y un exhibicionismo dañino y arrogante que fue haciéndose consustancial a partir del control político por Bismarck (1852), con la ambición expansionista territorial como rasgo esencial de su política exterior.