Me fijaré, porque así me place, en la extraña pareja que centra buena parte de la atención sobre estos movimientos, la formada por Irene Montero y Gabriel Rufián, es decir, la primera figura de Podemos, grupo en avanzado estado de extinción, y el portavoz parlamentario de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), figura caracterizadamente contradictoria y algo patética.