
Por Eleanor J. Bader
Escritora independiente afincada en Brooklyn, Nueva York, que se centra en temas sociales nacionales y movimientos de resistencia.
La fundación, clave en la hoja de ruta de Trump, busca eliminar guarderías, deportar a las cuidadoras migrantes y recortar todas las prestaciones. El objetivo es impedir a las madres tener un trabajo remunerado

La Fundación Heritage, autora de la hoja de ruta del Proyecto 2025 que orienta la agenda legislativa de la segunda administración Trump, ha presentado una nueva plataforma política repleta de ideas que buscan alejar a las madres del mercado laboral remunerado.

El pasado enero, la organización ultraconservadora publicó un informe de 168 páginas titulado “Salvar a Estados Unidos salvando a la familia: una base para los próximos 250 años”, en el que se sugiere que las mujeres estadounidenses han recibido un trato injusto debido, en gran parte, a las feministas contemporáneas que, según argumenta el grupo, tratan “el matrimonio y la maternidad como trampas creadas por los hombres, y no como dones de Dios”.

También se culpa a los programas de prestaciones sociales de incentivar la “maternidad fuera del matrimonio” y de hacer posible que las familias críen a sus hijos sin necesitar a un hombre como sostén económico. Ante esto, la solución de Heritage es animar a la gente a casarse pronto, y para ello proponen llevar a cabo políticas concretas: reducir la disponibilidad de ayudas económicas para la universidad; recortar los programas de bienestar social, incluida la guardería subvencionada, de los que dependen las familias; y ofrecer prestaciones materiales limitadas a quienes tengan hijos pronto y con frecuencia.
Tanto a los defensores de políticas familiares progresistas como a las feministas les preocupa que, si la administración trata el informe de la Fundación Heritage como una hoja de ruta para la política –como ya ha ocurrido con el Proyecto 2025–, los recortes podrían complicar un panorama de cuidado infantil que ya de por sí es problemático y complejo. Esto se sumará a la agenda de la ultraderecha que incluye reforzar su fervor antiinmigrante y recortar las redes de seguridad, lo que empujará tanto a los padres como a las trabajadoras de cuidado infantil hacia una mayor precariedad.

La realidad de la deportación masiva
Tomemos el plan para deportar a los trabajadores indocumentados, un plan que tendrá un impacto desproporcionado en las trabajadoras de cuidado infantil, así cómo en los padres migrantes y no migrantes que dependen de ellos.
El Consejo Americano de Inmigración (AIC) informa de que, aunque 18,6 millones de trabajadores estadounidenses –el 11,2 % de la población activa– tienen hijos menores de cinco años y necesitan servicios de cuidado infantil para mantener su empleo, la escasez de plazas disponibles, unida al elevado coste de estos servicios, dificulta mucho el acceso. Las estimaciones de la Oficina del Censo sitúan el coste del cuidado infantil entre el 8 % y el 19 % de los ingresos familiares anuales por niño.

Los planes de deportaciones masivas de Donald Trump amenazan con agravar la situación de estas familias porque los inmigrantes constituyen aproximadamente el 20 % de la mano de obra remunerada en el sector del cuidado infantil, ya sea como empleados de guarderías, programas extraescolares o como niñeras en el hogar de un empleador o en guarderías domiciliarias.
“El aumento de las redadas en los lugares de trabajo y las recientes tácticas de aplicación de la ley, que se producen de manera agresiva e indiscriminada por parte del ICE, suponen una amenaza directa para el 30,5 % de los trabajadores de cuidado infantil, que son inmigrantes que carecen de documentación”, informa el sitio web del AIC [Consejo Estadounidense de Inmigración, una organización sin ánimo de lucro que ofrece servicios de asesoría legal a inmigrantes].

Como era de esperar, el AIC señala que esto ha tenido un efecto paralizante en las comunidades locales. Los trabajadores indocumentados tienen miedo de ir a trabajar, los padres indocumentados temen dejar a sus hijos en la guardería y los hijos de los adultos indocumentados que todavía asisten a los programas de cuidado infantil están sufriendo estrés. Además, desde que la administración Trump puso fin a una política que consideraba a guarderías, paradas de autobús, parques infantiles y escuelas “lugares sensibles” protegidos de las redadas de inmigración, la amenaza de que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) irrumpa y se lleve al personal o a los padres de los niños matriculados se cierne sobre todos.
Recortes a todo tipo de asistencia
A esto se suman los recortes draconianos a la red de seguridad social, así como la reducción de las prestaciones, incluyendo el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) y Medicaid.
El informe de la Fundación Heritage se centra en un programa que lleva mucho tiempo en el punto de mira de la administración Trump: el programa Head Start, creado en 1965 durante la “guerra contra la pobreza”, es una intervención educativa que proporciona todo tipo de servicios para la primera infancia. En la actualidad atiende a más de 800.000 niños al año, en su mayoría negros y latinos.
Aunque los esfuerzos del Gobierno por desmantelar Head Start se han visto frustrados hasta la fecha por los tribunales federales, el futuro de Head Start sigue siendo incierto. Lo mismo ocurre con el futuro del Fondo Federal para el Cuidado y el Desarrollo Infantil, la fuente de financiación que proporciona subvenciones en bloque a los estados para que puedan ofrecer subsidios de cuidado infantil a las familias que cumplan los requisitos y vivan con un ingreso igual o inferior al 85 % de la renta media de cada estado. En estos momentos, el Consejo de Relaciones Gubernamentales, un grupo no partidista formado por 230 instituciones de investigación, informa de que una iniciativa similar al “Departamento de Eficiencia Gubernamental” denominada Defend the Spend, autorizada por un decreto ejecutivo de Trump, ha ralentizado las asignaciones a los estados al exigir trámites burocráticos excesivos y redundantes. Como era de esperar, esto ha aumentado la preocupación tanto de los proveedores de cuidado infantil como de quienes necesitan sus servicios.
Además, muchos trabajadores del sector del cuidado infantil se enfrentarán pronto a otro obstáculo, ya que muchos no cuentan con seguro médico a través de su empleador y, en su lugar, dependen de Medicaid o de la ampliación de Medicaid prevista en la Ley de Asistencia Asequible para su cobertura. El Centro para Niños y Familias de la Escuela McCourt de Políticas Públicas de la Universidad de Georgetown advierte de que, para octubre de 2026, un cambio de política hará que más de un millón de refugiados, asilados y víctimas de la trata de personas y la violencia doméstica dejen de tener derecho a Medicaid y al Programa de Seguro Médico Infantil.
Elisabeth Wright Burak, investigadora principal del centro, califica este momento de “delicado” y declaró a Truthout que, debido a la H.R. 1, la llamada “Gran y Hermosa Ley” de Trump, “el universo de inmigrantes con derecho a prestaciones” se reducirá drásticamente en breve.
“Estamos llevando todos los sistemas al límite, pero lo que más me preocupa es el impacto que estos recortes tendrán en los niños”, afirmó Burak. “Los niños pequeños en las guarderías son muy vulnerables, y es fundamental que creen relaciones sanas con sus cuidadores. La inestabilidad en el cuidado provoca un trauma temprano que ni siquiera los niños más pequeños olvidan”.
Un gran número de personas se verá afectado
Pero volvamos a la prestación de cuidados por parte de personas contratadas para realizar ese trabajo, algo que la Heritage Foundation quiere limitar.
Según la Oficina de Estadísticas Laborales, en agosto de 2024 se estimaba que 991.600 personas estaban empleadas en centros de cuidado infantil, trabajaban como niñeras o prestaban cuidados en sus hogares o en el hogar de sus empleadores; su salario medio anual era de 32.050 dólares, o 15,41 dólares por hora.
A pesar de la opinión de la Fundación Heritage, estos trabajadores prestan un servicio esencial. En 2023, los cuidadores a domicilio, el grupo más numeroso de cuidadores, atendieron a 6,4 millones de niños, desde recién nacidos hasta los cinco años, lo que permitió a los padres trabajar a distancia o fuera de casa.
Pero cuando los trabajadores son detenidos por el ICE o deciden abandonar el país por su cuenta, la ruptura puede causar un trauma emocional duradero en los niños, tanto en los que acuden a los centros de cuidado infantil como en los hijos de los trabajadores de guarderías, cuyas vidas se verán gravemente trastornadas por la separación familiar, la deportación o la pérdida de ingresos familiares.
La terapeuta familiar de las Ciudades Gemelas, Carol Hornbeck, declaró a Truthout que cuando una niñera o un trabajador de guardería desaparece de repente, la situación puede ser especialmente intensa para los bebés, los niños pequeños y los niños en edad escolar. “Antes de los siete años, la parte del cerebro que regula las emociones aún no está desarrollada, por lo que cualquier cosa que les resulte angustiante les hace derrumbarse. Aún no pueden autorregularse y podrían sufrir regresiones en la conducta”, dijo. “Tienen la capacidad de echar de menos a la persona, de quererla, pero no comprenden la idea de la permanencia. No necesariamente entenderán que la persona podría no volver”.
Para un niño es aún más traumático perder a un progenitor por deportación o detención. “Cuando se interrumpe un vínculo afectivo primario, es probable que el niño tenga dificultades para confiar a lo largo de su vida. Yo lo veo como un genocidio lento. Si le quitas a una persona sus recursos y luego le quitas su capacidad para recuperarse de la pérdida, es un asesinato del alma”.
Erica Sklar, organizadora principal de Hand in Hand: The Domestic Employer’s Network, una organización nacional que trabaja para garantizar que las trabajadoras domésticas reciban un salario justo y sean tratadas con respeto, afirma que el grupo ha estado trabajando para apoyar a las niñeras inmigrantes y a otras trabajadoras del hogar. “Los miembros de Hand in Hand están haciendo todo lo posible para mantener a las personas a salvo”, declaró Sklar a Truthout. Hay algunas cosas sencillas que todo el mundo puede hacer: conocer las leyes que regulan el trabajo doméstico; ofrecer flexibilidad laboral en cuanto a horarios, cuando sea posible; pedir a la trabajadora que evite bibliotecas, parques y zonas de juego, ya que se ha detenido a personas en esos lugares; y elaborar planes de desplazamiento alternativos en lugar de utilizar el transporte público.
“Generar confianza es clave”, dijo Sklar, “pero lleva tiempo”. También señala que es posible que algunos empleadores no conozcan bien a sus niñeras, “pero ofrecerle ajustar su horario para que pueda evitar estar fuera cuando el ICE está más activo, ofrecerle pagarle por adelantado, o permitirle quedarse en casa si siente que no es seguro salir es un buen comienzo”.
Compartir información de las formaciones de “Conoce tus derechos” también puede ser útil, dijo Sklar. “Algunos empleadores han ayudado a sus trabajadoras a elaborar un plan de emergencia. ¿Quién recogerá a sus hijos y a los niños a los que cuida del colegio si la detienen? ¿A quién hay que llamar en caso de que eso ocurra?”. Sklar también sugiere dejar folletos de “Conoce tus derechos” por toda la casa para informar a las trabajadoras sobre qué decir y hacer si se encuentran con el ICE y que conozcan el tipo de orden judicial que se necesita antes de que se permita a un agente del ICE entrar en una vivienda.
Heather, madre de dos hijos del estado de Washington –pidió que no se utilizara su apellido–, participa activamente en Hand in Hand. Contó a Truthout que una de las primeras cosas que hizo tras contratar a una niñera fue inscribirla en una lista de espera para ver a un abogado de inmigración que trabajara pro bono. También utilizó los contratos modelo de Hand in Hand para redactar uno para ella y la trabajadora, en el que se detallaban el salario y las prestaciones, incluidas las vacaciones pagadas, los días festivos y las bajas por enfermedad. Más tarde, ella y la niñera elaboraron un plan de seguridad por si la detuvieran y la ayudaron a solicitar pasaportes para sus hijos nacidos en Estados Unidos.
Por último, Heather habló con sus hijos sobre la situación de una manera adecuada a su edad. “Básicamente, les dijimos que, como todos queremos a nuestra niñera, queremos que ella y sus hijos puedan vivir en Estados Unidos”, dijo Heather. “Nos pareció importante hacerlo porque, cuando nuestros hijos están con ella hablan español entre ellos, así que no es solo la niñera quien está en el punto de mira”.
La mayoría de las familias que necesitan cuidado infantil no pueden permitirse pagar tanto como la familia de Heather: “36 dólares la hora por 7,5 horas al día, cuatro días a la semana”.
Probablemente esto suene genial para la Heritage Foundation, dado que el elevado coste del cuidado infantil ya ha tenido un impacto perceptible en las madres trabajadoras: la participación en la población activa de las mujeres con estudios universitarios y con hijos menores de 5 años cayó casi un 3 % entre enero y junio de 2025.
“La clave de la grandeza estadounidense en los primeros 250 años sigue siendo la clave de la grandeza estadounidense en los próximos 250 años: la familia”, afirma el informe de la Fundación Heritage. “Los niños se crían mejor en hogares con sus madres y padres casados”, escriben los autores de Heritage. “La familia es la base de la civilización, y el matrimonio –el compromiso entre un hombre y una mujer– es la piedra angular… Sin familias, el país no puede crear empleo significativo ni prosperidad”.
Mientras la Fundación Heritage promueve “salvar a la familia” y arremete contra los nacimientos fuera del matrimonio, las relaciones sin compromiso, el divorcio sin culpa, el acceso relativamente fácil a los anticonceptivos y, sí, el feminismo, el grupo no hace mención alguna a los salarios dignos, al ICE ni al impacto de los recortes en las prestaciones sociales sobre las familias de ingresos bajos y moderados. En cambio, Heritage insta a todo el mundo, desde líderes religiosos hasta profesores, a enseñar a los jóvenes “que graduarse en el instituto, casarse y tener hijos –en ese orden– es una garantía casi segura de éxito en la vida”.
Fuente: Ctxt

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