ALICIA DEL RÍO / PORTAVOZ DEL SINDICATO DE INQUILINAS: “Es un ultimátum: quien gobierne tiene que tomar medidas de vivienda. Si no, el conflicto escalará”

Elisa Mora Andrade
Elisa Mora Andrade

Entrevista de Elisa Mora Andrade

Graduada en Ciencias Políticas.

Nos encontramos con Alicia del Río (Valladolid, 1993) en la Librería Mujeres, un espacio a pocos metros de la Puerta del Sol que se ha puesto a disposición de los acampados para descansar, refugiarse de la lluvia o cargar los móviles.

Alicia del Río.
Alicia del Río.

Del Río llega con prisas y empapada, le ha pillado la tromba de agua que cae sobre Madrid.

Durante la conversación, Del Río reflexiona sobre la movilización de las últimas dos semanas que ha conducido a la acampada de Sol y a la convocatoria conjunta de la huelga general que tendrá lugar el 11 de noviembre. Puedes ver la entrevista completa en vídeo aquí.

El Sindicato de Inquilinas propone que la huelga general por la vivienda sea el 11 de noviembre.
El Sindicato de Inquilinas propone que la huelga general por la vivienda sea el 11 de noviembre.

Ha contado en alguna ocasión que trabajó varios años como orientadora con chicos de secundaria y tuvo contacto con familias afectadas por desahucios y problemas relacionados con la vivienda. ¿Es eso lo que le impulsó a afiliarse al sindicato y a movilizarse?

No, realmente yo había empezado a seguir al sindicato porque vivía en Lavapiés y, en el camino hacia mi escuela de improvisación teatral, veía los bloques en lucha del sindicato y me quedaba mirando las pancartas y decía, ¿qué está pasando? En la calle que lleva al teatro había dos bloques en lucha, amenazados de expulsión en 2019. Allí fue la primera vez que me acerqué a la asamblea y me afilié, pero no empecé a militar. Todavía estaba opositando para ser profe y no me enganché, o no me engancharon, que digo yo.

Ya cuando obtuve mi plaza de orientadora para trabajar y me relajé con eso empecé a militar y a la vez empecé a ver el drama de la vivienda en el instituto. El momento en el que se me partió el corazón y me di cuenta de que había que unir ambos mundos fue cuando a una alumna, cuyo caso llevaba yo –era un caso complejo, que había tenido incluso intentos de suicidio–, de golpe la desahuciaron y yo no me había enterado de nada. Era una alumna a la que veía con asiduidad y me quedé flipando… Yo era del sindicato, acababa de empezar a militar en vivienda, era orientadora, había acompañado a esta alumna y de repente la habían desahuciado y solo me enteré porque llegó tarde y hecha polvo. Ahí pensé que teníamos que llevar la lucha de la vivienda a todos los lugares y también a la educación, como profesionales educativos.

Parece que tras la manifestación del sábado 26 de septiembre empezaron a surgir tiendas de manera espontánea en Sol, pero ¿cómo se gestó el inicio de la acampada?

(Ríe) No sé cuánto me dejan contar… Había muchas voces tanto dentro del sindicato como fuera que decían que el estallido estaba siendo tan fuerte que no podía ser una manifestación y ya, que teníamos que escalar, y entonces empezó a haber voces reclamando que la única manera de escalar era acampar, acampar en Sol, y no tanto porque nos llevara al 15M, porque en realidad no queríamos retrotraernos a ese momento, sino también por poner el foco en Ayuso. Le hemos dado mucha cera al Gobierno progresista, como es necesario, pero no se nos podían olvidar las políticas de la Comunidad de Madrid…

Ahí ciertas personas decidieron acampar y en cuanto vimos que lo habían hecho publicamos el apoyo total a la acampada y empezamos a correr por la manifestación diciendo “todas a Sol, todas a Sol”, y la gente: “Las de inquilinas van a Sol, sí, sí, todos a Sol”, y ahí ya aparecimos y empezó a llegar gente con tiendas de todas partes.

¿Esperaban ese resultado o pensaban que sería algo más minoritario?

Fue así porque la gente quería mucho más que una manifestación. Igual que habíamos visto que en la mani del día que desahuciaron a Maricarmen, que fue loquísima, todo el mundo tenía una rabia en el cuerpo, unas ganas de mostrar que esto había sido la gota que había colmado el vaso, que cortamos la Castellana, que se hizo retroceder a la policía con una fuerza increíble… Fue ultraempoderante. Entonces fue una apuesta: vamos a tirar y a ver qué pasa. Había mimbres para que fuera algo tocho. Ahora bien, todo el mundo coincide en que el nivel de desborde nadie lo hubiera podido imaginar. Lo que hemos visto en la acampada no estaba en la cabeza de nadie.

El sábado 3 de octubre decidieron abandonar la acampada paulatinamente porque, en sus palabras, tenían que volver al “arduo trabajo del sindicalismo”, y comentaron que la acampada ya se sostenía sin ustedes. ¿Cómo es la relación con los otros colectivos que siguen acampados en Sol y con sus compañeras del resto de ciudades que siguen acampadas?

Esto fue un debate complicado porque nosotras necesitábamos salir de la acampada para poder volver al trabajo del sindicalismo inquilino, que se hace en los barrios, y para construir la huelga general. A la vez, pensábamos que esa cosa tan maravillosa que es la acampada de Sol no podíamos deslegitimarla, ni mucho menos desconvocarla, porque además ya nos trascendía. Queríamos hacerlo de la mejor manera posible y la verdad es que los medios han sido incapaces de comprender ese mensaje y sólo veían “ah, entonces os vais”. “Se van”. “Ah, no, os quedáis”.

Ahora ya empieza a calar que nos consideramos un colectivo más de la acampada, porque ha ido creciendo y hemos ido cediendo espacio, tanto de la infraestructura como de la comida o la convivencia. Y lo mejor de todo es que cuando tú cedes la gente es maravillosa y excede lo que tú habías estado haciendo, porque viene gente con ganas, con creatividad. Esto también lo hacemos en el sindicato, cuando vamos a un bloque en lucha porque van a expulsar, al principio les contamos los planes, las herramientas que tenemos y les vamos acompañando. Cuando empiezan a ser autónomos, el sindicato desaparece porque ellos ya son sindicato, ya tienen esas herramientas. Entonces vamos a otra parte, porque lo que nosotras queremos es construir una organización de masas que practique este sindicalismo inquilino, que practique este poder popular, que pueda de verdad arrodillar al rentismo. Esto requiere muchísimo trabajo.

¿Qué presencia tenéis ahora mismo en la acampada?

Participamos en la asamblea general y estamos ahí cada vez que hay algo importante, como cuando dicen que vienen los nazis, lo movemos en redes porque sabemos que tenemos un altavoz que no todo el mundo tiene. Pero también consideramos que estirar por estirar la acampada podría tener efectos muy perjudiciales. Cada vez hay más ataques ultras, más caos, porque hay gente que quiere perturbar y empieza a necesitar un nivel de gestión que te impide hacer política porque estás preocupada por lo que está pasando ahí. Nosotras pensamos que Sol ahora mismo ha dado todo lo que tenía que dar. Pero Sol no se apaga, Sol se extiende y lleva esa chispa increíble a cada barrio, a cada centro de trabajo y allí adonde tú vayas, a tu asociación de vecinos o al AFA (Asociación de Familias de Alumnado) de tus hijos, lleva esa chispa y construye poder popular en la línea que hemos visto estos días.

La huelga ya está convocada, aunque sin fecha [la fecha de la huelga se ha fijado para el 11 de noviembre, después de hacer esta entrevista]. A partir de ahora, ¿tienen pensado seguir coordinados con esos colectivos, con los nodos territoriales que se han creado en la acampada para llevar a cabo algún hito hasta el día de la huelga?

Con algunos de los colectivos que están en Sol ya tenemos nuestra coordinación que venía de antes, con la parte del movimiento de vivienda y del sindicalismo combativo, con los que sacamos el comunicado hacia la huelga y con determinados sectores como profesores, bomberos, etcétera. No sé cómo va a ser exactamente con la acampada, porque es verdad que, aunque ha surgido un sujeto “acampada” para gestionar lo que pasa allí, nuestra visión es que la fortaleza de la acampada son las organizaciones que hay allí con sus estructuras, sus trayectorias, sus planes, su estrategia. El contexto es muy complicado y pide organización, ser muchas, ser capaces de actuar coordinadamente para que la huelga general pueda ser una cosa potente.

¿Les da miedo que esa “chispa” que ahora está en la calle se diluya de aquí a la huelga? ¿O piensan que con ese trabajo en los barrios se puede mantener?

Es una pregunta que hay que considerar y es un miedo comprensible, pero eso es en lo que tenemos que trabajar. ¿Cómo mantenemos ahora un ritmo que combine la parte de organización con la parte de movilización? Eso también lo hemos hablado mucho en el sindicato. Volvemos a los barrios, pero no volvemos como volvíamos antes. Tenemos que saber integrar lo mejor de lo organizativo, que sea estable, que tenga estructura y que tenga una estrategia con el modo movilización en el que hemos empezado desde el día del desahucio de Maricarmen. Y ese ritmo no puede parar hasta el día de la huelga general como mínimo.

Ayer [el 5 de octubre] hubo desborde en todas las asambleas del sindicato, había muchísimas personas que querían participar y esas asambleas ni siquiera las publicitamos, son las habituales. Hay que mantener ese desborde y también se habló mucho de que, igual que Maricarmen es lo que nos ha permitido aglutinar a un montón de gente que se ve reflejada en esa abuelita y contra ese rentismo despiadado, hay que seguir potenciando nuestros propios conflictos, que son los que hacen avanzar a la sociedad, porque es cuando se ve el enemigo y al sujeto en el que se aglutina. Tenemos muchas ganas de que en las próximas semanas nuestros conflictos colectivos e individuales sigan avanzando con acciones directas, con acciones que señalen al capital concreto, dónde está el capital rentista para seguir viendo que hay más maricármenes, que no es sólo el desahucio, que es también cuando te llega el burofax. El desahucio empieza en el momento en que te llega el burofax y es ahí cuando empieza a mermarse nuestra salud, nuestra educación y todos los derechos, porque tu vida se ve totalmente destrozada. Queremos seguir incidiendo ahí.

Dicen que el poder popular ha abierto un nuevo ciclo en el que el derecho a la vivienda se va a conquistar desde las calles, pero ¿cómo se conjuga esto con la política y la legislación institucional? Ese poder popular está haciendo en una semana mucho más que un Gobierno en años, pero eso se tiene que trasladar a la institución.

Yo entiendo la pregunta de la gente de “poder popular, pero luego la ley la hacen los señores diputados”. No podemos estar esperando a que se vote una cosa en las elecciones y que luego esos diputados lo quieran hacer. Y eso es lo que hemos visto. El PSOE no quería sacar los contratos indefinidos, no lo quería. Ni quería sacar tampoco el otro decreto. Llevábamos desde 2023 pidiendo que arreglaran los agujeros de la ley de vivienda. Ese texto estaba presentado no sé si desde 2023 o 2024, y Pedro [Sánchez] decía continuamente que lo iba sacar y no lo sacaba. Ni Sánchez ni Sumar han hecho nada por mover ficha. El Gobierno progresista no estaba haciendo nada. ¿Y cómo conseguimos que se metieran en el Consejo de Ministros los dos reales decretos? Por la fuerza de la calle. Por las manifestaciones, por la acampada, por dominar el relato mediático y estar en todas las teles generando sentido común. Ver que somos millones de personas es lo único que hace que Pedro Sanchez, la ministra, el Consejo de Ministros diga que hay que meter esos textos. Eso es una victoria del poder popular y así es como se traduce el poder popular en las leyes. Luego los ha tumbado la derecha, pero hemos visto que el poder popular ha conseguido torcer el brazo a los diputados de Sumar, de Podemos, BNG, Bildu y PSOE. Pues vamos a acumular más poder popular para también torcerle el brazo a la gente de la derecha. Una huelga masiva e histórica también puede forzar a todo el mundo, sea de un partido o de otro. Vamos a hacer ahora mucho esfuerzo también pedagógico. Porque son cosas complicadas de entender, ya que ha habido un borrado histórico sobre cómo se han conquistado los derechos de la clase trabajadora. Porque realmente esto no es nada nuevo, aquí no hemos inventado nada. El poder popular es más antiguo que la tana; la jornada de ocho horas se consiguió así, por ejemplo. No había un partido que la defendiera, nadie del Parlamento la quería; bueno, quizá unos pocos.

Pero la huelga general de La Canadiense –que también empezó por una chispa, por el despido de mala manera de unos obreros– recibió la solidaridad de toda la ciudad, se consiguió un poder popular que fuerza a firmar lo que se estaba reclamando.

La ‘Huelga de la Canadiense’.
La ‘Huelga de la Canadiense’.

Eso es lo que estamos diciendo ahora, que no vamos a esperar a que los diputados estén de acuerdo. Vamos a generar un poder popular fuerte basado en la solidaridad de todos los sectores trabajadores, inquilinos, propietarios, jubilados, y con toda la gente de esa mayoría social vamos a parar el país hasta que se avance en las medidas que estamos pidiendo. Pero sí, creo que falta pedagogía porque nos han borrado el sindicalismo de la cabeza y la gente piensa que el sindicalismo es afiliarte, que te den un calendario y que, si tienes un problema, viene un abogado y te ayuda… Y eso es una vergüenza para el pasado sindical que ha habido en este país y en todo el mundo. Gracias a ellos tenemos derechos.

Parece evidente que los decretos que se han enviado a la Diputación Permanente son una victoria de la movilización y del poder popular, pero el PSOE se lo va a apuntar como el primer tanto de la campaña. ¿Cómo les sienta esto?

Los partidos siempre intentan capitalizar todo lo que pueden y desde luego Pedro Sánchez es un maestro de ese arte. Es evidente que va a intentar apropiarse de todo. Lo sabemos, y por eso lo que vamos a seguir haciendo desde nuestros altavoces, sean mediáticos o en la calle, en el puerta a puerta, en las asambleas y en los actos, es seguir transmitiendo nuestra lectura: que esto ha sido sólo únicamente gracias al poder popular. Y seguiremos también con las críticas afiladas al Gobierno progresista siempre que podamos. Hay gente que se enfada y piensa que le hacemos el juego a la derecha, pero no. Aquí hay que decir la verdad, sobre todo porque no queremos que avancen los fascistas. El Gobierno de Pedro Sánchez no ha hecho nada en ocho años; ni en la estabilidad de los contratos, ni en arreglar los agujeros de la especulación que dejó su partido, que eso es demoledor, es incontestable. No han querido tampoco recuperar nada de la vivienda pública que está en manos de fondos buitre, hay tantas cosas sangrantes que ha hecho el Partido Socialista, que es un partido rentista… Les criticamos tanto a ellos como a Sumar, Podemos o los que estuvieron en las últimas legislaturas y no hicieron nada por evitarlo. Tenían un cargo, un altavoz y unas posiciones que no han utilizado hasta que no ha llegado un Sindicato de Inquilinas con un movimiento popular, con un estallido, con un caso sangrante como el de Maricarmen.

Mencionaba el avance de la extrema derecha. Las encuestas dan una mayoría a la derecha y ultraderecha. ¿Qué papel quieren jugar en la campaña? ¿Van a pedir a sus afiliados que voten a alguien, o que vayan a votar?

Nosotros no decimos que nos da igual quién gobierne; decimos que, gobierne quien gobierne, sigue adelante el plan del poder popular. Pero evidentemente nosotras siempre hemos dicho que hay que parar el fascismo. Creo que la tarea histórica más importante que tenemos es parar el fascismo. Porque si gobiernan los fascistas se acaban los derechos, la represión va a ser tal, la violencia contra nuestras compañeras migrantes y racializadas va a ser tal que la lucha va a ser muy complicada. Y lo que pensamos es que parar al fascismo se hace con el sindicalismo, no se hace diciendo que vamos a apoyar a Pedro Sánchez o a tal otro. Pensamos que el mejor antídoto para el odio es lo que se construye en el sindicalismo de base. A nuestras asambleas viene gente muy diversa, un universitario porque se le acaba el contrato o porque no le devuelven la fianza, esa mujer marroquí que ha sufrido una estafa y la van a desahuciar en unos meses. Gracias a ese encuentro, la gente entiende que forma parte de lo mismo; evidentemente la persona migrante está mucho más jodida y tiene muchas más leyes que la oprimen, pero todos somos víctimas del sistema rentista, incluso gente propietaria. Es ahí, en ese encuentro, donde el odio desaparece y aparece el amor y la esperanza. La ultraderecha ha avanzado mucho más de lo que querríamos porque ha habido un malestar al que no se le ha dado respuesta, y ahí tendrá que reflexionar el Gobierno progresista. Es una barbaridad no resolver los problemas de la ciudadanía y salir por la tele diciendo “qué bien va a España, qué bien los salarios que los hemos subido, qué bien el PIB”. Ese malestar ha sido un caldo de cultivo que ha capitalizado la extrema derecha. Nosotras pensamos que tenemos que hablar con todo el mundo, salvo con las cúpulas de los partidos fascistas, que no hay nada que hablar con ellas. Incluso con esos grupos de mierda que nos mandan a la acampada que yo no digo nunca ni su nombre. La gente trabajadora tenemos que hablar con ellos. No podemos darlos por perdidos. Si tú ves un trabajador en el bar, en el colegio de tus hijos, en la cola esperando al pediatra y tiene ideas reaccionarias, tienes que hablarle de trabajador a trabajador y mantener la esperanza, porque si no, nos vamos a un escenario guerracivilista. Yo tengo esperanza en que un montón de chavales que están confundidos y que están mirando donde no tienen que mirar, los vamos a recuperar porque eso es lo que entiende el sindicalismo y el trabajo de base, que la gente corriente que experimenta malestar somos capaces de unirnos en torno a un proyecto común de mejora de nuestras condiciones. Por eso no vamos a entrar en la campaña electoral, de hecho nos va a arrollar mediáticamente, nos va a costar mucho más tener ese espacio. Pero confiamos en que la mejor manera de intervenir en esa campaña electoral para que no gobiernen los fascistas es construir un poder sindical fuerte que pueda avanzar en derechos y mantenga a la gente unida frente a los discursos de odio y que dé esperanza. Lo mejor que ha pasado estos días es que la gente viene con los ojos llorosos, desde gente de 20 años a gente de 80, diciendo “por fin vuelvo a creer, por fin vuelvo a tener esperanza, gracias”.

La huelga de alquileres es una propuesta que lleva años encima de la mesa, pero ahora se han centrado en esta huelga general. ¿Son compatibles o se ha dejado una de lado? ¿Cómo ha sido el trabajo con los grandes sindicatos que se van a sumar a esta huelga general?

Ambas huelgas estaban en las hojas de ruta que habíamos pensado en nuestras plenarias, tanto a nivel Madrid como confederal, con Cataluña sobre todo y con el resto de sindicatos que se han ido conformando. Pensamos que en todo hay que tener una mirada larga y que la estrategia nos ayuda a avanzar. Muchas veces no podemos controlar los tiempos de lo que pasa y también hay que hacer las paces con eso. Estamos muy orgullosos de haber vuelto a poner la herramienta de la huelga de alquileres sobre la mesa, porque la mitad de la población no sabía que existía y hay que explicar que huelgas de alquileres las ha habido en el siglo XX en España, las ha habido en Londres… Que la huelga de alquileres contra La Caixa triunfara en Cataluña ha sido un precedente que ahora está en el imaginario colectivo y hay mucha gente que dice que a ver cuándo dejamos de pagar alquileres. Eso está sobre la mesa, pero también pensamos que teníamos que fortalecer nuestras alianzas con el sindicalismo laboral, que eso era prioritario. Me estoy refiriendo al sindicalismo de clase combativo, que son con quienes trabajamos, con quienes nos entendemos y con quienes tenemos un camino de sindicalismo de base. Hace año y medio tuvimos conversaciones sobre la necesidad de caminar hacia una huelga general, porque salarios y viviendas son dos caras de la misma moneda y porque es una herramienta que no podemos obviar. También queremos que la huelga de alquileres sea una herramienta consolidada, legitimada y que podamos utilizar el poder de las inquilinas para cualquier cosa, no sólo para bajar los alquileres sino para que si no te reparan la ventana, hasta que no te lo reparen no pagas, que sería lo normal, pero en el camino tampoco nos podíamos olvidar de la huelga laboral.

Esas conversaciones fueron fructíferas, y paralelamente tuvimos que hacer los contactos con Comisiones Obreras y UGT. Personalmente me cuesta mucho, porque yo vengo de la educación y hay una relación muy complicada, todos sabemos que a veces ponen piedras en el camino, y no me extiendo más porque porque no me debo extender más. Hay una estrategia por la cual se decide intentar desbordar las cúpulas… No es un tema de que les hayamos convencido, sino que, al generar tal desborde y tal poder popular se ven forzadas a convocar, entendiendo que era bueno para el movimiento porque, al fin y al cabo, no dejan de ser las centrales sindicales que tienen más afiliados en todo el país y la idea de la unidad de acción y de la comodidad unitaria es buena para la huelga.

Esas conversaciones con los grandes sindicatos se habían tenido, menos y con otra forma. Pero tras el estallido Maricarmen, las manifestaciones multitudinarias que ha habido y todo lo que ha pasado, que aún no hemos digerido y que no soy capaz de dimensionar, se ha logrado lo que parecía imposible, que las dirigencias de CCOO y UGT se hayan tenido que sumar a la huelga con nuestras reivindicaciones y liderando nosotras con el sindicalismo combativo, incluso la fecha, que será anunciada esta semana.

Los tiempos son curiosos, porque da la impresión de que la convocatoria de elecciones ha ayudado a animarse a los dos grandes sindicatos. ¿Cree que en parte ha sido porque no querían hacerle una huelga al Gobierno progresista?

Eso tendrías que preguntarles a ellos. Evidentemente ellos hacen sus cálculos y tienen sus intereses, pero sí, siempre han sido reacios a hacerle una huelga a un gobierno del PSOE. Es cierto que cuando se han pronunciado ya había convocatoria de elecciones, pero en nuestras declaraciones el sábado [3 de octubre] nos mostramos muy positivas y no teníamos ni idea de qué iba a hacer Pedro Sánchez. Al Sindicato de Inquilinas le gusta la honestidad y no vender humo, y el sábado todas las declaraciones se hicieron sabiendo que CCOO y UGT no podían cerrar los ojos ante el estallido de poder popular que estaba habiendo. Confiábamos en que se iban a sumar, igual lo de las elecciones ha ayudado también… Pero intentad entrevistar a Pepe (Álvarez, UGT) y a Unai (Sordo, CCOO), a ver qué cuentan.

Hay una parte de la población que parece no entender que con las Cortes disueltas y sin un gobierno haya una huelga general. La gente se pregunta a quién se le hace esa huelga. ¿Al Gobierno, a toda la clase política, a la patronal?

Sí, entiendo que haya gente que pueda tener esa esa duda y de hecho queremos explicar esto mejor. Se estaba barajando ya la fecha de noviembre antes de ver si Pedro Sánchez convocaba o no elecciones. Para nosotras no es sólo una huelga contra el Gobierno central. No podemos olvidarnos de las políticas regionales. Están casi todas las competencias transferidas a las comunidades y el PP se salta la ley de vivienda, por muy tibia que sea, vende todo a los fondos especuladores, es espectacular, y el ayuntamiento tampoco hace nada. Por eso la huelga va a hacer reivindicaciones tanto de competencias del Gobierno central como de competencias autonómicas y municipales. Vamos a hacer lo posible porque va a haber comité estatal, comité regional y comité local. Vamos a tener reivindicaciones para todas las administraciones y, desde luego, no vamos a dejar que el Gobierno de Ayuso en Madrid se vaya de rositas con este tema.

Nuestra idea es que vaya dirigida a todas las administraciones, pero también al rentismo y a los poderosos de este país. Al fin y al cabo paralizar el país durante un día va a generar problemas económicos, déficit económico a las empresas, y por eso está Garamendi también muy enfadado en la CEOE.

La huelga tiene que generar déficit económico porque se paraliza la producción, es una huelga que combina todo eso: por nuestros salarios, por nuestros alquileres, por el precio de la vivienda, por este despropósito; contra la clase política que está arrodillada al rentismo. También lo poderoso de hacerlo antes de las elecciones es que gobierne quien gobierne en los primeros días de legislatura se tienen que ver medidas contundentes en materia de vivienda, que son las que se están reclamando ahora mismo en las manifestaciones. La huelga es un ultimátum: gobierne quien gobierne va a tener que tomar esas medidas, y si no, evidentemente, el conflicto escalará, escalará y escalará y ya veremos por dónde escala.

Hablaba de Garamendi… El presidente de la CEOE dice que la huelga es inadmisible y que es ilegal porque la vivienda no es un conflicto laboral. ¿Qué le diría?

Claro, él tiene miedo porque la huelga le va a perjudicar. El salario es lo que paga la vida de un trabajador, si los salarios se los está comiendo la vivienda, sea por alquiler o sea por hipoteca, entonces ¿cómo no va a tener un interés laboral? Está totalmente justificado, además la huelga va a llevar también reivindicaciones salariales. Que se peleen si quieren entre ellos los rentistas y empresarios, porque los empresarios querrán que nos bajen el alquiler para no subir los salarios y los rentistas querrán lo contrario. Nosotras queremos tanto mejores salarios como una vivienda digna que sea asequible para la clase trabajadora. Esa huelga va a estar totalmente legitimada y el señor Garamendi seguirá sacando todos los fantasmas que pueda porque no le hace gracia, por supuesto.

Para terminar. En las últimas semanas han estado muy expuestas y han intentado atarles por su procedencia, por su educación, por su familia… Es una herramienta que ya han usado contra varios políticos de izquierdas para intentar deslegitimar y desmotivar. ¿Cómo lo gestionan? ¿Es más un aliciente para seguir trabajando que algo que desmotive?

Uf… Sabemos que son intentos de deslegitimar al sindicato y la manera más fácil es intentar desacreditarnos a nosotras. No diría que son un aliciente porque no es agradable y, además, yo, que llevo dos días haciendo esto, pues claro que me afecta y no me gusta. Lo que hemos hecho es darnos apoyo entre nosotras, hablar con gente que también lo ha sufrido en otro momento y darnos cuenta de que no tenemos que gastar ni un minuto en eso, no mirar lo que están diciendo, no ver los comentarios, o sea, dejarlo fuera y simplemente saber que es un síntoma de que el Sindicato está siendo peligroso y poderoso. En ese sentido es una muestra de que hay que seguir. Y lo bueno del Sindicato es que hemos aprendido mucho del ciclo político anterior, que dejó devastadas a muchas personas y que estaba todo el mundo con Lorazepam, en terapia, y pocos se han recuperado. El sindicato es un lugar con una cultura organizativa muy cuidadosa, a mí nunca nadie me va a decir nada si yo en un momento dado digo que no puedo hacer portavocías hoy. Si no puedo hacerlas, no las hago, las hará otra persona o no las haremos, pero tenemos muy claro que el bienestar colectivo de nuestro de nuestra organización es condición sine qua non para que la organización funcione. Eso es una tranquilidad. Somos totalmente reemplazables: yo antes no hacía portavocías y ahora las hago, y a lo mejor dentro de tres meses yo no hago y viene otra persona. Hay que confiar en los cuidados colectivos y en las organizaciones cuidadosas. Esta semana ha habido dos sesiones de terapia grupal que nos ofreció una psicóloga por el shock tremendo tanto del desahucio como de todo lo que ha venido después, y nos lo hemos tomado en serio.

Fuente: Ctxt

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