Dos manifestaciones más, las dos en Euskadi, las dos por casos de violencia policial

“Babacar necesitaba ayuda, no que la policía le matara”

Captura de pantalla del video grabado momentos después de que un policía disparara a Babacar Welle en Hondarribia.
Captura de pantalla del video grabado momentos después de que un policía disparara a Babacar Welle en Hondarribia.
Sarah Babiker
Sarah Babiker

Por Sarah Babiker

Coordinadora de Fronteras y Antirracismo en El Salto.

Una manifestación recorrió el sábado 3 de octubre a las 17:00 la localidad de Hondarribia, en memoria del hombre senegalés con problemas de salud mental abatido a disparos por la policía el pasado lunes 28 de septiembre.

Tenía 46 años y era de Senegal, vivía entre Irún y Hondarribia, y no estaba bien. Su nombre era Babacar Welle, los vecinos conocían de sus problemas de salud mental, había acabado, como tantas personas con malestares psíquicos, y tantas personas migrantes sin medios para acceder a un techo, viviendo en situación de calle.

El lunes 28 de septiembre Welle tuvo una crisis, en respuesta llegó la policía. Minutos después Babacar estaba muerto, le habían disparado tres veces. Según la Ertzaintza, el hombre trató de atacar con un cuchillo a una agente. Desde entonces, la comunidad senegalesa de Hondarribia, colectivos antirracistas o vecinas, piden justicia para Babacar. Tras una primera protesta el martes 29, a pocas horas de los hechos, volvieron a salir a manifestarse la tarde del sábado 3 de octubre, saliendo a las 17:00 de la comisaría municipal.

“No nos hemos podido adaptar como sociedad a esa situación. Hay que hacer una reflexión social, además de hacer la investigación correspondiente”, explicaba el mismo martes en una entrevista el alcalde de Hondarribia Igor Enparan, quien apuntó a que la muerte de Babacar podía haberse evitado. “Tenemos la sensación de fracaso social”, lamentaba el regidor, admitiendo que habían fallado los servicios públicos y exigiendo también una “investigación imparcial” sobre la actuación policial.

Awa Seck comparte con El Salto la tristeza y el malestar que se han instalado en la comunidad senegalesa. Preside la organización Mankosengal, que fundaron hace algo más de dos años entre un grupo de mujeres del país, para ayudarse entre ellas. Considera que en Hondarribia en un pueblo donde “hay buena gente” y afirma que nunca había vivido racismo. “Estoy como todas, sorprendida y con dolor”, cuenta que todos conocían en el pueblo a Babacar, que sabían que tenía problemas de salud mental pero que no era agresivo, que a veces tenía crisis, pero que otras actuaba con normalidad.

La integrante de Mankosengal entiende que la gente tuviera miedo al ver a Babacar con un cuchillo, lo que cuestiona es la letal respuesta policial “podrían haberlo hecho de otra manera, sin matarlo”. Pero lo mataron y la comunidad “se siente muy mal”, frente a un daño ya irreparable. “Babacar ya no va a volver, ahora solo queremos justicia”.

“¿Habrá justicia para Babacar? ¿Podrá transitar con tranquilidad por las calles de nuestras ciudades la ciudadanía que no responda al prototipo de blanquitud?”, se preguntaban desde Sos Racismo Gipuzkoa, en un comunicado emitido tras la muerte de Welle, en el que señalaban tanto la actuación policial como el fracaso de las políticas de salud mental. 

Desde la organización, Mikel Mazkiaran pone el foco en las razones que hicieron posible esta situación: tienen que ver con el abandono, con la falta de actuaciones para dar respuesta  a personas con problemas de salud mental, en situación de vulnerabilidad, cuya situación y condiciones se van degradando. “Han fallado los recursos que podían haber evitado este desenlace”, lamenta. Luego está la cuestión de la actuación policial, la intervención de varios agentes, el hecho de que Welle recibiera tres disparos. “Podría haber sido reducido de otra manera, lo que se conoce es al menos cuestionable”, concluye, como Seck.

“Desde Sos Racismo constatamos que se trata de una actuación desproporcionada a la hora de la detención, cabe además vincularlo a la racialización”, explica el jurista, quien relaciona el caso con las numerosas denuncias que su organización recibe por parte de personas racializadas sobre identificaciones abusivas y tratos incorrectos, sobre todo, de jóvenes de origen magrebí, chicos en situación de vulnerabilidad o sin hogar que “son carne de cañón para la violencia policial”.  Mazkiaran comparte el diagnóstico del alcalde, quien calificó la muerte de Babacar como “un fallo del sistema”, un fracaso de los servicios sanitarios, de salud mental, de la actuación de la policía.  

“Me da mucha rabia”, Quinndy Ayeku forma parte de Afrocolectiva, organización que viene denunciando el caso de Babacar en las redes sociales, llamando a una respuesta. La activista también comparte su tristeza, pero la rabia es el sentimiento que predomina por “un patrón que se vuelve a repetir. Un patrón de violencia policial desmedida, desmesurada contra los cuerpos negros que se repite una y otra vez”, denuncia.

Y cuando habla de patrón, habla de precedentes, como el de Abdoulie Bah, un joven africano asesinado por la Policía Nacional en el aeropuerto de Gran Canaria, o la muerte de otro hombre negro de 35 años, abatido en A Coruña por agentes en 2023.  Se trata de casos que muestran “cómo de alarmante es la desproporcionalidad del uso de las armas cuando se tratan de cuerpos negros”, frente a una respuesta diferente cuando quienes son objeto de la actuación policial son personas blancas. En definitiva, explica, la racialización es “un factor estructural de esta violencia”.

Ayeku califica la situación como un caso de “revictimización muy fuerte” que responsabiliza a la víctima de su propia muerte. “Siempre es ¿qué habrá hecho Babacar? Pero nunca es ¿por qué la policía le pegó tres tiros? Así es como se protege la actuación policial”. La estereotipación de los hombres negros como “amenazantes” o “peligrosos”, habilita estos mecanismos. Todo esto en un marco de creciente deshumanización, cuando el discurso racista circula sin contrapesos en redes y medios de comunicación y se concreta en violencia, con la situación de Ceuta como trasfondo.

Poner el foco en los actos o en la peligrosidad de la víctima, cuando es negra, es una dinámica que se repite una y otra vez, denuncia Ayeku: “Yo afirmo con claridad que una persona puede haber cometido un acto reprochable y conservar su derecho a vivir”, insiste la activista, quien incide además en la situación de vulnerabilidad y los problemas de salud mental de Babacar. “Este hombre necesitaba ayuda, no que la policía le matara”.

Más de 10.000 personas piden justicia y responsabilidades judiciales por la muerte de Ander en Santurtzi

Más de 10.000 personas piden justicia y responsabilidades judiciales por la muerte de Ander en Santurtzi. Fotografía de Adur Galdos.
Más de 10.000 personas piden justicia y responsabilidades judiciales por la muerte de Ander en Santurtzi. Fotografía de Adur Galdos.
Pablo Oliveros
Pablo Oliveros

Por Pablo Oliveros

Escritor, traductor y colaborador habitual en medios de análisis político y social.

Una multitudinaria manifestación ha recorrido la localidad de Ezkerraldea y los organizadores piden reconocer al joven como “víctima de la violencia policial” y apartar de sus funciones a los agentes implicados en la violenta actuación.

Rabia, recuerdo, emoción y un sentir compartido: que la muerte de Ander no quede impune. Más de 10.000 personas, según datos de los organizadores, han recorrido este sábado las calles de Santurtzi para “esclarecer las responsabilidades policiales, políticas y mediáticas” tras la muerte del joven en junio tras una violenta actuación policial en la que los agentes hicieron uso de la pistola táser.

La plataforma Justizia Anderrentzat, junto a los padres y los amigos del joven, han pedido que se reconozca a Ander “como víctima de la violencia policial” y han exigido “prohibir el uso de las pistolas táser”. Además, al pasar la manifestación por delante de la comisaría de la Policía Local se ha empapelado con carteles y pegatinas que piden justicia para Ander, y los organizadores han reclamado “apartar de sus funciones” a los agentes que participaron en la actuación. 

Desde una hora y media antes de las 12:00, hora de convocatoria de la manifestación en repulsa por la muerte de Ander a manos de la Policía Municipal, los metros del área metropolitana de Bilbao ya iban abarrotados de personas que acudían a secundar la movilización convocada por la Plataforma Justizia Anderrentzat. Desde la plaza de Kabiezes, punto de salida, una enorme multitud ha echado a andar por la calle José Miguel de Barandiaran al grito de «Justizia Anderrentzat».

Miles de personas, llegadas desde todos los puntos de la geografía de Euskal Herria, han protagonizado una manifestación intergeneracional que ha unido a cuadrillas de jóvenes, familias con los carritos y grupos de personas mayores. Así, se han coreado consignas como “vergüenza me daría ser policía” y los organizadores han desplegado carteles en los que se veía dibujada la prohibición contra la pistola táser.

En el acto final tomaron la palabra Fernando y Ana, el aita y la ama de Ander, quienes quisieron expresar en primer lugar su gratitud ante el respaldo social: «Desde la familia y los amigos os estamos a todos los presentes eternamente agradecidos. Es la potencia del amor, la que Fernando y Ana os queremos mandar a todos los aquí presentes, pues es la que nos ha permitido llegar hasta aquí».

Durante su intervención, denunciaron frontalmente los intentos de estigmatizar al joven para justificar su muerte a manos policiales: «Te quisieron presentar como un criminal, pero eras un buen chaval, amante del fútbol y de la pesca, servicial con tus vecinos; si alguien necesitaba ayuda, ahí estabas».

Hubo tiempo para recordar también a Babacar Welle, la última víctima de la violencia policial en Euskal Herria: un agente de la Policía Municipal de Hondarribia acabó con su vida de un disparo el pasado 28 de septiembre. Su nombre se sumó al de Iñigo Cabacas, asesinado por la Ertzaintza en 2012 de un pelotazo en la cabeza y cuyos padres marcharon entre los asistentes.

Asímismo, han censurado con dureza los «comunicados de mierda» emitidos por sindicatos, formaciones políticas y el propio consistorio, liderado por la alcaldesa del PNV y de nuevo candidata Itziar Carrocera, afeando el daño infligido con sus declaraciones. Concluyeron exigiendo la depuración íntegra de responsabilidades: «No es tarde para hacer lo correcto, para que caiga quien tenga que caer y para que esto no vuelva a pasar».

El vídeo de la actuación policíal

Ander, vecino de Santurtzi, falleció en el Hospital de Cruces dos días después de haber sido inmovilizado en la vía pública por efectivos de la Policía Local. Durante la intervención, en la que participaron varios agentes para reducirlo, hicieron uso de una brutal violencia y pistolas táser, lo que desató una inmediata controversia sobre la proporcionalidad del operativo y el protocolo de empleo de estas armas.

A raíz del suceso, la plataforma vecinal Justizia Anderrentzat y el entorno de la víctima difundieron la grabación de un vecino que captó el momento de la reducción en el suelo. Los allegados denuncian la violencia explícita e injustificada por parte de los agentes que retrata el video. En la movilización de hoy han avisado: las acciones para exigir el esclarecimiento judicial de los hechos, las responsabilidades a nivel policial y las dimisiones políticas en el consistorio van a continuar.


Fuente: El Salto

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