
Por Eduardo García
Analista internacional. Politólogo y máster en Relaciones Internacionales. Periodista en Descifrando la Guerra.
A inicios de 2026, Javier Milei, presidente de la República Argentina, aseveró en público que él era “el presidente más sionista del mundo”. Lo dijo en la Universidad Yeshiva (Nueva York), al calor de algunas críticas recibidas en Argentina por ligar íntimamente su cargo al frente de la Casa Rosada con la causa sionista, según la cual ha reiterado que se trata de una “causa justa”.

El líder de La Libertad Avanza ha sobrepasado ya el ecuador de su mandato en el país latinoamericano. Durante estos dos años y medio, su política exterior ha sido errática en varios asuntos, pero consistente en dos elementos: su alineación estricta con Estados Unidos –y más específicamente con Donald Trump– y su férrea complicidad con Israel. Recientemente ha firmado con Benjamín Netanyahu los Acuerdos de Isaac

Milei viaja a Israel
Al contrario de lo ocurrido con otros gobiernos afines a Israel en el mundo, Argentina no solo no se ha alejado de Tel Aviv tras el genocidio en la Franja de Gaza, el avance de la estrategia de limpieza étnica en Cisjordania o las guerras abiertas contra Irán o Líbano. Muy al contrario, el ejecutivo de Javier Milei ha redoblado los históricos lazos de Buenos Aires con el Estado de Israel, al que ha definido en repetidas ocasiones como “el bastión de Occidente”.

Con el viaje de abril de 2026, son ya tres veces las que ha ido al Estado hebreo desde que asumió como presidente. Allí se reunió con Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, al que calificó como su “amigo”. El dirigente argentino también aclaró que Netanyahu habría tenido un rol protagónico en el establecimiento de la nueva línea de vuelos directos entre Buenos Aires y Tel Aviv, así como en otros proyectos de cooperación entre ambos países.
Milei se reunió allí con Axel Wahnish, su rabino personal y el embajador de Argentina en Israel desde 2024. En su tercera visita al país, Milei fue agasajado con varios premios como consecuencia de la cercanía que su gobierno muestra sistemáticamente con Israel en un momento complejo para la diplomacia sionista. El creciente aislamiento del Estado hebreo, así como las críticas que recibe desde varios países occidentales, eleva el peso de los acercamientos de Buenos aires.
Al mismo tiempo, el mandatario argentino visitó el Muro de los Lamentos y participó en eventos relacionados con el Día de la Independencia de Israel en el que se conmemora la Nakba –la expulsión de en torno a 700.000 palestinos al inicio de la ocupación–.
Previamente a su viaje, Javier Milei concedió una entrevista a la televisión israelí en la que afirmó que la República Islámica de Irán era un “enemigo de Argentina” y que su intención es completar antes del fin de su mandato los trámites para trasladar la embajada argentina a Jerusalén. También afirmó que Israel, al contrario de los actores y gobiernos anti sionistas en Oriente Medio, “puede convivir con sus vecinos”.
Los Acuerdos de Isaac
En su viaje a Israel, el presidente Javier Milei y el primer ministro Benjamín Netanyahu firmaron los Acuerdos de Isaac, diseñados como un intento por emular retóricamente a los Acuerdos de Abraham del año 2020. En la práctica, los Acuerdos de Isaac están lejos de las dimensiones alcanzadas por los pactos entre Tel Aviv y varios países árabes, fundamentalmente porque Israel no tiene grandes enemigos en América Latina, aunque sí pretende convertir a Buenos Aires en un aliado orgánico.

Los Acuerdos de Isaac apuntan a concretar el empeño por parte de la Casa Rosada de contribuir a la reconstrucción de la imagen internacional del Estado de Israel tras el genocidio contra los palestinos y las múltiples guerras abiertas en Oriente Medio.
En un comunicado emitido por la Cancillería Argentina, el gobierno de Javier Milei definió los Acuerdos de Isaac como «un nuevo marco estratégico destinado a fortalecer la cooperación entre Argentina, Israel y socios afines en el Hemisferio Occidental, los descendientes de Isaac y las naciones de tradición judeocristiana, en defensa de la libertad y la democracia, y en la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y el narcotráfico».
Además, el canciller argentino Pablo Quirno añadió que se impulsarán «acciones concretas» y «esfuerzos orientados a incrementar la coordinación contra organizaciones terroristas, con especial atención a los intentos de Irán de expandir sus redes y su presencia operativa en el Hemisferio Occidental», además de «fomentar la coordinación [entre Israel y Argentina] y el alineamiento en foros internacionales».
La excepcionalidad argentina
Aunque las cifras absolutas varían enormemente en función de si se considera la categorización “judío” como excluyente de otras identidades nacionales, étnicas o sociales, así como de si se habla de judíos practicantes de la fe o de personas con ascendencia judía, hay cierto consenso en torno a que Argentina alberga la comunidad judía más grande de América Latina.
Solo Israel, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Canadá contarían con una población absoluta judía superior. Entre el 0,5% y el 3% –nuevamente depende del tipo de medición– de la población es judía, un porcentaje superior al de la práctica totalidad de Estados del mundo, y muy superior al resto de la región, con excepción de Uruguay, con una proporción cercana a la argentina.
Se estima que cerca de 60.000 residentes en Israel son de origen o ascendencia argentina, muchos de los cuales migraron al Estado hebreo durante la crisis argentina de inicios del siglo XXI. Casi el 5% de los argentinos que residen fuera del país latinoamericano lo hacen en Israel.
A su vez, las relaciones diplomáticas entre el Estado de Israel y la República Argentina se remontan a 1949, cuando el gobierno de Juan Domingo Perón y el del primer ministro David Ben-Gurion establecieron los primeros lazos.
En la década de los noventa, la Argentina de Carlos Menem participó en la Guerra del Golfo en acatamiento de sus íntimos lazos políticos con Estados Unidos, marcando un viraje significativo en la política de neutralidad del país hacia Oriente Medio.
Aunque los vínculos con Tel Aviv están alcanzado en la actualidad sus cotas más altas, nunca ha habido riesgo de ruptura entre Argentina e Israel. En 2010, el gobierno peronista de Cristina Fernández de Kirchner reconoció el Estado de Palestina, alineando a Buenos Aires con la posición de los dos Estados, un hecho que Milei ha criticado, a punto tal que en mayo de 2024, ya con el “anarcocapitalista” en la Casa Rosada, Argentina votó en contra del reconocimiento a Palestina en las Naciones Unidas.

Fuente: Descifrando la Guerra

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