La política exterior del franquismo en el mundo árabe e iberoamericano

Por Àngel Marrades

Politólogo | Imperialismo, geopolítica y elecciones. Periodista en Descifrando la Guerra.

Las políticas árabe e iberoamericana desplegadas por el franquismo fueron claves tanto para conseguir romper el aislamiento internacional al que fue sometida España tras la guerra mundial como para la supervivencia del propio régimen.

La política exterior del franquismo buscó en el mundo árabe e Iberoamérica los apoyos necesarios para superar el aislamiento internacional de España.
La política exterior del franquismo buscó en el mundo árabe e Iberoamérica los apoyos necesarios para superar el aislamiento internacional de España.

Por tanto, estas estrategias, adoptadas durante los años 1945-1959, fueron uno de los pilares de la política exterior del primer franquismo.

Estas estuvieron rubricadas principalmente por cierto antioccidentalismo y por un imaginario propio de España hacia el mundo árabe e iberoamericano. Con esto se trataba de situar al país fuera del marco de las potencias coloniales y de la influencia angloamericana, destacando las particularidades que vinculaban a España con ambas regiones.

El régimen franquista se presentaba así como un actor con una política independiente y como un país con el que estos Estados podían entablar relaciones para diversificar su diplomacia. Con esta idea, Madrid pretendía situarse como puente entre Europa y estas regiones, promoviendo su papel como mediador neutral tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo.

Esta política vino a llamarse diplomacia de sustitución. Como indica la propia palabra, su propósito principal era el de servir de recambio mientras las relaciones con Occidente se mantuvieran estancadas. Sin embargo, el franquismo carecía del peso diplomático en la arena internacional para hacerse valer como tal país mediador.

Además, su economía estaba profundamente maltrecha por la posguerra, el autarquismo económico y el aislamiento impuesto desde 1946 con la Resolución 39 (I) de la Asamblea General de Naciones Unidas. Era impensable, por lo tanto, plantear proyectos de inversión extranjera en los países donde se buscaba apoyo diplomático o rivalizar en proyectos de cooperación con las potencias francesa y británica.

Esto explica el fracaso inicial de estas políticas regionales, que no impidieron la condena al régimen franquista y que se planteara la “cuestión española” en los primeros años de la posguerra. No obstante, el cambio del contexto internacional, sumado a las relaciones cultivadas durante esos años, terminaron por dar sus frutos entre 1948 y 1949.

La relación especial con Argentina

Los primeros éxitos vinieron de la relación especial con la Argentina de Juan Domingo Perón tras su victoria en las elecciones presidenciales de 1946. Durante esos años, Argentina se convirtió en valedora de los intereses y derechos de España en la escena internacional, posicionándose a favor de levantar su aislamiento.

Buenos Aires también concedió líneas de crédito muy favorables para la compra de cereales argentinos, que se convirtieron en un salvavidas para el régimen, especialmente en 1948, cuando la mala cosecha provocada por el frío invierno agravó la situación. A cambio, el país latinoamericano obtuvo concesiones en el puerto de Cádiz para la distribución de mercancías en Europa.

Aunque el gobierno de Perón siempre recalcó que no defendían al régimen franquista, sino a España como Madre Patria de toda Hispanoamérica por encima del gobierno del que quisiesen dotarse los españoles.

Es decir, los motivos que guiaron a Perón a mantener la relación con Madrid se debieron principalmente a razones de corte económico y por el ánimo de tener mayor autonomía política en la escena internacional.

Las justificaciones hispanistas, que se debían a la nueva conciencia nacional que buscaba promover el peronismo, eran el medio por el que Perón trataba de vender esta política al público, que era poco favorable. En otras palabras: no fue un mérito exclusivo de la diplomacia franquista, sino una conjunción del interés común que mantenían Perón y Francisco Franco.

Esta férrea postura de defensa de Argentina a España por el vínculo histórico y cultural venía reforzada desde Madrid por la idea de España como «padre patria» en el centro de «la familia» para preservar la «unidad hispanoamericana» que el propio régimen buscaba proyectar.

Este acercamiento a Iberoamérica –de corte principalmente nacionalista e ideológico– pudo cosechar ciertos apoyos, especialmente con algunas de las dictaduras militares y el anticomunismo.

Sin embargo, a largo plazo no generó un marco para una política regional efectiva, que en la década de 1950 tuvo que ser reformada por el ministro de Exteriores Fernando María Castiella (1957-1969) para quitarle carga ideológica ante la caída de gobiernos autoritarios.

España y la relación con el mundo árabe

En el mundo árabe, España trató de promover una imagen de cercanía enraizada en la historia de Al-Ándalus y de presentarse como puente con Occidente. El principal contacto fue Egipto, tomado como punto de referencia, al que se buscaba ofrecer un apoyo alternativo al de las potencias coloniales británica y francesa.

Por ello, Franco trató siempre de mantenerse al margen de los conflictos ideológicos entre el panarabismo de corte republicano y socialista y las monarquías tradicionales y conservadoras.

Durante los primeros años, España no cosechó muchos éxitos, pues el factor colonial en el Protectorado de Marruecos obstaculizaba cualquier avance. Especialmente debido a la presión de los nacionalistas magrebíes, que tenían sus cuarteles en El Cairo, entre los que se encontraba el líder revolucionario rifeño Abd el-Krim, quien proclamó la República del Rif levantándose en armas contra la administración colonial española.

Una muestra de las limitaciones de esta política fue la crisis del canal de Suez, donde Madrid intentó presentarse como mediador en el conflicto y fue rechazado por los propios egipcios.

Otra de las dificultades que encontró el franquismo fue la división entre el socialismo árabe y las monarquías conservadoras en la Liga Árabe, pero el Caudillo veía a Gamal Abdel Nasser principalmente como un nacionalista, visión bastante acertada, pues el socialismo en boca de estas burguesías nacionales sólo significaba independencia de las potencias coloniales e industrialización.

Pero Nasser y el panarabismo se inclinaban hacia la Unión Soviética, mientras que las monarquías eran prooccidentales. Esta situación podía poner en duda las credenciales anticomunistas de Franco ante Estados Unidos, por lo que, para mantener una buena relación con ambas partes, el régimen trató de conservar cierto equilibrio. Lo cierto es que, además, desde el franquismo también se temía el avance soviético en el mundo árabe a partir de 1957.

El punto clave de la relación con los países árabes vino a partir de 1947 por los debates en torno al Mandato de Palestina. El giro definitivo en la región que cambió por completo las circunstancias vino cuando no se encontró una solución negociada y se fundó unilateralmente el Estado de Israel en 1948.

Cartel del seminario 'Conflicto israelí-palestino: de la Nakba al Estado-nación judío'.
Cartel del seminario ‘Conflicto israelí-palestino: de la Nakba al Estado-nación judío’.

España no se apresuró a reconocer a Israel y entendió la importancia que la cuestión palestina tenía entre los países árabes, que pronto agradecieron la postura adoptada por el franquismo, al mismo tiempo que la cuestión marroquí perdió importancia.

Esta decisión coyuntural se convirtió en toda una política del régimen: España no reconocería al Estado de Israel hasta que no lo hicieron los países árabes. Y esto no impidió que el gobierno tomará una posición en favor de la comunidad sefardí, pues siempre hizo una clara diferenciación entre la cuestión judía y la cuestión israelí o entre el problema hebreo y el problema sionista.

Frutos de la política exterior del franquismo

Madrid comenzó a aplicar una política de puente entre el mundo árabe e Iberoamérica, facilitando que los delegados iberoamericanos votaran en favor de Palestina en las resoluciones de Naciones Unidas. A cambio, consiguió los apoyos para que los países árabes dejasen de abstenerse en las resoluciones sobre la cuestión española y, en 1950, se votó la resolución 386 (V), que levantó el aislamiento diplomático impuesto sobre España.

A partir de ese momento, el régimen pudo acceder a otros organismos subsidiarios de la ONU, como la FAO o la UNESCO. Sin embargo, no es menos cierto que esto fue posible gracias a otro cambio que experimentó el orden internacional: el inicio de la Guerra Fría. El impacto de esos apoyos fue limitado y se necesitó la abstención del bloque Occidental.

Por lo tanto, aunque Madrid plantó las semillas y trabajó para conseguir los votos, romper ese aislamiento no habría sido posible si en Estados Unidos no hubieran considerado que la España anticomunista de Francisco Franco era un activo necesario.

Con esta postura proárabe, el franquismo logró establecer una importante sensibilidad del mundo árabe hacia España, pero esta estrategia tuvo sus limitaciones por su posición de potencia colonial sobre el Protectorado de Marruecos.

Miembros del Partido Istiqlal, formación que defendía la independencia de Marruecos.
Miembros del Partido Istiqlal, formación que defendía la independencia de Marruecos.

La independencia del reino alauí en 1956 y la cesión del Rif por el franquismo eliminarán un importante obstáculo.

Resoluciones de Naciones Unidas sobre la cuestión española. En 1946 se impuso un bloqueo diplomático y el aislamiento internacional de la España de Franco, mientras que en 1950 se levantaron estas medidas.
Resoluciones de Naciones Unidas sobre la cuestión española. En 1946 se impuso un bloqueo diplomático y el aislamiento internacional de la España de Franco, mientras que en 1950 se levantaron estas medidas.

Si bien la descolonización pendiente de otros territorios lastró la imagen de España, pudo mantener apoyos moderados incluso cuando estalló la guerra de Ifni y se recrudeció el contencioso con Marruecos por el conflicto saharaui.

Mapa de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental, la presencia de la MINURSO y ubicación de los campos de refugiados saharauis en Argelia.
Mapa de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental, la presencia de la MINURSO y ubicación de los campos de refugiados saharauis en Argelia.

Otra cuestión que también fue fundamental en este periodo del franquismo fue la independencia de Argelia en 1962, pues Madrid dio su apoyo a Argel para conseguir un contrapeso respecto a Rabat y añadió una mayor complejidad a las relaciones hispanoárabes.

El franquismo consiguió hacer perdurar ese vínculo mediante la postura hacia Israel y siempre se resaltó esta amistad hispanoárabe con beneficios notables como evitar los embargos petroleros durante la guerra de Yom Kippur, a pesar de la creciente occidentalización de las relaciones.

Esta política de sustitución también sirvió para normalizar los vínculos con Occidente, que pasó a ser el objetivo prioritario del ministro Castiella a su llegada en 1957. Desde que se dio ese cambio, el tono no volvió a ser el mismo, y el irredentismo marroquí siempre marcó en cierto modo la capacidad del gobierno franquista de maniobrar.

Pero ello no impidió que se mantuvieran las relaciones especiales forjadas por el ministro Alberto Martín Artajo (1945-1957). Muestra de esto es que España se encargó de la representación de los intereses de Jordania y Líbano en la República Federal Alemana cuando estos rompieron relaciones diplomáticas por el reconocimiento de Israel.

Durante años, la diplomacia española también ayudó a facilitar contactos entre distintas capitales europeas y gobiernos árabes. Como contraparte, este bloque regional mostró mayor comprensión en la cuestión colonial española.

Castiella se preocupó principalmente por asentar estas relaciones con nuevos acuerdos de ámbito cultural y económico. Además, la diplomacia española rescató los apoyos árabes para la cuestión de Gibraltar en Naciones Unidos.

En definitiva, la política exterior del franquismo durante el periodo de 1945 a 1959 estuvo marcada por el intento del régimen por romper el aislamiento internacional, para lo cual cultivó un tipo de relaciones tradicionalmente periféricas.

Aunque el propósito principal a corto plazo era que España recuperase su estatus en la arena internacional y cerrar la “cuestión española” en Naciones Unidas, estas estrategias también se revelaron, a largo plazo, como el vehículo del Estado español para normalizar su relación con Occidente y reinsertarse en el bloque atlantista –del que hoy forma parte– en un momento de incertidumbre política.

A pesar de ese resultado, estas relaciones dejarían una marca importante en la diplomacia española, que estaría presente durante todo el franquismo y que se hace notar hasta la actualidad.

Fuente: Descifrando la Guerra

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