Más de 400 tiendas continúan acampadas en València para exigir el derecho a la vivienda y preparar la huelga

Carmen Iranzo
Carmen Iranzo

Por Carmen Iranzo

Escribe en El Salto.

La organización asamblearia, las redes de apoyo mutuo y la respuesta frente a las amenazas fascistas marcan los primeros días de una protesta que aspira a extenderse a los barrios y los centros de trabajo.

La acampada lleva desde el 3 de octubre instalada en la Plaça del Ajuntament de València. Alona Malakhaeva - Jose Ángel Sánchez Rocamora.
La acampada lleva desde el 3 de octubre instalada en la Plaça del Ajuntament de València. Alona Malakhaeva – Jose Ángel Sánchez Rocamora.

La acampada de la plaza del Ayuntamiento reúne a cientos de personas que reclaman medidas contra la especulación inmobiliaria.

Lo que comenzó como una reacción espontánea tras la gran manifestación del sábado 3 de octubre se ha transformado en un espacio de organización y protesta en el corazón de València.

Manifestación por la vivienda en València el pasado 3 de octubre.
Manifestación por la vivienda en València el pasado 3 de octubre.

La Plaza del Ayuntamiento, cubierta por una marea de lonas, alberga ya a más de 400 tiendas de campaña, en una acampada que ha situado a la ciudad entre los principales focos de la movilización por el derecho a la vivienda de todo el Estado español.

La acampada de València se inscribe en una movilización estatal que cuestiona el actual modelo de negocio inmobiliario y reclama el derecho a la vivienda frente a los intereses de fondos de inversión, grandes propietarios y rentistas. La lucha reúne a quienes no pueden asumir los precios del alquiler, a las familias amenazadas por un desahucio y a quienes ven cómo la turistificación transforma sus barrios y expulsa al vecindario.

La ocupación de la vía pública no surge de la nada. La acampada llega después de años de movilizaciones por el derecho a la vivienda en València.

En octubre de 2024, la plataforma València no està en venda reunió a cerca de 200 colectivos y asociaciones en una movilización contra la turistificación, la subida de los alquileres y los proyectos urbanísticos que amenazan el territorio.

Pancartas de cabecera de la manifestación del 19 de octubre de 2024. Fotografía de Gabriel Rodríguez.
Pancartas de cabecera de la manifestación del 19 de octubre de 2024. Fotografía de Gabriel Rodríguez.

Dos años después, la acampada vuelve a situar estas demandas en el centro de la ciudad. La protesta llega además, en un momento de creciente movilización por la vivienda, después del desahucio de Mari Carmen Abascal y de las movilizaciones que ha provocado su caso, así como de la acampada de la Puerta del Sol, en Madrid.

María, integrante de la comisión de comunicación de la acampada, tiene 25 años y un empleo estable, pero todavía no puede independizarse de casa de sus padres. Su situación refleja una contradicción que atraviesa a buena parte de la juventud trabajadora: tener trabajo no garantiza poder acceder a una vivienda. “Acampar en el centro de la ciudad es la respuesta inevitable ante la sordera institucional”, afirma. “Ocupar el espacio público ha sido la alternativa que nos han dejado después de haber pedido cambios durante años sin recibir ninguna solución concreta”, resume María.

Del dolor individual a la toma de conciencia colectiva

Uno de los vectores más profundos que recorre la acampada es la transformación de la rabia individual en conciencia de clase y poder colectivo. El caso de Mari Carmen Abascal, fallecida después de ser desahuciada de la vivienda en la que había vivido durante 70 años, está muy presente en la acampada. Su historia ha generado una ola de indignación y ha vuelto a poner el foco en las consecuencias de un sistema que trata la vivienda como una mercancía.

En las asambleas y conversaciones de la acampada, el nombre de Mari Carmen resuena junto al de otras víctimas del mercado inmobiliario, como Olga o Javier. Desde el Sindicat d´Estudiants PV, Mario Tercero denuncia que lo ocurrido con Mari Carmen no puede desligarse de las políticas de vivienda: “No estamos hablando de una muerte, sino que la han matado, las políticas del rentismo, las políticas especulativas”. Para Tercero, su caso y el de otras personas afectadas por la especulación son razones para seguir organizándose: “Si es el momento de algo ahora, es el momento de pedirlo absolutamente todo”.

La indignación por lo sucedido convive en la plaza con la voluntad de organizarse. La acampada busca que la rabia no se quede en una reacción puntual, sino que sirva para fortalecer un movimiento capaz de enfrentarse a los intereses que hacen de la vivienda un negocio.

La acampada también cuestiona el relato de una juventud despolitizada o reaccionaria. Tercero destaca la dimensión de la movilización y su capacidad para organizar una respuesta colectiva: “Lo que se está demostrando es que efectivamente no existe una juventud que sea la generación de cristal, que no existe una juventud que sea facha, sino que lo que existe es todo lo contrario”, afirma Tercero.

Para el portavoz del Sindicat d´Estudiants PV, la fuerza que está demostrando la acampada debe servir también para impulsar la movilización en los centros de trabajo. “El objetivo es mantener la protesta pese a los actos institucionales del 9 de Octubre y aprovechar su capacidad de convocatoria para fortalecer la huelga general del 11 de noviembre”, explica. Tercero reivindica que esta convocatoria ha sido fruto de la presión sostenida desde abajo: “Ha sido una conquista de la clase trabajadora desde abajo, que no ha salido de ninguna dirección sindical, sino que lo hemos impuesto presionando día sí, día también en las calles hasta que se ha hecho una realidad”.

La acampada aspira así a prolongar la movilización más allá de la plaza y a convertir la indignación en fuerza organizada. “Hemos conseguido esa huelga general y sabemos que somos capaces de conseguir muchas cosas más”, resume Tercero.

Autogestión, democracia directa y autodefensa antifascista

La acampada no consiste únicamente en instalar tiendas frente al Ayuntamiento. Mantenerla requiere organizar la alimentación, la limpieza, la comunicación, la seguridad y el funcionamiento cotidiano de un espacio en el que conviven cientos de personas.

Para ello se han constituido distintas comisiones de trabajo que coordinan las tareas y se reúnen en asambleas. Hay encuentros de las comisiones al mediodía y una asamblea general a las 20.30 horas, donde se comparten las cuestiones que afectan al conjunto del campamento.

La organización asamblearia y el apoyo mutuo forman parte de la experiencia política que se está construyendo en la plaza. Las decisiones y las tareas no recaen en una única dirección, sino que se distribuyen entre las personas que participan en la acampada.

A lo largo de las jornadas, diversos sectores reaccionarios y grupos de extrema derecha han tratado de hostigar y deslegitimar e incluso amenazado con desalojar la acampada. Ante esta amenaza, la acampada ha articulado sus propios mecanismos de autodefensa popular.

Miles de personas acudieron al llamamiento de la acampada para impedir agresiones fascistas. Alona Malakhaeva - Jose Ángel Sánchez Rocamora.
Miles de personas acudieron al llamamiento de la acampada para impedir agresiones fascistas. Alona Malakhaeva – Jose Ángel Sánchez Rocamora.

Quique, participante de la comisión de seguridad, detalla que el campamento ha organizado un primer perímetro de protección interna que trabaja coordinadamente con el apoyo exterior de la Organització Juvenil Socialista (OJS). “La intención de este cordón de seguridad es evitar que elementos provocadores rompan la convivencia o agredan a las personas acampadas”, explica. “Quienes nos encargamos de la seguridad ponemos el cuerpo en primera línea para garantizar que nadie dentro del recinto resulte herido”.

Júlia Sendra, portavoz del Sindicat d’Habitatge de València, relata cómo la cohesión interna permitió frenar la amenaza: “La propia gente de la acampada, junto al cordón de seguridad y las trabajadoras organizadas, pusimos el cuerpo y logramos detener el intento de desalojo fascista”. Para Sendra, este triunfo organizativo “ha inyectado una enorme energía al campamento, demostrando que la solidaridad obrera es la mejor herramienta para garantizar la seguridad de los espacios militantes”.

Sembrar organización permanente en los barrios

Para las organizaciones sindicales de vivienda que sostienen la protesta, la acampada no es un fin en sí mismo, sino un medio para masificar la militancia en los barrios. La alta visibilidad mediática de la plaza atrae diariamente a cientos de personas que se acercan a solidarizarse, a consultar su situación habitacional o a iniciarse en la participación activa. Con el objetivo de encauzar esta motivación hacia estructuras estables, los sindicatos han instalado mesas informativas y realizan labores de difusión cotidiana.

Júlia Sendra insiste en la importancia de traducir la energía comunitaria de la acampada en organización permanente. “Este tipo de ocupaciones son herramientas muy potentes para mantener la presión política y captar la atención pública”, explica. “Sin embargo, el reto fundamental reside en que, cuando la acampada termine, todas las personas que han tomado conciencia aquí se incorporen de forma activa a los sindicatos de vivienda y a los colectivos vecinales de sus respectivos barrios”, concluye.

Contra el modelo turístico de Catalá y las exigencias del comunicado

La presencia de cientos de tiendas en la plaza evidencia el conflicto de fondo entre dos modelos de ciudad antagónicos: la València concebida como negocio para inversores internacionales o la València habitada y defendida por su clase trabajadora. Durante el recorrido por la acampada hablamos también con la artista valenciana Bellidamen, que denuncia “la hipocresía de los discursos oficiales” de la alcaldesa María José Catalá, quien apela al respeto a la identidad y cultura valenciana: “La gente que está acampada aquí son vecinas y vecinos valencianos que no pueden acceder a un techo debido a la negativa del Ayuntamiento a comprar vivienda pública y a su empeño en entregar la ciudad a especuladores y fondos buitre”, afirma.

Por su parte, María Alandes (La Mataobras), denuncia “el encarecimiento de los alquileres sitúa a la mayoría de las familias trabajadoras rozando el umbral de la pobreza tras pagar la cuota mensual”.

Frente a esta coyuntura, el Comunicat de l’Acampada Valenciana per la Vivenda recoge las principales reivindicaciones del movimiento. Entre ellas figuran una bajada drástica de los alquileres, contratos indefinidos, protección efectiva frente a los desahucios y una ampliación del parque público de vivienda.

Las demandas también plantean intervenir sobre el parque inmobiliario existente, mediante la expropiación de viviendas en manos de bancos, fondos buitre y grandes tenedores, además de frenar el uso turístico de los inmuebles mediante la revocación de las licencias de viviendas turísticas. El comunicado reclama asimismo la paralización inmediata de los desahucios.

La acampada cuestiona que las respuestas institucionales sean suficientes mientras los precios siguen dificultando el acceso a un hogar y los desahucios continúan formando parte de la realidad cotidiana por todo el Estado. Por eso, sus reivindicaciones no se limitan a pedir ayudas para quienes tienen más dificultades, sino que plantean cambios en las reglas que ordenan el mercado inmobiliario.

Desafío al calendario institucional y horizonte en la Huelga General del 11N

La acampada ha dejado claro que no piensa supeditarse a los ritmos festivos o a los eventos institucionales del Ayuntamiento. Quique, desde la comisión de seguridad, confirma que la decisión de la asamblea es mantener la protesta de forma indefinida, incluso tras el paso de las celebraciones institucionales del 9 de Octubre o del 12 de Octubre: “No nos vamos a desmovilizar hasta que exista una respuesta concreta y vinculante por parte de las administraciones. Resulta intolerable que se siga permitiendo que haya gente viviendo en la calle mientras personas jóvenes con dos empleos no pueden pagar un alquiler”.

El horizonte político de la acampada en València desborda las fronteras de la propia plaza y se proyecta hacia el conjunto del movimiento obrero. El comunicado oficial llama a abrir un proceso de movilización social que desemboque en una huelga general indefinida. Esta propuesta coincide con la convocatoria de Huelga General fijada para el próximo 11 de noviembre, una cita que ha sido conquistada desde abajo por la presión constante en las calles.

Fuente: El Salto

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