
Por Eduardo García
Analista internacional. Politólogo y máster en Relaciones Internacionales. Periodista en Descifrando la Guerra.

La segunda vuelta presidencial del 7 de junio -hoy- aspira a poner punto final al convulso proceso electoral que Perú ha afrontado en los últimos meses. La victoria de Pedro Castillo en 2021 dio paso a un gobierno de izquierdas en el país, un hecho marcadamente excepcional en la historia reciente peruana. Sin embargo, los «superpoderes» de un legislativo escorado a la derecha provocaron el final anticipado del mandato castillista.
El entonces líder de Perú Libre fue destituido, detenido e inhabilitado, y Perú inició una nueva fase de rotación presidencial que culminó con la caída de José Jeri pocos meses antes de las elecciones de 2026.

En los comicios de abril, la izquierda de Juntos por el Perú logró colarse en el balotaje a través de Roberto Sánchez. Enfrente está Keiko Fujimori, que participa hoy en su cuarta segunda vuelta consecutiva… sin haber logrado nunca imponerse.

Keiko Fujimori
Keiko Fujimori encabezó la candidatura de Fuerza Popular en 2011 y avanzó a la segunda vuelta frente a Ollanta Humala, donde perdió por medio millón de votos y tres puntos porcentuales.
En 2016 volvió a ser la candidata más votada en primera vuelta, pero fue derrotada en el balotaje por Pedro Pablo Kuczynski por apenas 40.000 votos y una décima porcentual. Cinco años después, en unas elecciones muy fragmentadas, accedió nuevamente a la segunda vuelta con el 13% de los sufragios y volvió a perder por una diferencia prácticamente idéntica, esta vez frente a Pedro Castillo.
La que fuera primera dama de Alberto Fujimori, su padre, entre 1994 y 2000, y posteriormente congresista por Lima entre 2006 y 2011, ha quedado en segunda posición en tres elecciones consecutivas.
Líder de Fuerza Popular y principal referente de la derecha peruana en los últimos años, Keiko Fujimori reivindica el legado de su padre pese a las denuncias que pesan sobre él por crímenes de lesa humanidad y genocidio. Su visión de la etapa fujimorista se acompaña de una importante convergencia programática, especialmente en materia económica.

La candidata hace suyo el legado neoliberal del fujishock y defiende una agenda de privatizaciones y desregulación en una economía ya poco estatista. Su vínculo con el gobierno y la memoria política de su padre ha sido un arma de doble filo: ha limitado por márgenes mínimos sus opciones de alcanzar la presidencia, pero también le ha permitido convertirse en la dirigente preferida de los principales actores del capitalismo peruano y de buena parte de los grandes medios.
El poder en Perú se reordenó durante la década fujimorista y, pese a la salida de Alberto Fujimori en el 2000, muchas de esas estructuras permanecieron intactas. Los sectores que se beneficiaron de aquel periodo conservaron sus posiciones económicas, políticas y mediáticas, y constituyen hoy algunos de los respaldos más importantes de Keiko.
Además, se ha mostrado contraria al derecho al aborto y a lo que ella describe como «ideología de género». Defiende el «modelo peruano», basado en una macroeconomía relativamente estable que favorece el acceso al consumo de la clase media, aunque con bajos niveles de inclusión económica en los sectores más desfavorecidos.
Su discurso de «mano dura» en seguridad, unido al debilitamiento del antifujimorismo entre los menores de 40 años y al peso creciente de la inseguridad como eje electoral, le garantiza un importante caudal de apoyo. Keiko Fujimori afronta probablemente el balotaje más favorable de su trayectoria.
A ello contribuyen la división en la izquierda, el desgaste del eje fujimorismo-antifujimorismo, la experiencia del gobierno de Pedro Castillo y la percepción de que el Congreso puede bloquear cualquier agenda transformadora, hecho que puede reducir los incentivos de la izquierda para acudir a las urnas.
Roberto Sánchez
Roberto Sánchez, candidato presidencial de Juntos por el Perú, superó el 12% de los votos en la fragmentada primera vuelta.

Sánchez remontó la ventaja inicial de Rafael López Aliaga, candidato de Renovación Popular, favorecida por el particular sistema de recuento peruano, que escruta antes regiones como Lima o Callao y más tarde otras como Cusco o Ayacucho.
López Aliaga llegó a amenazar al presidente de la Junta Nacional Electoral con alentar una «insurgencia» si no se anulaban los comicios, pero el proceso continuó y el resultado preliminar contradijo a numerosas encuestas que pronosticaban una segunda vuelta entre el líder de extrema derecha y Keiko Fujimori.
Sánchez está lejos de representar a los sectores históricamente dominantes de la política y la economía peruana, por lo que durante la campaña previa al balotaje se produjo un cierre de filas desde el centro hasta la extrema derecha en torno a Keiko Fujimori.
El último balotaje perdido por Keiko Fujimori lo disputó precisamente contra Pedro Castillo, referente político del candidato de Juntos por el Perú. Aunque Sánchez no figuraba entre los favoritos, el respaldo del castillismo hacía posible una sorpresa en un sistema tan fragmentado como el peruano. Tal cosa efectivamente ocurrió.
El líder de Juntos por el Perú ha prometido impulsar una Asamblea Constituyente, nacionalizar recursos naturales, reformar el sistema fiscal para hacerlo más progresivo, reducir las desigualdades territoriales y redefinir el papel del Congreso.
Ubicado dentro de la heterogénea izquierda peruana, Sánchez ha tratado de reunir a sectores progresistas y campesinos en torno al legado político de Pedro Castillo. Aunque su partido fue fundado en 2017, las elecciones de 2026 han supuesto su consolidación, tanto por el resultado presidencial como por unas legislativas que apuntan a convertirlo en el segundo bloque del Congreso.
Tras la destitución de Castillo, la formación se convirtió en una de las principales plataformas de apoyo al expresidente. Sánchez ha emergido como representante informal del castillismo, defendiendo públicamente a Castillo y calificando su destitución como resultado de una estrategia de obstrucción y de un complot golpista. Durante la campaña ha prometido indultarle si alcanza la presidencia.
Ex ministro de Comercio Exterior y Turismo durante el gobierno de Castillo y diputado desde 2021, Sánchez ha logrado movilizar el voto rural, al electorado castillista y a parte de la izquierda peruana.
Sin embargo, una eventual victoria frente a Keiko Fujimori no garantizaría la aplicación de su programa. La enorme capacidad del Congreso de quitar y poner presidentes, junto con la orientación derechista de amplios sectores parlamentarios, podría comprometer desde el inicio la viabilidad de su mandato, como ya ocurrió con Pedro Castillo.
Fuente: Descifrando la Guerra

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