

Editoriales, librerías, colectivos, autores y trabajadores culturales firman el manifiesto ‘El 11N, la cultura también para’ de adhesión a la huelga general con algunas reivindicaciones propias del sector ya que “no quedan lugares donde viva la cultura”.
Un párrafo del manifiesto El 11N, la cultura también para no deja lugar a la duda: “Quienes escribimos, traducimos, editamos y vendemos libros; quienes hacemos música, teatro, cine, danza o cualquier arte viva; artistas, galeristas y creadores de contenido; quienes formamos parte del mundo de la cultura nos sumamos a la huelga general por la vivienda del 11 de noviembre”.
Más de 750 firmas ya apoyan el texto, entre las que se encuentran editoriales, librerías, colectivos, autores y trabajadores culturales que exponen sus motivos para secundar la convocatoria de huelga general por la vivienda impulsada desde el Sindicato de Inquilinas. “Se da por hecho que las profesionales del mundo de la cultura tenemos que compatibilizar más de dos o tres trabajos para crear y que rara vez accederemos a un espacio propio para ello. No podemos aceptar que la cultura sea el privilegio de quienes ya han llegado a ella en posesión de patrimonio mientras se expulsa y precariza a sus trabajadoras”, afirman.
Entre las firmantes figuran el filósofo Paul B. Preciado, los cineastas Rodrigo Sorogoyen y Laura Hojman, el actor y escritor Carlos Bardem, los dramaturgos Pablo Messiez y Lola Blasco, el músico Nacho Vegas, la cantante Rocío Saiz, las escritoras Marta Sanz, Elvira Navarro, Gabriela Wiener, Mónica Ojeda, Edurne Portela, Elena Medel, Alana S. Portero, Andrea Abreu, Beatriz Serrano, Lucía Lijtmaer, Aixa de la Cruz, Sara Barquinero, Sabina Urraca y Elizabeth Duval, la poeta y editora Luna Miguel, los escritores José Ovejero y David Uclés, el filósofo Ernesto Castro, los periodistas Javier Gallego, Irantzu Varela y Nerea Pérez de las Heras, la comunicadora Inés Hernand y la viñetista Flavita Banana.
El manifiesto incluye una serie de reivindicaciones concretas: vivienda estable, con contratos indefinidos, tope a los alquileres en zonas tensionadas y fin de los desahucios; medidas efectivas para prevenir y sancionar la discriminación racista en el acceso a la vivienda y a espacios comerciales o de producción artística; regulación de los alquileres comerciales y protección a los espacios culturales independientes; un régimen de autónomos y una fiscalidad adaptados a ingresos intermitentes, más garantías de cobro; respeto al derecho de huelga y a los derechos sindicales en las instituciones culturales; y que se retomen las reformas legislativas paradas, con la Ley del Cine como ejemplo, bloqueada en 2023 y otra vez en 2026.
“Muchas de nosotras trabajamos en nuestra propia casa, y a veces ni podemos tener eso asegurado. Los trabajos de la cultura necesitan tiempo, pero también espacio: el de casas, talleres, librerías, escenarios o locales de ensayo”, se lee en el texto, que también señala que, según una encuesta de la Asociación de Librerías de Madrid, más de ocho de cada diez librerías son inquilinas, y solo el 14,3% afirma tener garantías de continuidad en su local actual.
El manifiesto afirma que esta misma dinámica se replica en otros espacios propios de la cultura: “Por culpa de la especulación, el riesgo inmobiliario es cada vez más alto. Nos alejan de nuestros barrios, nos obligan a cerrar locales, abandonar proyectos o trabajar desde pisos compartidos que no reúnen las condiciones necesarias ni para la creatividad ni para la dignidad”. Por todo ello, aseguran que “sin casa, sin locales y con el espacio público convertido en un escaparate, no quedan lugares donde viva la cultura”.
Fuente: El Salto

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