
Por Penny Holliday
Directora científica del Centro Nacional de Oceanografía británico y lleva 30 años investigando la circulación oceánica.

M. Femke de Jong
Científica sénior del Instituto Real Neerlandés de Investigación Marina (NIOZ) y lleva 23 años investigando la circulación del Atlántico.
y

Sjoerd Groeskamp
Científico sénior del Instituto Real Neerlandés de Investigación Marina (NIOZ) y estudia la física y la termodinámica oceánicas.
El sistema de corrientes oceánicas que transporta el calor en el océano Atlántico desempeña un papel fundamental en la regulación del clima. Es posible que se suspenda su gestión y seguimiento actuales

Imaginemos que detectamos un gran asteroide que se dirige directamente hacia la Tierra. Somos capaces de intervenir y evitar el desastre, pero en lugar de eso recortamos la financiación necesaria para rastrearlo. Se argumentó que unos pocos millones de dólares eran demasiado caros para tener la oportunidad de salvar a la sociedad.
Aunque este escenario no es real, la metáfora es alarmantemente precisa. En Europa, gastamos 1000 millones de euros en vigilar el espacio en busca de asteroides, aunque el riesgo real de un impacto de asteroide que acabe con la civilización sea casi nulo.
Pero los gobiernos no se comprometen a gastar ni una fracción de esa cantidad para vigilar adecuadamente una amenaza que es más inminente, más probable y que se encuentra aquí, en la Tierra: un cambio importante en la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC).
La AMOC es un vasto sistema de corrientes oceánicas que transporta calor del sur al norte en el océano Atlántico, desempeñando así un papel crucial en la regulación del clima global sobre el que se asienta la civilización moderna —desde la agricultura, pasando por las infraestructuras, hasta la salud, la prosperidad y la cultura—. Los cambios en la AMOC pueden afectar a la seguridad alimentaria, las inundaciones costeras, las tormentas, la demanda energética, la migración, la planificación de infraestructuras, etc.
En el contexto del cambio climático actual, se prevé que la AMOC se debilite lo suficiente como para cambiar radicalmente el clima y provocar un aumento del nivel del mar en Europa. Sin embargo, hay poco consenso sobre cuándo y a qué velocidad ocurrirá esto. Las proyecciones sobre el futuro de la AMOC varían entre los modelos climáticos y, aunque los científicos siguen mejorando la capacidad de los modelos para representar el océano real, el progreso se ve obstaculizado por una comprensión insuficiente de la física de la AMOC.
En consecuencia, esto complica las cosas a los responsables políticos a la hora de implementar estrategias de adaptación para reducir las pérdidas económicas y el impacto en las vidas humanas. Resulta aún más sorprendente, pues, que el escaso seguimiento actual de la AMOC, nuestra mejor esperanza para comprender lo que nos depara el futuro, se encuentre ahora bajo una grave amenaza de ser suspendido. Esto nos dejará desinformados, desprotegidos y desprevenidos.
Peor aún, existe la posibilidad de que el debilitamiento de la AMOC derive en un colapso.

En ese escenario concreto, Europa experimentaría un cambio climático hasta 10 veces más rápido que hoy en día. Teniendo en cuenta que el cambio climático actual ya es difícil de sobrellevar como sociedad, no podemos ni imaginar el impacto que podría tener un colapso de la AMOC en nuestra vida cotidiana.
La confusión se ve agravada por una avalancha de nuevos estudios que ofrecen interpretaciones diferentes sobre si la AMOC ya se ha debilitado. Esto se debe a que muchos de estos nuevos estudios se basan en aproximaciones de la intensidad de la AMOC que intentan llenar un vacío causado por la falta de mediciones directas del pasado, por ejemplo, utilizando datos históricos de la temperatura de la superficie del mar.

El debate científico resultante puede parecer un desacuerdo, pero en realidad refleja altos niveles de incertidumbre debido a la escasez de datos.
Detrás de estos altos niveles de incertidumbre se encuentra la ausencia de observaciones a largo plazo de la AMOC que nos permitan describir los cambios del pasado y comprender cómo funciona la AMOC. Nos encontramos en una situación en la que intentamos comprender un sistema a escala planetaria con muy poca observación directa.
El seguimiento sistemático de la AMOC comenzó hace solo dos décadas, cuando un puñado de investigadores visionarios de diferentes países unieron proyectos de investigación individuales financiados a nivel nacional dentro del competitivo ámbito científico.
Sin embargo, estas mediciones son ahora un punto de referencia para los modelos climáticos y han mejorado de manera decisiva nuestra comprensión de la AMOC. La extrema vulnerabilidad de la financiación para la observación de la AMOC ha sido confirmada por una reciente evaluación que mostró cómo los problemas de financiación ya han reducido las capacidades de observación de la AMOC.
Varias iniciativas de seguimiento de la AMOC corren el riesgo de quedarse sin financiación y podrían interrumpirse en cualquier momento. Aunque no podemos retroceder en el tiempo para realizar más observaciones, sí podemos mejorar nuestra estrategia de observación para el futuro.
En cambio, la administración Trump ha propuesto recortes presupuestarios a la NASA, la NOAA y la NSF, agencias que en conjunto aportan alrededor del 50 % del presupuesto total para el seguimiento de la AMOC. La semana pasada, EE. UU. anunció la reducción del alcance de la Iniciativa de Observación Oceánica, que formaba parte de un programa de observación de la AMOC.

La iniciativa europea OceanEye, recientemente puesta en marcha, ha destinado 50 millones de euros a las observaciones oceánicas y supone un gran incentivo para continuar con las observaciones de la AMOC. Sin embargo, antes de que OceanEye esté en pleno funcionamiento, ya habrá que financiar, planificar y equipar los buques de investigación que dan servicio a los sistemas de observación actuales.
En resumen: la monitorización, la comprensión y la predicción de la AMOC están en peligro. Sin observaciones sostenidas de la AMOC, no podemos saber qué nos depara el futuro. Un colapso de la AMOC puede ser inminente, estar a un siglo de distancia o, si actuamos con valentía para limitar el cambio climático, podría evitarse por completo.
Durante demasiado tiempo, la comprensión y el seguimiento de la AMOC se consideraron una actividad académica. En cambio, ahora debería tratarse como lo que realmente es: una prioridad global urgente. Existe una necesidad acuciante y esencial de elaborar una estrategia de financiación internacional alternativa para garantizar el seguimiento a largo plazo de la AMOC, que permita poner en marcha un programa de seguimiento robusto, continuo y de acceso abierto para proporcionar los conocimientos necesarios para construir un mundo más seguro y resiliente.
El coste total de la vigilancia de la AMOC asciende a unos 25 millones de euros al año. Esto significa que, por cinco céntimos por persona al año, la UE puede mantener uno de los sistemas de vigilancia climática más importantes del mundo, que influye en nuestra vida cotidiana y mejora la resiliencia ante la crisis climática.
Por lo tanto, instamos a la UE, al Reino Unido y a otros socios internacionales a que den un paso al frente, se den prisa, se organicen y colaboren para garantizar la continuidad a largo plazo de la vigilancia de la AMOC antes de que se pierda.
Fuente: Sin Permiso

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