A las puertas de Ceuta

Marie Cosnay
Marie Cosnay

Por Marie Cosnay

Profesora de Letras, traductora de textos antiguos, escritora y activista por los derechos de las personas migrantes.

Cuanto más miedo tiene Europa, más paga. Lo que empezó siendo un uso político del miedo se ha convertido en el miedo, el miedo en sí mismo

Tres personas durmiendo en las calles de Ceuta tras cruzar desde Marruecos el 30 de julio de 2026.
Tres personas durmiendo en las calles de Ceuta tras cruzar desde Marruecos el 30 de julio de 2026.

Avalancha – emergencia nacional – despliegue del ejército – 40.000 o 50.000 – invasión – lo peor que nos podía pasar: estas son las palabras que escucho esta mañana al despertar.

Nos hablan de los incendios, ¿verdad? Apenas están controlados, tanto a las puertas de Madrid como a las de Burdeos.

No, no. No nos hablan de los incendios. Nos hablan de lo que pasó y vuelve a pasar, dice el invitado al micrófono de Radio Nacional de España, en Ceuta.

Una “llegada masiva”, como escriben también desde fuera de las fronteras españolas medios como Le Monde, de jóvenes marroquíes a Ceuta. Entran por mar, entran por tierra. Les han abierto, entreabierto, la puerta. Y ahora, desde Europa, se pide el despliegue del ejército, una declaración de emergencia nacional por parte del gobierno español, y ya solo se habla de invasión. Meloni aprovecha la coyuntura: pide el cierre de las fronteras Schengen, una vez más. Imposible no acordarse del antiguo ministro del Interior francés Bruno Retailleau, hace unas semanas, temiendo él también el paso de las fronteras interiores tras la regularización, por muy pragmática que fuera, de las personas llegadas a España sin visado. La Casa Blanca se mete de por medio y/o saca partido.

¿Europa tiembla ante miles de personas llegadas al enclave español de Ceuta? Uno de los puntos fronterizos más blindados, más permeables y más acostumbrados también a ver llegar a sus vecinos más cercanos; uno de los lugares más instrumentalizados, pero también más acogedores cuando se dejan a un lado los discursos y se mira la realidad: aquí se sabe lo que es cruzar, aquí se sabe lo que es convivir.

Circula una imagen sobrecogedora. Un bebé de apenas dos meses ha llegado solo, por mar, en un flotador. Ha sido rescatado: una voluntaria de la Cruz Roja lo lleva en brazos.

Recordemos, en Canarias, otra imagen. Una trabajadora, también de la Cruz Roja, en el puerto donde desembarcaban los cayucos procedentes de Senegal, abrazaba a un chico rescatado del mar. Aquella imagen tuvo un desenlace trágico. Años más tarde, nos enterábamos de que el chico había muerto en Europa. Nunca llegué a saber si murió de una enfermedad, en un accidente o de puro cansancio ¿De desesperación? Porque por mucho que a uno lo salven del mar, el viaje solo acaba de empezar. Y el camino hasta lograr el derecho a tener derechos es muy largo.

¿Europa tiembla porque hay gente tan desesperada como para mandar a un recién nacido en pañales, solo y a la deriva en un flotador en mitad del océano, recorriendo cinco o diez kilómetros según la playa de salida, esperando que ocurra exactamente lo que terminó ocurriendo: que lo salven, no lo devuelvan y le den la oportunidad de una vida mejor; sin albergar la menor esperanza para sí mismos?

En 2021, España atendía a Brahim Ghali, representante del Frente Polisario, en uno de sus hospitales. Respuesta inmediata de Marruecos: chavales a los que hasta entonces se les impedía el paso pudieron salir, la mayoría por mar, hacia las costas y el enclave anhelados. 2021 también tuvo su cuota de imágenes sobrecogedoras. Aquel niño, al que apenas se veía en el neumático que le servía de flotador, no podía acercarse a la costa. Lloraba, y el policía español que se lo impedía, desde tierra firme, también lloraba. 2022, cientos de muertos, la mayoría sudaneses, se contabilizaban en Melilla, el otro enclave español, cerca de Nador.

Nueva apertura de las fronteras marroquíes, ya no recuerdo con qué fin o para reaccionar a qué decisión española. La policía española disparó entonces balas de verdad. Una asociación de Nador se encargó del minucioso y terrible trabajo de identificar, en la medida de lo posible, a los muertos y darles un entierro digno.

Migrantes retenidos por las fuerzas de seguridad marroquíes junto a la valla de Melilla.
Migrantes retenidos por las fuerzas de seguridad marroquíes junto a la valla de Melilla.

Sánchez, al día siguiente de la gran victoria de España en el Mundial, visitaba Argelia. ¿Coincidencia? Dejemos la pregunta en el aire. Marruecos, al igual que las derechas españolas, al igual que la Unión Europea, al igual que la Casa Blanca, instrumentalizan políticamente, cada uno según sus objetivos, la vida y la desesperación de un puñado de niños a quienes se les acaba de abrir, por un tiempo indeterminado, una puerta hasta entonces cerrada a cal y canto.

Cuanto más frágiles y menos evidentes son las fronteras, más se blindan. Se busca hacerlas más infranqueables. Más infranqueables, es decir, cada vez más mortíferas. Cincuenta y siete adolescentes, es lo que se sabe a esta hora, murieron anoche [la noche del 30 de julio]. [A 3 de agosto el Ejecutivo de la ciudad autónoma de Ceuta contabiliza 88 personas muertas].

En el Pacto Europeo de Migración y Asilo, adoptado por los países de la Unión el 12 de junio de 2026, es decir, ayer mismo, la Unión Europea lo ha previsto todo.

Una pancarta colocada por el movimiento Tanquem Els CIE.
Una pancarta colocada por el movimiento Tanquem Els CIE.

Si un país (de origen o de tránsito, entiéndase aquí Marruecos) “incita, facilita o manipula deliberadamente movimientos de migrantes hacia las fronteras de la UE para ejercer chantaje político o crear una crisis institucional”, la UE tiene una respuesta: este pacto, estas nuevas leyes que ella misma aprueba, sencillamente no las aplicará.

Las leyes que aquí expongo no las aplicaré en caso de manipulación de la frontera por parte de alguno de los países con los que he firmado, a cambio de millones y millones de euros, diferentes acuerdos. También se puede ver de otra manera: cuanto más miedo tiene Europa, más se fragiliza, pasando a depender, desde 2016, de Turquía, de Marruecos, de Túnez, de Mauritania, de Senegal, de Gambia. Y cuanto más miedo tiene, más paga. Lo que empezó siendo un uso político del miedo se ha convertido en el miedo, el miedo en sí mismo. La crisis, la avalancha, la invasión. Ya no hay límites.

En realidad, chavales de diferentes edades, el más joven de tan solo dos meses, cruzaron durante la noche del 30 al 31 de julio los cinco kilómetros de mar que separan una playa cualquiera de Marruecos del enclave español. Y muchos de ellos perdieron la vida. Matados por la instrumentalización por parte de unos y otros, y las olas. La única avalancha que existe es la de los fantasmas y las declaraciones cada vez más militares. Violación, se oye también. Y recurrir al ejército, y declaración de emergencia nacional, y cierre de las fronteras Schengen, como en tiempos del terrorismo. Casi un centenar de chicos y chicas marroquíes muertos. Un bebé salvado. Los demás devueltos en caliente, algo que el Pacto tal vez permita pero que el ministro del Interior español aseguraba, hace apenas un mes, que no aplicaría. Algo que, en realidad, nunca ha esperado al Pacto, al menos en Ceuta y Melilla. 

¿Así que Europa tiembla ante la desesperación de sus vecinos más cercanos? ¿Será porque presiente la suya propia? 45.000 o 50.000 no es el número de personas que han llegado a Ceuta. Es exactamente el número de hectáreas de bosque reducidas a cenizas en las últimas semanas. 

Europa tiembla ante la desesperación de sus vecinos más cercanos y ante la suya propia, que sigue negando. Ese padre desesperado que mete a su hijo en un cesto de mimbre o en un flotador bien protegido y lo manda hacia donde puedan acogerlo, ese seré yo mañana.

Fuente: Ctxt

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