
Por Joan Mas
Periodista de El Salto.
El activista, que ha organizado la Flotilla Global Sumud, alerta sobre el caso de los diez detenidos en Bengasi y apuesta por la creación de un frente global de solidaridad con Palestina

Saif Abu Keshek, organizador de la Global Sumud Flotilla, casi no paró desde su liberación hace apenas un mes. Detrás deja su secuestro por parte del Ejército israelí en aguas internacionales que lo llevó a estar cautivo en Israel, tras una operación de la Marina israelí tachada de ilegal, a más de mil kilómetros de Gaza.

Ahora, este palestino con ciudadanía española y miembro de la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC) anima a intensificar la movilización internacional para presionar más contra la ofensiva israelí sobre la Franja. Para él, las protestas deben orientarse a confrontar “un sistema común de represión” contra la solidaridad por Palestina extendido a nivel global, que muestra cómo el asedio sobre Gaza va mucho más allá del enclave.
Abu Keshek estuvo esta semana en Roma para explorar estrategias de lucha con el sindicato italiano Unión Sindical de Base (USB), y habló sobre su experiencia en una entrevista con El Salto dónde insta a persistir pese a las trabas en el camino, cómo el actual arresto de diez activistas por las autoridades del Este de Libia.

Este asunto preocupa a la Flotilla, que buscaba abrir una vía de acceso humanitario a Gaza con un convoy terrestre que se topó con el obstáculo de las fuerzas del gobierno de facto de Jalifa Haftar, general que controla la parte oriental del territorio libio y retiene desde el 24 de mayo a los miembros de la misión, incluido la española Alicia Armesto.
“Este caso muestra cómo la ecuación sobre Palestina no se limita ahí, sino que se extiende por otras fronteras. Hay muchos países cómplices en esta represión”, remarca Abu Keshek. Más allá de Libia, menciona las intercepciones israelíes de la Flotilla cerca de Grecia y Chipre, el bloqueo de la Marcha Global a Gaza en 2025 por parte de Egipto, o las sentencias de cárcel en Reino Unido para cuatro activistas de Palestine Action. “Todo es parte de un entramado de represión que quiere impedir movilizaciones y activismo por Palestina”, opina.
“Esto nos tiene que hacer ver que esta es una lucha conjunta que debe fortalecerse”, asegura el activista hispano-palestino en el barrio de San Lorenzo de Roma, un histórico bastión izquierdista de la ciudad, tras reunirse con USB y varios movimientos estudiantiles que durante este último año han estado entre los principales promotores de huelgas y movilizaciones multitudinarias por Palestina en el conjunto de Italia.
Según alega, por ahora “hay muy poca información” sobre los diez activistas detenidos en Libia, ya que no se les permite la visita de abogados ni el acceso a los servicios consulares de sus países. “Hacemos máxima presión para que sean liberados, pero los gobiernos, especialmente el italiano, no hacen lo suficiente”, denuncia Abu Keshek, señalando al ejecutivo de la ultraderechista Giorgia Meloni, criticada estos años por complicidad y timidez ante el genocidio israelí sobre la Franja. Entre los miembros del convoy hoy retenidos en Libia hay también dos italianos, Domenico Centrone y Leonarda Alberizia.
Sancionado por EEUU
Abu Keshek, único en la tripulación de la Flotilla junto al brasileño Thiago Ávila que fue trasladado a Israel tras la intercepción de fines de abril cerca de Creta, fue también sancionado por la Administración de Donald Trump. EEUU, que siguió la línea de Israel y acusó al activista de la Comunitat Palestina de Catalunya de apoyar a Hamás, impuso sanciones este mayo contra él y otros tres activistas palestinos. “La flotilla proterrorista que intenta llegar a Gaza es un intento absurdo de socavar el exitoso avance del presidente Trump hacia una paz duradera”, declaró al anunciar las sanciones el secretario del Tesoro, Scott Bessent.

“Cuando fracasa Israel, llega EEUU a hacer el juego sucio. Ya fui detenido, interrogado y liberado por las propias autoridades israelíes. Si hubiera habido algo, me hubieran dejado encarcelado, pero el motivo no era lograr justicia, sino perseguir a los activistas, y es aquí donde viene EEUU a intentar impedir que pueda seguir haciendo activismo”, remarca Abu Keshek, que asegura que no se dejará amedrentar ni abandonará su labor.
Aún así, las sanciones sí suponen un impacto en su vida cotidiana y material, igual que lo supusieron en casos previos, como el de la relatora de la ONU para los territorios palestinos, Francesca Albanese, contra la que se restablecieron las penalizaciones tras la suspensión cautelar de estas por parte de un juez estadounidense.
“El objetivo es aislar a los sancionados de todo para que no puedan acceder a su propio banco, hacer compras o alquilar un coche”, dice Abu Keshek. De hecho, su propia cuenta bancaria ya pasó a estar sujeta a ciertas restricciones, sobre todo en relación a herramientas financieras vinculadas a EEUU. “Se me envió una advertencia de que se me podría cerrar la cuenta”, agrega este palestino nacido en un campo de refugiados de Nablus, en el norte de Cisjordania. Según explica, por ahora ha ido presentando toda la documentación necesaria que le ha pedido el banco, y sí puede entrar y hacer cierto uso de su cuenta pese a las limitaciones.
Duro arresto en Israel
Según Abu Keshek, otra evidencia de que Israel actúa sin límites fue su secuestro a más de mil kilómetros de Gaza, cuando iba a bordo de la Flotilla. Él tenía intención de desembarcar antes de que el convoy se acercara a la zona de la Franja, a sabiendas del trato que podía recibir, pero las fuerzas israelíes se anticiparon aún más. Denunció severos malos tratos, amenazas y agresiones físicas, y pasó su cautiverio en huelga de hambre, dejando de beber agua en el tramo final de su arresto como ulterior medida de presión contra su detención.
“Fue una experiencia dura, porque no sabía cómo iba a terminar. No me había preparado mentalmente, porque no pensábamos que llegaran hasta Grecia para detenernos. Tenía intención de retirarme previamente porque era consciente de las acusaciones y campaña en mi contra”, comenta. “La intercepción fue el 29 de abril por la noche, y el día siguiente era el cumpleaños de mi hija. Fue la primera vez que me lo perdí. Esta fue la parte que al inicio me costó más. Por otro lado, yo ya entré en la cárcel con huelga de hambre, que escalé a huelga de sed. No quise parar”, agrega sobre su arresto en el centro de detención israelí de Shikma.
Según destaca, durante su detención sufrió una violencia que ya conocía: “Israel no tiene otra forma de expresarse o tratar con las personas. Es un gobierno que comete genocidio y limpieza étnica. Los presos palestinos llevan años dando testimonio de torturas, agresiones sexuales y detenciones ilegales. Aunque no es al mismo nivel, tampoco nos debe sorprender que usen violencia contra los activistas”, como pasó con los miembros de la Flotilla interceptados en mayo en aguas internacionales al oeste de Chipre. Entonces, la escena en que el ministro de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, irrumpió burlándose ante una sala llena de activistas maniatados y arrodillados, generó repudio internacional.
Escalar la movilización internacional
Es en este contexto, mientras las ofensivas israelíes sobre Gaza o Líbano no parecen tener fin, que Abu Keshek pide escalar las movilizaciones civiles por Palestina. “La Flotilla es un actor más en un espacio de solidaridad muy diverso y amplio, y presenta una estrategia más junto a otras estrategias”, considera. “El siguiente paso es ver cómo podemos ampliar las alianzas y convertir la posibilidad creada por la Flotilla en un movimiento internacionalista, con campañas globales y la puerta abierta a todo el mundo”, dice.
Ante ello, hay prevista una reunión este agosto en Malasia “para consolidar esta transformación de un espacio de acción a un proceso de construcción de movimiento” mundial, explica. En su opinión, hace falta organizarse aún más ante el modus operandi israelí. “Israel se basa en criminalizar y deshumanizar a las personas que trabajan para los derechos palestinos”, como asegura que pasó en su caso, en que le acusaron de vínculos con Hamás sin pruebas de ello. “Lo que realmente querían era criminalizarme para justificar mi detención, interrogatorio y torturas”, remarca.
“Es hora de actuar”, dice el activista desde Italia. En este país, uno de los puntos neurálgicos de las acciones de desobediencia civil por Palestina fueron los puertos, dónde los trabajadores portuarios —en gran medida miembros del sindicato USB— se movilizaron para bloquear los barcos con armas hacia Israel e hicieron huelgas coordinadas con otros puertos en Turquía, Grecia, Marruecos, Francia o País Vasco, como la del 6 de febrero.
“Es lamentable que no haya habido una movilización parecida” en la mayoría de puertos del Estado español. “La sociedad civil española tiene una opinión pública y posición muy claras hacia Palestina. Esperamos que los estibadores lideren este movimiento contra el tránsito de armas y una mayor implicación de los sindicatos de puertos”, entre ellos el de Barcelona, dice Abu Keshek.

Según alega, la ley aprobada por el gobierno de Pedro Sánchez que veta el comercio de armas con Israel fue un paso adelante, pero el embargo armamentístico no es completo. “Siguen pasando barcos con armas hacia Israel”, y mientras esto suceda “significa que todavía queda mucho trabajo por hacer”, concluye el activista.
Fuente: El Salto

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