‘Bot farms’ generan ‘electoral farms’

Leonardo Bernardes
Leonardo Bernardes

Por Leonardo Bernardes

Doctor en Filosofía y desarrollador de software.

Las granjas de bots se han convertido en una de las armas predilectas de la extrema derecha para ganar elecciones en América Latina, aunque hace tiempo ya están instaladas en Europa y en territorio español.

El uso de bots en las redes sociales ha sido investigado tras las acusaciones a Rusia de estar detrás de la elección de Trump. Arte El Salto.
El uso de bots en las redes sociales ha sido investigado tras las acusaciones a Rusia de estar detrás de la elección de Trump. Arte El Salto.

Las personas se preguntan: ¿es verdad lo de la Dead Internet Theory? ¿Hace falta que sea verdad?. Asume desde el principio que no lo es, que es falsa, fake, ficción, una teoría de la conspiración. No busques falsear esta idea: siéntate con ella dos segundos e intenta entenderla, imaginar a partir de ella, antes que rechazarla como falsa. Entender y estar de acuerdo son cosas distintas. ¿Qué nos puede contar esa idea ficticia e imaginaria?

Imagina granjas con millares de móviles donde se hace circular masivamente el contenido de una misma matriz política. Imagina que vivimos en un mundo donde la gente intenta crear sesgos en las respuestas de los modelos de inteligencia artificial; llamemos a este hecho ficticio LLMpoisoning. Imagina que los algoritmos de IA de las redes sociales secuestran a los usuarios por medio de lo que algunos llaman mild behavior modification, y que esos usuarios pasan horas consumiendo contenido que los mantiene en una burbuja que los aleja de los otros, de los de fuera de la burbuja identitaria. Si todo eso fuera verdad, ¿cómo serían los efectos y las expresiones electorales de dichas circunstancias?

Las circunstancias no serían muy diferentes de lo que pasa actualmente en América Latina. Es decir, bot farms generan electoral farms. Las bot farms generan las burbujas donde todo lo negativo engancha con mucha más facilidad que lo positivo. Como en la vida fuera de la red, en internet también es más fácil engañar que educar, y esta ventaja insoslayable hace invencible a la extrema derecha. Es más fácil odiar que amar, eso también lo sabemos. Las bot farms, creadas a partir del predominio del contenido de bots programados para difundir mensajes determinados, son granjas electorales de la derecha y de la extrema derecha.

La izquierda podría montar sus propias bot farms, pero tendería al fracaso, pues en el mejor de los casos su comunicación sería amorosa, y sabemos que el amor no engancha tanto como el odio. Somos máquinas, como nos recuerda Robert Sapolsky, yo también, mientras escribo esto con la rabia que la máquina premia, pero especialmente cuando se trata de ser de derecha y de ser susceptible al miedo, la rabia y el odio que la derecha manipula con una eficiencia casi envidiable (¿es verdad que queremos ser victoriosos en este juego?).

La preocupación general por los efectos de la injerencia de EEUU en las elecciones de América Latina nunca estuvo tan justificada, a causa de la masificación de los dispositivos móviles y sus consecuencias, pero no entendemos cómo se da esta influencia desde un punto de vista técnico. Todavía no entendemos cómo funciona la comunicación dirigida por datos (data-driven communication), ocho años después del escándalo de Cambridge Analytica en la elección estadounidense, la primera de Donald Trump.

Escuchar lo que Jaron Lanier dice sobre Silicon Valley nos lleva inevitablemente a un punto: lo que pasó con Cambridge Analytica no es un caso aislado, es el propio business model de las empresas de allí. Prueba de ello es que Meta acaba de aceptar pagar casi 17.000 millones de dólares en EEUU para cerrar las demandas por la adicción de los adolescentes.

En pocos días sabremos el efecto de las bot farms bolsonaristas en el electorado brasileño y, si nos fiamos de las encuestas electorales, una vez más constataremos nuestro rotundo sesgo maquinal. ¿Se trata de reformar las leyes, de equipar y modernizar los departamentos técnicos de inteligencia y las policías de los estados nacionales para monitorizar el efecto de las bot farms, en un marco ya debidamente regulado por el poder legislativo? No creo que una reforma nos pueda ayudar. Nadie puede auditar el contenido publicado en Facebook, Instagram o TikTok; ninguna autoridad pública puede hacerlo, y no meramente por una cuestión técnica (o sea, pese al DSA europeo). Los datos de Meta o de Google son suyos: constituyen una parte sustancial de lo más valioso de su propiedad privada, la fuente de su valor financiero y simbólico. Las empresas pueden vender el acceso a estos datos a terceros por mucha pasta, pero el poder público no dispone de ellos como quien detiene un bien público.

¿Qué hacer entonces para combatir las bot farms? No están tan lejos, no se restringen a América Latina: circulan también por la península ibérica, en Ceuta y en muchos puntos de interés. Honestamente, no lo sé. Lo único que planteo, delirantemente, es que cualquier respuesta victoriosa a los efectos masivos de las bot farms pasa por una descentralización política y cultural, contraria al rumbo actual de internet (que cada vez más rumba hacia una centralización), y por la reconstitución de los lazos peer-to-peer (P2P), analógicos, presenciales, en una sociedad global y cosmopolita. Quiero vivir para ser testigo del horizonte de esta transformación.

Fuente: El Salto

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