Democracia de cucarachas: desarmada y peligrosa

Arundhati Roy
Arundhati Roy

Por Arundhati Roy

Escritora y activista India.

Un movimiento de protesta juvenil, nacido a raíz de un insulto del presidente del Tribunal Supremo de la India y avivado por la corrupción en los exámenes, ha obligado a dimitir al ministro de Educación

Democracia de cucarachas: desarmada y peligrosa.
Democracia de cucarachas: desarmada y peligrosa.
Abhijeet Dipke, líder de las “cucarachas” se dirige a la multitud durante la marcha del 20 de julio en Jantar Matar.
Abhijeet Dipke, líder de las “cucarachas” se dirige a la multitud durante la marcha del 20 de julio en Jantar Matar.

Por primera vez en años, es maravilloso sentirse indio. Justo cuando la esperanza parecía perdida, llegaron. Jóvenes cucarachas que surgían con la lluvia. La descendencia de la unión profana entre un juez y una broma.

El presidente del Tribunal Supremo, cuyo comentario sobre las cucarachas dio origen a un movimiento, afirma que los tribunales no tienen tiempo para vídeos de abusos policiales.
El presidente del Tribunal Supremo, cuyo comentario sobre las cucarachas dio origen a un movimiento, afirma que los tribunales no tienen tiempo para vídeos de abusos policiales.

Todos conocemos la historia, pero aquí está, para que conste. En respuesta a un comentario arrogante y despectivo del presidente del Tribunal Supremo de la India, Surya Kant, que tildó de “cucarachas” a algunos jóvenes indios desempleados, Abhijeet Dipke, un estudiante que vive en Boston, publicó un comentario en Instagram: “¿Y si todas las cucarachas se unieran?” Millones de personas respondieron. Y así nació el Partido Popular de las Cucarachas. Dipke se convirtió en el flautista de las cucarachas. Su primera exigencia fue la dimisión de Dharmendra Pradhan, el ministro de Educación que se sentaba con aire de suficiencia al frente de un ministerio corrupto y podrido, bajo cuyo mandato se han filtrado con frecuencia los exámenes públicos. [El movimiento acabaría logrando la dimisión del ministro el día 25 de julio].

Se estima que han sido 152 filtraciones desde 2014, según los partidos de la oposición. Estas filtraciones han devastado las vidas de millones de jóvenes que dedicaron años a prepararse para estos exámenes, algunos de cuyos padres han tenido que vender sus tierras o sus casas para financiar los estudios de sus hijos y pagar la tasa que da derecho a presentarse a dichos exámenes. Una novedosa forma de extorsión legal.

Tras la reciente filtración del examen de la Prueba Nacional de Elegibilidad y Acceso (NEET) [con la que se selecciona quiénes acceden a los estudios universitarios de Medicina y áreas relacionadas] 12 estudiantes angustiados y destrozados se quitaron la vida.

Más allá de la filtración del examen NEET: la educación médica se encuentra en una encrucijada en la India.
Más allá de la filtración del examen NEET: la educación médica se encuentra en una encrucijada en la India.
Antes del examen de recuperación NEET UG, se registraron 12 suicidios en 37 días.
Antes del examen de recuperación NEET UG, se registraron 12 suicidios en 37 días.

A medida que la indignación de las “cucarachas” se convertía en un tsunami en Internet, Dipke regresó de Boston el 6 de junio y se dirigió directamente desde el aeropuerto a Jantar Mantar, el famoso lugar de protestas de Delhi. Sonam Wangchuk, el conocido activista y reformador educativo de Ladakh, se unió a él y declaró una huelga de hambre indefinida. Seis estudiantes universitarios –Neha Bora, Manish Kumar, Aameen Amitosh, Danish Ali, Hrishikesh y Deepak–, miembros de la Asociación de Estudiantes de toda la India (AISA), la rama estudiantil del Partido Comunista de la India (Liberación), anunciaron que también harían ayuno y se situaron en un escenario adyacente.

Las protestas comenzaron en otras ciudades. A medida que el estado de salud de los huelguistas se volvía crítico, las jóvenes “cucarachas” que habían inundado Internet comenzaron a aparecer en persona en Jantar Mantar.

Neha Bora ayunando en Jantar Mantar.
Neha Bora ayunando en Jantar Mantar.

El “Partido Popular de las Cucarachas” [Cockroach Janta Party] anunció que el 20 de julio, día en que el Parlamento iba a inaugurar su sesión del monzón, marcharían hacia el Parlamento. Dos días antes de la marcha prevista, la policía se llevó a Sonam Wangchuk del escenario y lo mantuvo detenido, primero en un hospital público y, más tarde, ante la insistencia de su esposa, en un hospital privado. Él sigue en ayuno. La mañana del 20 de julio, día de la marcha, los estudiantes de la AISA pusieron fin a su huelga de hambre.

Las “cucarachas” tomaron la capital por asalto. Llegaron en tren, en autobús, en avión y en metro, y su número aumentaba por horas. Horas antes de que los primeros rayos de sol iluminaran los cielos monzónicos de Delhi, comenzaron a llegar a Jantar Mantar por decenas de miles. Al amanecer quedó claro que una generación de jóvenes desesperados y furiosos, que han visto cómo su futuro se esfumaba ante sus ojos, iba a reclamar lo que las generaciones de sus padres y abuelos habían cedido: nuestra dignidad como pueblo y como país. Nuestros derechos como ciudadanos de una democracia. Los manifestantes exorcizaron el miedo corrosivo que se ha convertido en algo natural para todos nosotros con su valor y su elegancia. Y con humor.

Una manifestante sostiene una bandera en una mano y un cartel que dice: «Quienes se enorgullecen de este país se manifiestan hoy; unidos permanecemos».
Una manifestante sostiene una bandera en una mano y un cartel que dice: «Quienes se enorgullecen de este país se manifiestan hoy; unidos permanecemos».

Al final del día quedó claro que la protesta había pasado a tratar de algo mucho más grande que lo que exigían los manifestantes o sus líderes. Dharmendra Pradhan ya no es más que una minucia. Hay mucho más en juego. La podredumbre de todo el sistema de gobierno, de arriba abajo, es claramente visible y ha empezado a apestar como un cadáver en descomposición. Incluso las cucarachas más diminutas, algunas de no más de siete u ocho años, fueron capaces de expresarlo con claridad.

A pesar del rápido y casi clandestino nombramiento de un nuevo jefe de policía días antes de la marcha, y a pesar de los susurros preocupados sobre la aterradora competencia de nuestro aterrador ministro del Interior de la Unión, tanto la policía como el Ministerio del Interior calcularon mal por completo la magnitud del tsunami que arrasó Delhi el 20 de julio. Lo intentaron todo. Bloquearon autobuses, carreteras y estaciones de metro. No sirvió de nada. Intentaron colapsar Internet. Pero las jóvenes “cucarachas” –criaturas de Internet– lograron de alguna manera frustrar ese esfuerzo con un aluvión de memes y vídeos que te hacían reír y llorar a la vez. En Delhi, de entre todos los lugares del mundo, las jóvenes que formaban parte de la protesta dijeron que se sentían seguras entre la multitud –aunque algunas se quejaron de haber sido manoseadas por la policía. Vimos a musulmanes, hindúes, cristianos, sijs, budistas, personas de todas las castas y clases unirse, ayudarse mutuamente y protegerse unas a otras mientras se enfrentaban a la policía. En lugar de sermonearnos o pronunciar grandes discursos, nos mostraron, nos demostraron, la posible India, la hermosa India de nuestros sueños.

Para hacer frente a este peligro, la policía soldó sus barricadas metálicas amarillas y trajo su atrezo de siempre: camiones llenos de piedras y vehículos ya dañados, con la esperanza de que pareciera que los jóvenes se habían vuelto violentos y que la policía actuaba en defensa propia. Trajeron un ejército de matones vestidos de civil armados con porras y palos. Para prepararse para la acción, la Fuerza de Acción Rápida (RAF) se quitó las placas identificativas de los uniformes. Los fieles canales de televisión de los principales medios estaban alineados, listos para difundir las mentiras. (Algunos se adelantaron y empezaron a informar de cosas que aún no habían sucedido. Las noticias en la India suelen tratar sobre el futuro, no sobre el presente.) Nada funcionó. La policía y la RAF blandieron sus lathis [varas largas de bambú] salvajemente, rompieron cabezas de niños y les fracturaron extremidades. Dispararon gas lacrimógeno. Pero los jóvenes siguieron marchando. Directamente hacia el Parlamento. Directamente hacia donde habían dicho que irían. A medida que se acercaban, las fuerzas de seguridad tomaron posiciones, con sus AK-47 apuntando a los estudiantes desarmados. Aun así, las “Cucarachas” siguieron marchando. Y mientras marchaban, arrancaron cualquier vestigio del guante de terciopelo que enmascara el puño de hierro del Gobierno y dejaron al descubierto al régimen actual tal y como es y como siempre ha sido. Un puño de hierro fascista. Una confederación de brutos sin capacidad para comprender la historia y la diversidad del país que gobiernan. Gente que solo sabe odiar, pero que no tiene ni idea de cómo amar. Ni de pensar.

A medida que se acercaban los manifestantes, nuestro valiente y fanfarrón primer ministro fue trasladado rápidamente a un lugar seguro. Se impidió a los diputados salir del reluciente y nuevo edificio del Samvidhan Sansad, cuyo único propósito parece ser socavar la Constitución día tras día.

Al atardecer, la policía había destrozado el escenario principal del lugar de la protesta. Al caer la noche, el pueblo lo había recuperado una vez más. Cuando la policía se retiró por la noche, las “cucarachas” les dedicaron una ovación de pie. Por golpear a los niños. ¡Wah Modi ji! ¡Wah! [¡Bravo Modi! ¡Bravo!, una referencia al primer ministro que suele ser irónica]

Es una tontería esperar que de esto surja un cambio político importante. Pero descartarlo como un mero momento de euforia sería una estupidez. No es de extrañar que las agencias de noticias y los canales de televisión, con sus gritos en directo, estén que arden con chismes, insinuaciones y teorías conspirativas sobre financiación extranjera y complots de la CIA. Hablando como una orgullosa andolanjeevi (el nombre despectivo que Modi da a gente como yo), confieso que, cuando todo empezó, yo también me mostré recelosa. Me preocupaba que nos encamináramos hacia otro momento “Anna Hazare” –ese supuesto movimiento popular anticorrupción de 2011–, que, independientemente de sus intenciones iniciales, acabó regalándonos tres mandatos bajo el gobierno de un partido político que ha destruido todas las instituciones de este país, un partido que no distingue entre sí mismo como partido político y el Gobierno de la India, que no respeta ni al país ni a sus ciudadanos, y que nos ha avergonzado a nivel internacional y ha puesto a la India de rodillas.

Pero mis recelos respecto al Partido Popular de las Cucarachas se disiparon cuando vi la hostilidad de los principales medios de comunicación hacia ellos. Eso, para mí, fue la primera y más tranquilizadora señal. Me emocionó que Abhijeet Dipke fuera de una comunidad dalit, y me emocionó aún más que eso no fuera en lo que nadie se centrara. Todo cambió para mí cuando le oí decir: “Si me hubiera llamado Khalid, o si fuera musulmán, a estas alturas ya estaría en la cárcel”. Tuvo el valor de denunciar la vulgaridad de cómo funcionan realmente las cosas en la India: el hecho de que en nuestro país nada (incluida, y sobre todo, la ley) se aplica por igual a todo el mundo. Todo depende por completo de tu religión, casta, clase social, origen étnico y género. Fue una observación profunda, expresada con sencillez. El hecho de que él dijera esto públicamente, cuando incluso los políticos de la oposición se limitan a decir “comunidad minoritaria” en lugar de “musulmana” por miedo a una “reacción hindú”, me llevó a dirigirme inmediatamente a Jantar Mantar. También sabía que, cuando Dipke eligió el nombre “Khalid”, bien podría haber estado refiriéndose a Umar Khalid, el estudiante de la Universidad Jawaharlal Nehru que, junto con Sharjeel Imam y muchos otros, lleva ya casi seis años en prisión sin juicio. ¿El delito de Umar? Instó a los manifestantes a mantener la no violencia durante las protestas de 2020 contra la Ley de Enmienda de la Ciudadanía, incluso mientras Delhi se veía convulsionada por una oleada de incendios provocados, asesinatos e incendios de mezquitas instigados por matones hindúes de grupos de autodefensa bajo la mirada de una policía benévola y que, en ocasiones, participaba en los hechos. Una tras otra, las peticiones de libertad bajo fianza han sido denegadas por jueces que parecen haber perdido el valor para hacer –o incluso comprender– lo que es correcto.

Mientras las “cucarachas” marchaban y su número crecía, me sorprendí a mí mismo pensando: “Menos mal que no son en su mayoría musulmanes, ni sijs, ni cristianos, ni adivasi. Habrían sido aplastados, asesinados, abatidos a tiros, encarcelados. Gracias a Dios que no son cachemires. Podrían haber quedado ciegos (aunque algunos sí sufrieron heridas causadas por perdigones)”. Menos mal que son en su mayoría hindúes. Así de triste es este momento en la India. Sin embargo, las cosas podrían cambiar en un instante. Nos encontramos en lo que llaman una “situación en evolución”. Llegan informes de que miles de efectivos paramilitares están siendo trasladados en avión desde otros estados. No sabemos qué nos depararán los próximos días.

¿En qué situación nos deja todo esto? A diferencia del movimiento de Anna Hazare, que contó con semanas de cobertura frenética e ininterrumpida las 24 horas del día, los siete días de la semana, en cientos de canales de televisión histéricos y propiedad de grandes corporaciones, el Partido Popular de las Cucarachas solo puede contar consigo mismo e Internet. A diferencia del movimiento de Anna, que había sido infiltrado y tomado por el Rashtriya Swayamsevak Sangh, con el BJP liderado por Modi apostado a las puertas, totalmente preparado para sacar partido electoral del frenesí generado por la televisión, los “cucarachas” no tienen partidos de oposición organizados esperando entre bastidores, listos para llevar las cosas más allá. La ira espontánea que estamos presenciando se disipará a menos que comience un verdadero trabajo político. A menos que los adultos y los partidos de la oposición dejen de lado sus maniobras políticas y sus disputas mezquinas y muestren algo de solidaridad. El Gobierno sabe que esto es poco probable. Se mantiene impasible porque considera que lo único que tiene que hacer es esperar. Los Estados tienen el poder de esperar. La gente, no.

En este momento, el levantamiento de las “cucarachas” es una de las varias protestas que tienen lugar por toda la India. Los adivasis de Madhya Pradesh protestan contra el proyecto de conexión de los ríos Ken y Betwa. Los habitantes de las aldeas de Uttarakhand protestan contra la tala masiva de árboles. La gente protesta contra la profanación medioambiental de las islas Nicobar Mayores. Manipur está en ebullición. Los puestos de trabajo están desapareciendo. Los precios se disparan. La furia va en aumento. Y el juego del “Dios” del BJP y el RSS está quedando al descubierto como lo que siempre ha sido: un engaño. Una fiebre del oro impulsada por gánsteres. El saqueo del templo de Ram en Ayodhya nos ha proporcionado un pésimo guion de Bollywood que se está desarrollando ante nuestros ojos: elegantes gurús y políticos corruptos construyendo hoteles, acumulando propiedades inmobiliarias, circulando en todoterrenos, enriqueciéndose a costa de la fe de los pobres y los incautos. Los tentáculos de la corrupción y el robo a plena luz del día se extienden hasta lo más alto.

¿Podrá la “energía de las cucarachas” sacarnos de este pozo? No es fácil. Un rápido vistazo a los resultados de los movimientos populares en la India no es alentador. Es una historia resumida de ambiciones menguantes y sueños rotos. En los años sesenta y setenta, diversos movimientos –incluida la rebelión armada de los naxalitas– exigieron la redistribución de la riqueza y la tierra a los labradores. Fueron aplastados. En los años ochenta y noventa, movimientos sociales –entre los que destacan el Narmada Bachao Andolan y, más tarde, los maoístas en Andhra Pradesh, Chhattisgarh y Jharkhand– lucharon contra el desplazamiento de los agricultores y las tribus indígenas de sus tierras. En otras palabras, pedían que no se les arrebatara lo poco que aún les quedaba a los pobres. También fueron aplastados. En la década de 2000, se habían visto reducidos a estar agradecidos por la Ley Nacional de Garantía de Empleo Rural (NREGA). El derecho a tres meses de empleo con el salario mínimo –una cantidad que equivale al precio de una buena comida en un restaurante caro de la ciudad–. Eso también lo ha dejado de lado este régimen, que lo ha sustituido por raciones de supervivencia –bolsas de provisiones con la cara de Modi en ellas– arrojadas con desdén a la gente, como limosnas a mendigos desde coches en marcha, a cambio de gratitud y votos. A medida que la economía se hunde, incluso esto está en peligro.

Hoy, en 2026, nos hemos visto reducidos a luchar por nuestro derecho al voto y nuestra ciudadanía. La Ley de Enmienda de la Ciudadanía (CAA), junto con el Registro Nacional de Ciudadanía (NRC), es la versión del “Hindu Rashtra” [nación hindú] de las Leyes de Nuremberg de 1935 de la Alemania nazi, mediante las cuales el Tercer Reich concedía la ciudadanía a los alemanes en función de sus “documentos de ascendencia”. (¿Cuántos en la India tienen esos documentos?) El movimiento contra la CAA y el NRC se desvaneció después de que las protestas masivas provocaran el asesinato de manifestantes y el encarcelamiento de activistas. Sin embargo, las protestas hicieron que el Gobierno ralentizara la aplicación de esas nuevas leyes. Pero ahora, la CAA y el NRC –que muchos creían acertadamente que estaban dirigidos principalmente contra los musulmanes– han regresado, disfrazados como la SIR (Revisión Intensiva Especial) de los censos electorales. Se nos ha informado de pasada de que ni siquiera nuestros pasaportes son prueba de ciudadanía. Millones de personas están siendo eliminadas de los censos electorales. Todo el país busca desesperadamente los “documentos heredados”. No sabemos en qué situación nos encontramos. ¿Somos legítimos? ¿Ilegítimos? ¿Tenemos derechos? ¿Quiénes de nosotros acabarán en esos enormes centros de detención que se están construyendo para los “ciudadanos dudosos”? ¿Pasaremos nuestros días corriendo de un tribunal a otro? A los fascistas les encanta el caos y la confusión.

Nuestro pánico y nuestra angustia pueden llevarnos a depositar demasiadas esperanzas en el levantamiento de las “cucarachas”. Algunos ya lo han comparado con los levantamientos juveniles que provocaron cambios de régimen en Bangladés, Nepal y Sri Lanka. Pero la India es un país demasiado extenso para que eso ocurra. Otros lo comparan con el movimiento liderado por Jayaprakash Narayan que derrocó a Indira Gandhi en 1977. Estas comparaciones no sirven de nada.

El Partido Popular de las Cucarachas no es ninguna de esas cosas. Es algo en sí mismo. Un producto único de su época. Se trata de jóvenes vulnerables que se enfrentan a un Gobierno despiadado y vengativo que ha demostrado ser implacable con quienes se le oponen. Sin duda, se está planeando una venganza que recaerá sobre quienes se consideren los principales instigadores.

Continúa la protesta del Partido Janata de las Cucarachas mientras se restablece la iluminación en el recinto de Jantar Mantar.
Continúa la protesta del Partido Janata de las Cucarachas mientras se restablece la iluminación en el recinto de Jantar Mantar.

¿Cómo es posible que un régimen que, claramente, se está volviendo enormemente impopular tenga la confianza suficiente para no hacer ninguna concesión a las personas que le votaron? Probablemente porque considera que ha sabido manipular con éxito el sistema electoral. Se ha apoderado de la maquinaria. La Comisión Electoral adolece de defectos en su propia composición y ya no se puede confiar en su neutralidad. Las máquinas de votación electrónica (EVM) han sido manipuladas; los censos electorales excluyen ahora a millones de personas reales e incluyen millones de nombres fantasma; la burocracia que supervisa las elecciones se ha mostrado totalmente cómplice; se puede contar con que los tribunales retrasen o hagan la vista gorda ante las irregularidades flagrantes; la policía no tiene ni idea de lo que es la neutralidad; y la prensa se doblega cada vez que alguien en el poder le chasquea los dedos. Las circunscripciones van a ser rediseñadas para garantizar que el BJP siempre salga ganando. ¿Qué tiene que temer el partido gobernante? ¿Por qué debería escuchar a nadie? Es el partido político más rico del planeta, respaldado por los industriales más ricos del mundo. Puede comprar cualquier cosa. Y a cualquiera. O al menos eso cree.

Pero, ¿puede durar este juego para siempre? ¿Se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo? ¿Se puede arrastrar para siempre como a un cadáver a un país con una población de mil quinientos millones de habitantes? No se puede. Las cucarachas están por todas partes.

Los agricultores han comenzado a marchar hacia Delhi una vez más, esta vez para protestar contra el acuerdo comercial entre la India y EE. UU., la sentencia de muerte que el Gobierno de la India ha acordado firmar servilmente en su nombre.

Trabajadores del movimiento 'Desh Bachao Morcha' realizan una marcha en motocicleta contra el propuesto acuerdo comercial entre India y Estados Unidos y los Tratados de Libre Comercio.
Trabajadores del movimiento ‘Desh Bachao Morcha’ realizan una marcha en motocicleta contra el propuesto acuerdo comercial entre India y Estados Unidos y los Tratados de Libre Comercio.

Se han cerrado las fronteras de la ciudad, pero es poco probable que eso los detenga. Quizá el resto de nosotros podamos aprender de nuestros agricultores y de nuestras cucarachas cómo volvernos un poco peligrosos. Los jóvenes nos han hecho un regalo. Depende de todos nosotros, de cada uno de nosotros, hacer que lo que han hecho tenga importancia.

Una vez que un primer ministro huye físicamente, no tardará mucho en tener que huir políticamente.

Pero este régimen no se irá fácilmente. No tolerará ser humillado en las calles de la capital. Es probable que veamos sangre. Los ánimos de los jóvenes se están caldeando. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que alguien de esa multitud juvenil y exaltada pierda los estribos y le dé a la policía una excusa para abrir fuego? Harán todo lo que puedan para doblegarnos. Debemos hacer todo lo que podamos para detenerlos.

Fuente: Ctxt

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