
Coordinador de Culturas en El Salto.
Las protestas protagonizan la semana previa a la apertura de la 61ª edición de la Bienal de Venecia, uno de los encuentros artísticos más importantes del mundo
El viernes 8 de mayo, en la feria de arte Bienal de Venecia ocurrirá algo que no ha sucedido nunca desde la inauguración de este encuentro mundial en 1895. La 61ª edición del evento, que abre al público el sábado 9, vivirá una huelga de trabajadores y artistas en protesta por la presencia del pabellón de Israel.

“La huelga es un rechazo colectivo a la normalización del genocidio en la cultura y a las precarias condiciones laborales sobre las que se sostiene la Bienal”, justifican desde el colectivo Art Not Genocide Alliance (ANGA), una de las organizaciones convocantes de la huelga, junto a sindicatos italianos como Associazione Difesa Lavoratori (ADL Cobas), Unione Sindacale di Base (USB) y Confederazione Unitaria di Base (CUB).
ANGA anima a los artistas, comisarios y trabajadores a cerrar sus pabellones y espacios expositivos durante 24 horas y explica el doble motivo de la huelga: “La huelga rechaza la normalización de la presencia de Israel en los espacios culturales y las economías del genocidio, al tiempo que denuncia las precarias condiciones laborales que sustentan la Bienal, que reflejan la inseguridad generalizada que sufren los trabajadores culturales y la consiguiente falta de capacidad de acción para reivindicar sus derechos. Ningún artista ni trabajador cultural debería verse obligado a compartir plataforma con un Estado acusado de genocidio”.
Desde este colectivo, en el que participan artistas y trabajadores de la Bienal, exigen la exclusión de Israel de la feria, tanto de su propio pabellón como de la programación de otros países. ANGA recuerda que el Pabellón de Israel fue clausurado en 2024, debido a la presión ejercida, y permanece cerrada su sede histórica en los jardines de la Bienal. La organización del encuentro ofreció a Israel una sede alternativa para la presente edición, en la que participan delegaciones de un centenar de países, algo que, para ANGA, “no es una decisión administrativa neutral, sino un apoyo institucional activo a un Estado que comete genocidio”.
El 17 de marzo, ANGA entregó una carta a la Bienal de Venecia en la que exigía la exclusión inmediata del Pabellón de Israel. Dicha carta cuenta ya con 236 firmantes, entre los que se incluyen 18 delegaciones nacionales completas, 113 artistas, 38 comisarios y 85 trabajadores del sector artístico. Entre los nombres propios que han firmado aparecen los artistas internacionales Alfredo Jaar, Brian Eno, Lubaina Himid, Yto Barrada, Cauleen Smith, Rosana Paulino, Gala Porras-Kim, Kemang Wa Lehulere, Sophia Al-Maria, Tabita Rezair o Nina Katchadourian, y los comisarios Rasha Salti y Gabe Beckhurst Feijoo, ambos parte del equipo curatorial de la exposición principal In Minor Keys. El colectivo asegura que la Bienal no ha respondido a la misiva y recuerda que, en 2024, la organización hizo caso omiso a la carta abierta con más de 24.000 firmas que solicitaba la retirada definitiva del pabellón de Israel, no solo su cierre. “La Bienal sigue demostrando que considera insignificantes las preocupaciones de los artistas, curadores y trabajadores que la hacen posible”, lamentan desde ANGA.
La artista catalana Paula Artés ha viajado por su cuenta a Venecia para visitar la Bienal y apoyar a algunos colegas que exponen en la muestra.

Ella conocía que el colectivo ANGA estaba tramando movimientos para denunciar el genocidio y quería estar presente en las acciones que se van a llevar a cabo. El miércoles participó en la manifestación que se celebró desde el pabellón de Israel, que consiguieron cerrar, hasta el de Italia. “Estaba muy bien organizado, hubo bastante gente y salió todo bien”, valora Artés, quien destaca que en la concentración había muchos trabajadores de la Bienal, artistas, comisarios y también gente como ella, artistas visitantes que, a título personal, han querido apoyar las protestas.
Durante su estancia en la Bienal estos días, Artés ha detectado contradicciones propias y ajenas —“hay momentos un poco surrealistas, es duro ver a gente a la que parece que le importa una mierda lo que Israel ha hecho en Gaza y van a dormir tranquilísimos”— y, aunque considera una “putada” que haya una huelga en la víspera de la apertura de la Bienal, tiene claro que “cuando nos organizamos, la fuerza tiene un sentido y las cosas pueden cambiar” y que “más putada es el genocidio en Gaza”.
Esta artista, que dedica su obra a visualizar y cuestionar los espacios ocultos de poder, también ha podido comprobar que en la Bienal de 2026 hay bastantes obras que hablan “muy directamente” sobre Gaza.

“Aunque la organización haya dejado participar a Israel, dentro hay unos caballos de Troya maravillosos”, concluye.
Fuente: El Salto

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