
Por Diego Delgado
Entre Guadalajara y un pueblito de la Cuenca vaciada. Estudió Periodismo y Antropología, forma parte de la redacción de CTXT.
Tras más de dos semanas de huelga indefinida, la violencia y la dejación de funciones está siendo gasolina para el colectivo docente, que sigue movilizado y no piensa aflojar.

El pasado miércoles, 28 de octubre, se cumplieron dos semanas desde el inicio de la huelga indefinida en la educación no universitaria de la Comunidad de Madrid.

El paro, que arrancó con un seguimiento muy notable cifrado por los sindicatos convocantes en un 70 % del profesorado –44,6 %, según la Consejería de Educación–, resiste con buena salud: la tercera semana se inauguró con un 45 % de seguimiento, que asciende hasta el 60 % en los distritos del sur de la Comunidad, donde se concentran aquellos centros educativos más afectados por la falta de recursos.
Cualquiera que se asome a una manifestación, marcha o acto complementario a la huelga –o a los vídeos que documentan estos eventos– podrá comprobar que los cánticos que reivindican mejoras en las condiciones laborales están acompañados por otros, también muy presentes. Consignas que se pronuncian con más fiereza, si cabe: “¡No se pega!, ¡no se pega!”, “Zarzalejo, siéntate” [por Mercedes Zarzalejo, consejera de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid], “Antes de pegar, al rincón de pensar” o “Zarzalejo, negocia con la pública”. Cuentan una historia de violencia y silencio por parte de la Administración.
El siguiente paso: judicializar la falta de respuesta institucional
Por un lado, palos y detenciones; por el otro, desprecio y dejación de funciones. Sin embargo, “a nivel de ánimos, el índice de ilusión del colectivo docente es fuerte”, asegura Jose Lacasti, profesor de Secundaria y miembro de la asamblea de docentes Menos Lectivas. “Estamos enrabietadas y queremos encauzar esa rabia en seguir luchando, hay mucho ánimo”, coincide Eva Torres, maestra de Pedagogía Terapéutica y también partícipe de Menos Lectivas. Esta organización, que lleva ya más de tres años tratando de vertebrar el descontento que bulle en quienes se enfrentan cada día a las consecuencias de un Gobierno autonómico que ha perdido todas las reservas en lo que a desmantelar la educación pública se refiere, es una de las grandes protagonistas de la huelga.
Lacasti ofrece a CTXT unas pinceladas de su funcionamiento y de las previsiones a medio plazo: “Todos los viernes celebramos una asamblea general con todos y todas las docentes para proyectar lo que vamos a hacer la semana siguiente. Una de las cosas que más se están escuchando es que, hasta el 11 de noviembre, vamos a seguir incrementando la presión”. Por su parte, Torres, mira un poco más allá, hasta el 29N, ya que considera que las elecciones están siendo “un palo en la rueda importante” en tanto que “ni las administraciones ni los partidos van a mover ficha con nosotras” durante la campaña. Cuando esta termine, arrancará lo que ella ve como “la segunda parte de esta huelga”.
En lo más inmediato, se ha tomado la decisión de judicializar la no-respuesta por parte de la Consejería de Educación. “Vamos a denunciar el que no quieran sentarse, porque según la legislación tienen que reunirse con el Comité de Huelga y no lo están haciendo”, revela Lacasti. “Va a ser el siguiente paso, y va a ser ya”.
El pasado 26 de octubre, el Comité de Huelga –que agrupa a todas las organizaciones convocantes– presentó un requerimiento formal, dirigido a Zarzalejo, “para exigir la convocatoria urgente de una negociación real y efectiva”. En ese momento ya habían transcurrido doce días desde el inicio de la huelga, en los que las respuestas de la consejera del Ejecutivo de Díaz Ayuso se habían limitado a calificar las peticiones del profesorado de “irrealizables” y de amenaza que puede llevar a la “quiebra total del sistema”. Además, el PP madrileño ha vetado la comparecencia del Comité de Huelga en la comisión de educación de la Asamblea de Madrid, que iba a tener lugar el día 3 de noviembre. Esta maniobra “atenta directamente contra la libertad de expresión, reunión, manifestación y huelga, puesto que establece un veto directo a la participación ciudadana en la sede autonómica”, denuncian las organizaciones en una nota de prensa.
La violencia policial ha avivado la llama
Todo lo que falta de escucha, de negociación, sobra de porras y brutalidad policial. Ya el primer día de huelga, durante un piquete informativo en Ciudad Universitaria, agentes de la Policía Nacional cargaron contra manifestantes en actitud de protesta pacífica. La asociación UCM por la Pública habla de una intervención “salvaje e indiscriminada” que se saldó con ocho personas heridas, entre ellas una con la cabeza abierta y otra con un brazo roto por protegerse de un porrazo que se dirigía, también, a su cabeza. Visto desde la perspectiva que dan más de dos semanas de violencia constante, aquel 14 de octubre puede entenderse como una declaración de intenciones.
La represión, que se ejerce para provocar miedo e inmovilismo, está funcionando exactamente en la otra dirección. Así lo percibe Eva Torres: “Que algunas personas estén sufriendo en su propio cuerpo la violencia policial está generando una respuesta a nivel colectivo. Hay mucha indignación y eso está provocando más movimiento, genera más redes a la hora de tomar acción”. Torres, cuya actividad se enmarca en el Corredor del Henares, cuenta que, a raíz de un caso de abuso policial en Torrejón de Ardoz se han acercado docentes que antes no estaban movilizados para ofrecer apoyo; “no solo poniéndose la camiseta los miércoles, también quieren poner el cuerpo”, remata.
A nadie le apetece recibir un porrazo ni ser detenido por pedir mejoras en sus condiciones de trabajo –y de vida–, quizá por eso Jose Lacasti se muestra “muy sorprendido” con la reacción que está provocando la brutalidad policial en sus compañeros y compañeras de gremio. “Todas estas agresiones que hemos sufrido han hecho que varios de los y las profes que yo no esperaba que fueran a secundar la huelga, o que preveía que lo hicieran solo al principio, estén más fuertes incluso que quienes tenemos una trayectoria más política. Lo estoy viviendo con muchísima ilusión porque no me lo esperaba”, afirma exultante.
La magnitud de la violencia también ha provocado que la opinión pública ponga sus ojos en la huelga. Sus ojos y su empatía. Tanto es así que Lacasti reconoce que “es la primera vez en mucho tiempo que nos estamos sintiendo acogidos por la sociedad”.
Más allá de la huelga
Con el 11N y el 29N como principales hitos temporales a la vista, Eva Torres y Jose Lacasti coinciden en que lo fundamental está ocurriendo bajo la superficie. Desde su rol como maestra de Pedagogía Terapéutica, especialidad dedicada a atender a alumnado que requiere algún tipo de apoyo extra –necesidades educativas especiales, dificultades en el aprendizaje, etc.–, Torres vive con especial intensidad las consecuencias del abandono institucional. Una de las más dañinas es el aislamiento y el individualismo al que empuja, paso previo a la desmovilización. La huelga está operando también en esas capas: “Antes parecía que era todo más individual. En mi caso, en mi centro estaba sola y me juntaba con otras personas que también estaban solas en sus centros; pero a raíz de Menos Lectivas y a raíz de la huelga indefinida, se han creado unos lazos que pueden ser muy positivos de cara al futuro, a seguir tejiendo redes con otros centros”, sostiene.
Lacasti asegura que las organizaciones que están participando de la huelga indefinida son conscientes de que esta lucha resulta en un “cansancio mental, físico y emocional que es complicado de levantar”. Por ello, desde Menos Lectivas llevan tres años construyendo “una estructura sólida de conciencia que no solo sea un tema emocional o de indignación”, y toda esta movilización está reforzando ese trabajo. “Se nos va a quedar mucha gente en el camino y sabemos de la dificultad de conseguir todo lo que pedimos, pero sí queremos que se sienten a negociar. Esa es nuestra premisa ahora: que se sienten y nos escuchen”, concluye.
Fuente: Ctxt

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