
Por Àngel Ferrero
Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.
Los resultados electorales en Sajonia-Anhalt anticiparon la sintonía de la actual Alianza por la Justicia Social y la Razón Económica con Alternativa por Alemania. Las fotos de una cena conjunta entre políticos de ambos partidos lo han confirmado.

En apenas dos años, la escisión de La Izquierda liderada por Sahra Wagenknecht no sólo no ha logrado su objetivo de hacer pie en el sistema de partidos alemán, sino que corre el serio riesgo de desintegrarse.

Lejos quedan los días en los que la entonces Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) –hoy reconvertida en Alianza por la Justicia Social y la Razón Económica– conseguía porcentajes de dos dígitos en algunos estados federados de Alemania oriental en las elecciones europeas y en las encuestas de intención de voto.
El proyecto de crear algo así como el equivalente alemán al Smer-SD eslovaco —un partido progresista en lo económico, conservador en sus valores morales y favorable a restringir la inmigración— podría saldarse en fracaso y encontrarse más pronto que tarde ante un camino que se bifurca en dos opciones. Y las dos llevan a dos callejones sin salida.
Apenas ha cambiado nada desde las recientes elecciones en Berlín: los sondeos siguen dejando a BSW fuera del Bundestag, en los estados federados de la antigua República Democrática Alemana (RDA), donde tan buenos resultados había obtenido anteriormente, sus porcentajes de intención de voto se mantienen en torno al umbral del 5%, en el que podría entrar o quedarse fuera por la mínima, y en los occidentales todavía se alejan más de esa cifra (3%).

BSW ya no forma parte además de ninguno de los gobiernos en los que entró: la llamada ‘coalición mora’ (Brombeerkoalition) en el estado de Brandeburgo entre conservadores, socialdemócratas y BSW ha dejado paso a una Gran Coalición y el partido en el estado de Turingia ha terminando implosionando por tensiones internas –que antes también hubo en Brandeburgo– y provocando una escisión, Thüringen Gerecht (Turingia Justa), que sigue en el ejecutivo de coalición con socialdemócratas y conservadores al negarse a abandonarlo, como le demandaba la cúpula de la formación.
La decisión, anunciada en plena campaña electoral, de abstenerse en la votación de Ulrich Siegmund, el candidato de Alternativa para Alemania (AfD), como presidente de Sajonia-Anhalt, pero más todavía su voto a favor de Tobias Rausch como presidente del parlamento de ese estado federado, ha desplazado definitivamente el eje del partido, apartándolo de los temas que lo pusieron en la rampa de lanzamiento en sus comienzos –la idea de una nueva arquitectura de seguridad europea que redujese las tensiones con Rusia y una batería de reformas económicas en favor de las clases medias y trabajadoras que solidificase un bloque político estable–, y podría según algunas voces llegar a desencadenar una escisión a escala federal.
¿Hacia una escisión de la escisión?
Los sucesos que han seguido a la elección de Rausch –que la dirección del partido no ha desautorizado y a los que parece incluso haber animado– subrayan la percepción de que BSW se ha metido en camisa de once varas. La revista Compact, próxima a AfD, ha abierto unos estudios de televisión digital en Magdeburgo, la capital de Sajonia-Anhalt, coincidiendo con la victoria del partido ultra en las elecciones. El 8 de octubre envió invitaciones a su inauguración a los veinte diputados de AfD y a los cinco de BSW: todos aceptaron.
El redactor jefe de la publicación, Jürgen Elsässer, celebró con júbilo “el encuentro histórico”, y la revista publicó en su cuenta de Instagram fotografías de la cena que siguió a la inauguración, sobre la que comentó que permitió “conocerse personalmente, pero en pequeños grupos también debatir cuestiones estratégicas”. En un vídeo publicado por Compact aparece Rausch comentando con las siguientes palabras la distribución del tiempo de discurso entre AfD y BSW en el próximo pleno: “Sería algo bueno para vosotros y sería algo bueno para nosotros, y es importante que esté todo el mundo, que la votación salga adelante […] En ocasiones es así: hay que marchar por separado y golpear juntos para tener éxito, y pienso que si seguimos así, funcionará.”
El escándalo no tardó en seguir a la reunión, aunque la vicepresidenta del grupo parlamentario en Sajonia-Anhalt, Claudia Wittig, tratase de quitarle hierro al asunto (“Personas con opiniones políticas diferentes pueden sentarse a comer y beber una copa de vino en una misma mesa”, escribió en su cuenta personal en la red social X). Si BSW quería distanciarse de teorías de la herradura, ha conseguido todo lo contrario. Lo ocurrido ha obligado incluso a Sahra Wagenknecht a pronunciarse y desautorizar al partido en Sajonia-Anhalt, afirmando en declaraciones a Der Spiegel que una cena así “está fuera de lugar”.
Como quiera que fue la propia Wagenknecht quien animó a romper el cordón sanitario y llegar a acuerdos puntuales con la formación de extrema derecha, la imagen que transmite BSW es de haber perdido el control sobre su propia estrategia y sobre su propio discurso. Representantes de esta formación como Fabio De Masi –cuyo abuelo italiano combatió como partisano contra Mussolini– o Sevim Dağdelen –hija de trabajadores inmigrados de Turquía y Kurdistán– hicieron pública su incomodidad.
“AfD es mi adversario político”, aseguró De Masi desde las redes sociales al añadir que de una reunión así “no habría de surgir la impresión de camadería o una asociación privilegiada”. Christian Leye, vicepresidente de BSW, declaró que “si alguien quiere desplazar el curso de BSW hacia una relación de camaradería con AfD debería haber un debate abierto y honesto, y entonces el partido puede unirse a él”. Dağdelen fue más allá que los anteriores y aseguró que la tendencia de BSW no hace más que reforzar a la ultraderecha transatlántica y arriesgar la existencia del propio partido.
Para Dağdelen, AfD defiende un “nacionalismo étnico, que convierte el origen étnico y la exclusividad cultural en el núcleo de la pertenencia política”, así como “el desmantelamiento del Estado del bienestar, la lealtad a la OTAN, los envíos de armas a Israel y un rearme a gran escala”. Más lejos aún fue Klaus Ernst, quien llegó a amenazar con su salida de BSW si el partido no aclaraba su relación con AfD: “El giro gradual hacia la derecha de la línea política del BSW es inaceptable y contradice el consenso fundacional del partido”, dijo al Augsburger Allgemeinen, “como muchos otros miembros con un pasado sindicalista me pregunto si estoy todavía en el partido adecuado”.
“El partido por la paz”
Un ejemplo de a lo que se refería Dağdelen es la moción conjunta de AfD y BSW titulada “Conversaciones de paz en vez de una escalada de la guerra en Ucrania”. Según informan los medios, BSW había planteado inicialmente la inclusión de Gaza e Irán en la moción, una propuesta rechazada por AfD por sus simpatías hacia los gobiernos estadounidense e israelí. La empresa de armamento israelí Elbit Systems –que fabrica drones kamikaze, sistemas de lanzamiento de proyectiles y munición y de la que se dice que suministra el 85% de los drones empleados por el ejército israelí– ha elegido Sangerhausen (Sajonia-Anhalt) como uno de los ocho emplazamientos de sus futuras factorías en Alemania. AfD está a favor de su construcción y los israelíes no tienen ningún problema con el partido de ultraderecha. Irónicamente, teniendo en cuenta las muestras de simpatías públicas de AfD hacia Rusia, Elbit Systems también ha participado en operaciones para hacer llegar vehículos militares al ejército ucraniano y cooperado con empresas de defensa checas para la fabricación de drones para Ucrania.
Como ha escrito el diario junge Welt, puede que BSW tenga el voto decisivo en el parlamento de Sajonia-Anhalt, pero eso no se ha traducido en un control de AfD, como afirma atrevidamente BSW, sino que, más bien, “proporciona una cobertura social a un partido liberal en lo económico y en parte fascista, permitiéndole presentarse con una moción ante todo simbólica –las sanciones a Rusia y la ayuda a Ucrania se deciden a nivel federal– como ‘partido por la paz’.” En declaraciones a Compact, Rausch mostró sus preferencias en materia de política internacional al manifestar que “primero invitaría al embajador estadounidense”, después al israelí y en tercer lugar al ruso, por ese orden.
“Fundada como alternativa a ‘Alternativa’, BSW se demuestra cada vez más como un puente hacia la misma”, criticaba junge Welt, “y mientras algunos miembros de BSW aún se sienten halagados por el abrazo de la AfD y su entorno mediático, ni siquiera se dan cuenta de que, con ello, les están cortando el paso, porque la AfD prefiere apostar por gobernar en el bloque ciudadano reaccionario junto con los desertores de la CDU”, como ocurrió con la votación de Rausch como presidente del parlamento de Sajonia-Anhalt, que contó con cuatro votos más que la suma de los 39 escaños de AfD y los cinco de BSW, con toda probabilidad procedentes de la Unión Demócrata Cristiana (CDU).
Guido Heuer, diputado de esta formación en el parlamento de Sajonia-Anhalt, defendió días atrás en el Welt am Sonntag una cooperación puntual con AfD con “líneas rojas”, aunque rechazó cerrar una coalición con ella. “Nos hemos enmurallado a nosotros mismos alzando un muro contra AfD”, lamentaba Heuer, que, a la vista de lo ocurrido, no está sólo en su partido.
Escribiendo tiempo atrás sobre BSW, un agudo comentarista ruso alertaba de que “lo opuesto al romanticismo del ‘populismo alternativo’ deviene, de repente, en la racionalización del desabrido ‘populismo pragmático’.” Al final, el supuesto pragmatismo ha acabado comprometiendo los objetivos iniciales de este partido y puede que sea, incluso, el principio de su fin. Curiosamente, una de las advertencias de Oskar Lafontaine cuando todavía era dirigente de La Izquierda (Die Linke), que, a diferencia de BSW –de la que también forma parte–, experimenta una fase de crecimiento.
Fuente: El Salto

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